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Friday, September 18, 2026

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Las claves del nuevo Sevilla

El acierto de la dirección deportiva, la madurez de los jóvenes y la mano de Luis García Plaza disparan a un equipo que firma su mejor inicio en nueve años

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El triunfo en Riazor ante el Deportivo de La Coruña reconfirmó el lavado de cara radical que ha experimentado el Sevilla. Cuatro victorias, un empate y una derrota colocan a los hispalenses en la zona noble de LaLiga. De hecho, sus 13 puntos de 18 posibles suponen su mejor arranque desde la temporada 2017-18, cuando en el Ramón Sánchez-Pizjuán estaban acostumbrados a escuchar el himno de la Champions League. Toda esta metamorfosis no es fruto de la casualidad, sino la consecuencia directa de una serie de pilares estratégicos sobre los que se levanta este nuevo proyecto nervionense. El empaque colectivo se traduce en un grupo que transmite alma y ha sido capaz de desenvolverse con creces en diferentes escenarios. Unos cimientos que le permiten reconstruir de cara a futuro, pero también disponer de argumentos como para competir en el presente. Uno de los grandes motivos del crecimiento del Sevilla es recuperar su seña de identidad. El equipo ha interiorizado los automatismos de Luis García Plaza, armándose como un bloque inteligente en la presión alta y tremendamente vertical tras robo. El cuadro blanquirrojo lidera el campeonato en duelos ganados (342, superando por 20 al segundo), duelos aéreos ganados (97) y balones recuperados (306). Una propuesta sin alardes y efectiva. Figura entre los que menos pases dan, pero es el segundo que más balones largos realiza, solo por detrás de Osasuna. Este Sevilla se ha convertido en uno de los rivales más incómodos de Primera División. Su consigna es muy clara: minimizar errores en campo propio, reducir los tiempos de elaboración y ahogar al oponente en su salida, todo ello sostenido por un grupo de soldados que se encuentran entre los que más kilómetros recorren del torneo. Los nueve tantos a favor repartidos entre ocho goleadores distintos reflejan la fuerza del colectivo, respaldados por una mejora defensiva que ya ha conseguido dos porterías a cero en seis jornadas. El salto cualitativo de la plantilla se cimenta en la planificación de la dirección deportiva liderada por José Ignacio Navarro. La incorporación de jugadores de rendimiento inmediato y con un profundo conocimiento del fútbol español -como Juan Iglesias, Jon Guridi o Giorgi Kochorashvili- ha elevado el suelo competitivo y aporta un fondo de armario indispensable para aguantar una temporada completa a un ritmo tan vertiginoso. Por si fuera poco, la llegada de Youssouf Fofana, Félix Correia y Lucas Stassin le han otorgado al conjunto un salto de nivel diferencial, adaptándose fenomenal al estilo de juego de Luis García Plaza. El francés añade un poso de experiencia europea y una potencia física que contagia al resto, el luso se comporta de forma muy disciplinada y no da un balón por perdido, y el belga demuestra recursos suficientes como para fabricar acciones peligrosas sin necesidad de intervenir demasiado. Al margen de invertir en el presente, el club también ha querido sentar las bases del mañana firmando a futbolistas jóvenes y con proyección como Fran González, Julio Díaz, Arouna Sangante, Robbie Ure… una renovación absoluta de la plantilla que no solo ha rejuvenecido casi en cinco años su media de edad, sino que le ofrece a su entrenador mayor variedad de perfiles. Parte del éxito del Sevilla radica en su núcleo fijo. Cuatro futbolistas han disputado todos los minutos posibles en lo que va de curso: Odysseas Vlachodimos, Juan Iglesias, Gabriel Suazo y Lucien Agoumé. El portero no necesita aparecer tanto como el pasado curso y los laterales casi nunca pierden concentración atrás, siendo muy regulares en estas seis jornadas. Por su parte, el mediocentro ha dado un paso hacia adelante en cuanto a rendimiento, organización y jerarquía, destacando como uno de los mejores recuperadores de toda LaLiga. Por otro lado, la pareja de centrales compuesta por Andrés Castrín y Kike Salas ha alcanzado una madurez impropia de su edad y está demostrando que su gran recta final de campaña en la 2025-26 no fue flor de un día. Ambos se complementan a la perfección y ya han sido los principales artífices de las dos porterías a cero consecutivas, algo que el Sevilla llevaba sin conseguir más de dos años. Este Sevilla combina la solvencia de veteranos que en su mayoría no superan la treintena con el hambre de los jóvenes del filial, a los que García Plaza dio protagonismo en pretemporada. Si el año pasado la irrupción fulgurante fue Oso, en esta es Miguel Sierra. El extremo granadino, que ya ha marcado dos goles, se ha erigido en el referente ofensivo de este inicio de curso, simbolizando como nadie tanto la valentía con la pelota como el compromiso defensivo que exige el cuerpo técnico. Por último, el liderazgo de Luis García Plaza está siendo impecable. En la dirección de campo, se adapta a los contextos del partido con intervenciones decisivas y mantiene enchufada a la totalidad de la plantilla. Una prueba ejemplificante del fuerte sentido de colectividad que impregna al vestuario es la rotación en las arengas previas a los encuentros, donde hombres como Suazo, Agoumé o Castrín han tomado ya la palabra ante sus compañeros. En este nuevo Sevilla todos suman. Después de varias temporadas de incertidumbre y muchísimo sufrimiento, de momento parece que las críticas dejan paso a los aplausos. Por lo pronto, el sevillismo vuelve a disfrutar y a ilusionarse con un equipo con el que se siente representado y que, sobre todo, ha recuperado el gen competitivo y el orgullo propio.

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