Corberán, al borde del precipicio
La imagen del equipo en Sevilla tras la goleada ante el Barcelona evidencia la necesidad de una reacción inmediata
La situación de Carlos Corberán se complica todavía más tras la derrota del Valencia ante el Sevilla. El equipo encadenó su quinta jornada sin ganar y continúa instalado en el último puesto de la clasificación con un solo punto, diez goles en contra uno a favor, un balance que aumenta la presión alrededor del técnico. Si la goleada encajada el pasado fin de semana frente al Barcelona había encendido todas las alarmas, el tropiezo en el Sánchez-Pizjuán estrecha aún más el margen de reacción. El Valencia volvió a evidenciar problemas ofensivos, errores defensivos -especialmente a balón parado- y sigue sin encontrar soluciones y afronta ahora una semana clave en la que visitará al Alavés antes de recibir a la Real Sociedad, los dos últimos partidos antes del parón internacional, que se prolongará durante tres semanas. Desde el club se habían tomado esta última semana de tres partidos como examen para el entrenador y su capacidad para hacer reaccionar a un Valencia pusilánime que amplía sus récords negativos en cada jornada. Por tercera ocasión en su historia el equipo blanquinegro llega a la quinta jornada con un solo punto, pero es la primera vez que lo hace con un –9 en diferencia de goles. En 1999-2000 (3 goles a favor; 8, en contra), en 2024-25 (3GF-10 GC); y en 2026-27 (1-10) Corberán asume la responsabilidad de la situación, pero no se plantea –al menos públicamente- ningún escenario relacionado con su salida del: "Yo no puedo hablar de situaciones que no pasan. Soy uno de los responsables de revertir la situación y es mi trabajo", dijo tras el partido ante el Sevilla preguntado si negociaría una salida del Valencia. La cuestión está relacionada con una de las preguntas que se hace el valencianismo desde este verano: ¿por qué el CEO de Fútbol, Ron Gourlay, propuso una renovación de contrato hasta 2028 cuando podía haber esperado a las primeras jornadas para ver cómo funcionaba el equipo? Corberán es el primer señalado. Pero después va el ejecutivo escocés. El técnico valenciano ya logró sobrevivir a situaciones comprometidas durante las dos últimas temporadas. La pasada campaña alcanzó la jornada 7 con ocho puntos (17, en los 19 partidos de la primera vuelta) y llegó a completar una contundente reacción en la segunda parte del curso después de cerrar la primera en puestos de descenso. Esa capacidad para revertir escenarios adversos constituye hoy uno su único aval para los que desde dentro aún defienden su continuidad. Pero, el contexto actual es diferente. La derrota ante el Barcelona provocó una fuerte crítica social en Mestalla y las protestas contra la gestión del club se han intensificado en las últimas semanas. Las palabras de Rodri a Cubarsí en el banquillo de Mestalla ("son muy flojos, malísimos"), lejos de provocar una respuesta positiva, se añaden al argumentario sobre el mercado del club y la dirección del entrenador. Aunque Corberán mantiene el respaldo de la dirección deportiva y del presidente Kiat Lim, la necesidad de resultados se ha convertido en una urgencia inmediata. La imagen que ofreció el Valencia en Sevilla, especialmente en la segunda parte, no invita a creer en un giro radical. La sensación de desconexión entre lo que se ve en el terreno de juego y el banquillo es abrumadora. Y a pesar de todo, públicamente hay jugadores –veteranos y recién llegados- que expresan su apoyo sin fisuras al entrenador: "Estamos a muerte con él", dijo el capitán José Luis Gayá, que ha perdido su sitio en el once y al que el club le ofreció una renovación tan a la baja, que ni ha contestado. Pablo Maffeo fue más allá: " Me parece un gran míster y una gran. Vamos a muerte con él, es decir, es nuestro capitán del barco. Si me tengo que hundir, me hundiré con él, pero con todos mis compañeros, y yo el primero que me hundiré". El partido del martes ante el Alavés, en Mendizorroza, aparece ya como una auténtica final para un Valencia -y para Corberán- que trata de evitar que la crisis deportiva se convierta en una situación todavía más difícil de gestionar durante el largo parón liguero y cuyas consecuencias impredecibles para el futuro inmediato.
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