Morera, el 'Ungüento amarillo' que resolvió el primer Clásico
Dos goles del canario dieron al Madrid el triunfo en la que era su primera visita en la Liga al campo del Barcelona
El término clásico nada tenía que ver con el fútbol el 17 de febrero de 1929. Ese día en Las Corts se jugó un gran partido de fútbol. Sólo, o nada más y nada menos que eso. El Real Madrid visitaba por primera vez en la Liga la casa del Barcelona. Era una rivalidad naciente entre los dos equipos de las dos ciudades más importantes del país. Aquella tarde, el programa fue doble en Las Corts. Porque antes se disputó otro partido de Primera: el Europa, con cuatro goles de Cros, ganó 5-2 al Arenas de Getxo. Acabado ese partido saltaron al campo Barcelona y Madrid, capitaneados por Samitier y Quesada, ordenados por el árbitro guipuzcoano Steinborn y aplaudidos con abundancia ambos equipos. Era solo la segunda jornada de la historia de la Liga. Ese primer enfrentamiento liguero entre culés y merengues tuvo un nombre estelar. Pero es uno de esos que con el paso de los años se ha perdido entre los recodos del tiempo. Dos goles de Rafael Morera dieron al Madrid el triunfo, que hizo pleno en los primeros cinco partidos de una Liga que tuvo al Barcelona como su primer campeón. Para encontrar los orígenes del primer bigoleador en un Clásico hay que viajar primero a Lanzarote, donde nació, y luego a un barrio de Santa Cruz de Tenerife, El Toscal, donde creció. Allí jugaba de extremo izquierdo un muchacho nacido el 12 de noviembre de 1903. Lo hacía en el Recreativo, un modesto equipo que llevaba el nombre de un parque que ya no existe. Del parque pasó al Luz y Vida y a uno de los clubes fundamentales en el desarrollo del fútbol canario: el Iberia. En septiembre de 1922, por iniciativa de unos socios de la Sociedad de Recreo, Instrucción y Fomento del Barrio del Toscal Luz y Vida, nació la entidad desde la que llegaron al Madrid los dos primeros futbolistas canarios de su historia: Paco López y Rafael Morera. Ambos llegaron a la capital de España en 1928. Eran los meses previos al inicio del primer campeonato nacional de Liga. El Madrid fichaba a un jugador que se movía como pez en el agua por la zona izquierda del ataque, fuese como interior o como extremo. Pero encontró a un futbolista capaz de desenvolverse en cualquier posición del terreno de juego. “En el Madrid batí un récord. Me alineé en todos los puestos del equipo, menos de portero. Donde figuraba más frecuentemente era de interior y extremo izquierdo; pero siempre que fuese necesario, allí estaba yo para cubrir cualquier demarcación”, comentaba años después de dejar la Casa Blanca. Eso le valió el apoyo del Ungüento amarillo, la famosa pomada que se utilizaba para curar cualquier herida en animales e incluso humanos. “Este muchacho es como el ungüento amarillo, lo mismo pinta que arregla el tejao, que guisa, que lava la ropa...”, se decía en la época. Pero también tenía su parte irónica: “Eres como el ungüento amarillo, que pa’ todo vale y pa’ nada aprovecha”. No era el caso de Morera. De su etapa en el Madrid, que siempre recordó con cariño, le quedaron tres campeonatos regionales ganados y una final de Copa cargada de historia. Fue la jugada en Mestalla el 3 de febrero de 1929, en un campo que era una enorme balsa de agua. El Espanyol ganó 2-1 al Madrid, pero si el marcador no fue más claro para los catalanes fue por algo que siempre recordó Morera: “Las espectaculares paradas de Zamora”. Eso ocurrió sólo dos semanas antes de que el Madrid apareciera en Las Corts para ganar con los dos goles de Morera. El primero, gracias a un formidable remate al ángulo de Rafael Vidal; el segundo, al aprovechar las manos blandas del meta azulgrana. Eran tres goles en las dos primeras jornadas para el canario. En el 5-1 al Europa en el estreno del Madrid en la Liga, suyo fue el tanto que se sumó a los cuatro de Lazcano. Feliz en Madrid en los casi cuatro años que fue jugador blanco, la selección nunca le llamó, aunque con la militar de Madrid viajó a Lisboa en mayo. Al estar en la lista varios jugadores blancos, se hubo de aplazar el Madrid-Barcelona de Liga, el que sería un 0-1 decisivo para el desenlace del título. En la primavera de 1932 regresó a casa. Se comprometió con el Tenerife para jugar la ronda de dieciseisavos de Copa ante el Betis. Los canarios fueron eliminados (1-1 y 4-1), pero Morera fue jugador del Tenerife durante más de una década. Con más de 40 años fue cuando decidió parar. Entre sus logros aparece la fecha del 18 de marzo de 1934. En la vuelta previa de la Copa, el Tenerife ganó 2-3 en el campo del Hércules. No valió de nada a Morera y sus compañeros, porque en la isla habían perdido 1-4. Pero esa es la primera victoria del Tenerife en una competición nacional. El 29 de abril de 1981 falleció en Tenerife.
Topics in this story
Gathered from external sources. Rights to this text belong to whoever originally published it.