Otro histórico en peligro: Las Palmas, del sueño del ascenso a rozar el abismo
La crisis social, institucional y deportiva tiene a los canarios a tres puntos del descenso
Las Palmas es un histórico en peligro. El equipo canario mira al abismo. Un punto en los últimos cinco partidos. Una racha de resultados que no es fruto de la mala suerte, sino que tiene su génesis en los meses de verano. La salida de Luis García, que decidió no renovar para marcharse al Mallorca, marcó el primer punto de inflexión de una temporada que va camino de torcerse mucho antes de lo esperado. El equipo había cerrado el curso anterior a las puertas del ascenso y afrontaba una nueva campaña con la ilusión de volver a pelear por el regreso a Primera División. Luis Helguera, director deportivo, apostó entonces por Rubén de la Barrera, convencido de que su idea de fútbol encajaba con el proyecto. Sin embargo, la apuesta apenas duró nueve partidos. Su destitución no se explica únicamente por los resultados: también pesó el pulso con Helguera por la decisión de no alinear a Andrés en Mallorca y la falta de adhesión plena de una plantilla, que nunca terminó de estar al cien por cien con el entrenador. El proyecto perdió así una de sus primeras piezas sin encontrar estabilidad en el banquillo. La elección de Juan Manuel Rodríguez como técnico interino ha añadido otro foco de desconcierto. El entrenador del filial, con 14 años sin dirigir en Segunda División, ha asumido la responsabilidad de intentar enderezar el rumbo de un equipo que se ha ido alejando de sus objetivos iniciales. La decisión no ha sido bien recibida por buena parte de la afición, que cuestiona que una situación deportiva de esta dimensión se afronte con una solución provisional y sin un horizonte claro. Pero reducir la crisis a los entrenadores sería quedarse en la superficie. El problema tiene su génesis en una planificación de plantilla que ha dejado demasiados interrogantes abiertos y que ha debilitado al equipo en posiciones importantes. Las salidas de Horkas, Amatucci, Estanis, Mika Mármol y Barcia no encontraron una respuesta a la altura de las necesidades del equipo. En varios casos, las oportunidades han recaído en futbolistas que el pasado curso partían como suplentes. El caso del lateral izquierdo resulta especialmente llamativo: el club cedió a Cristian Gutiérrez en el tramo final del mercado y no incorporó a ningún sustituto. A las carencias deportivas se suma el desgaste institucional. La defensa pública del presidente, Miguel Ángel Ramírez, a la continuidad de Helguera -de quien ha asegurado en varias ocasiones que tiene renovado por cinco temporadas- ha alimentado el malestar en la grada. Una parte de la afición señala al director deportivo como uno de los principales responsables de la situación y entiende que el respaldo presidencial no se corresponde con la evolución del equipo. La crisis, por tanto, ya no se limita al césped: alcanza también a los despachos y a la relación entre el club y su entorno social. El último partido ante el Castellón fue el reflejo más visible de esa fractura. La asistencia fue muy baja y algunos aficionados comenzaron a abandonar el estadio cuando el marcador señalaba un 0-2 en el minuto 22. Los cánticos de «Ramírez, vete ya». Los silbidos al término del encuentro retrataron una grada que ha pasado de la ilusión a la desconfianza. Con Las Palmas a tres puntos del descenso, la posibilidad de caer a una zona que comprometa seriamente la permanencia ha dejado de ser una amenaza lejana. Todavía hay tiempo para reaccionar, pero el margen de error se estrecha y el entorno no invita al optimismo. La historia reciente del fútbol español ofrece suficientes advertencias: Málaga, Deportivo, Mallorca, Tenerife o Zaragoza son ejemplos de clubes históricos que han conocido el descenso y sus consecuencias. Las Palmas aún está a tiempo de evitar ese desenlace, pero necesita algo más que un cambio de entrenador: requiere recuperar el rendimiento deportivo, corregir los errores de planificación y reconstruir una confianza institucional y social que hoy parece tan dañada como los resultados.
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