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El Real Madrid desarmó al Barcelona sin necesitar el balón

Tchouaméni sostuvo el bloque con once recuperaciones y cerrando el carril central a un Pedri y un Rodri poco resolutivos

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El Barcelona recibía al Real Madrid con nueve victorias en nueve jornadas y la opción de firmar un diez de diez que habría sido récord en el campeonato español. El Clásico se le torció en una jugada que ningún guion había previsto. A los 41 minutos, un despeje de Gerard Martín rebotó en Mbappé para hacer el 0-1. Esa jugada resume una noche en la que el Barcelona hizo casi todo lo que se espera de él, salvo ganar. Tuvo el 62% de los pases, jugó 181 en el último tercio por 54 del Madrid y disparó 18 veces por 10. Pero el Clásico se definió en la manera en que el equipo de Mourinho renunció al balón para quedarse con las zonas que deciden los partidos. El Madrid se plantó en un 4-2-3-1 replegado y esperó. Sus acciones defensivas se produjeron, de media, a unos 33 metros de su portería, frente a los 46 del Barcelona. Permitió de media 17,8 pases azulgranas antes de generar una acción blanca, contra 10,2 en el caso azulgrana. Sin presionar, el Madrid defendió el área: 30 despejes, 14 intercepciones y seis tiros bloqueados por sus defensas, cuatro de ellos de Huijsen. De los 18 disparos del Barcelona, seis acabaron en un cuerpo blanco y cinco en las manos de Lunin. El Barcelona encontró pasillos pero no remates limpios. Con tanto tiempo para mirar el campo, dio 284 pases laterales, más del doble que los 132 del Madrid, y esa circulación no llegó a desordenar al bloque rival. Si el bloque tuvo un centro de gravedad, ese fue Tchouaméni. Firmó 11 recuperaciones, más que ningún otro jugador del partido (Güler y Pedri llegaron a siete), y con una intercepción y cuatro entradas ganadas sumó 16 acciones recuperadoras, seis más que el siguiente. Su territorio fue el carril central de su propio campo. Nueve de las 11 recuperaciones llegaron en campo propio, y 11 de las 30 intervenciones defensivas del Madrid en esa zona, entre recuperaciones, intercepciones y entradas, llevan su firma. Eran recuperaciones de contención. En ocho de las once, el Barcelona no volvió a tocar el balón en los doce segundos siguientes, pero ninguna acabó en tiro. Su utilidad estaba en otra parte: cortar la circulación azulgrana justo delante de Huijsen y Konaté y devolver la pelota al Madrid con un pase limpio, porque Tchouaméni acertó 44 de sus 46 pases, el 95,7%, frente al 82,8% del conjunto. Vio la amarilla al inicio de la segunda parte y no se encogió, ya que seis de sus once recuperaciones llegaron después, lo que demuestra su madurez e inteligencia para decidir cómo y cuándo actuar. Hubo un solo borrón. En el 79' perdió un balón y cinco segundos más tarde disparó De Jong y Huijsen bloqueó el remate. La otra cara del ancla es un Barcelona que movió mucho el balón por el centro y lo hizo avanzar poco. Rodri (96 pases) y Pedri (88) acumularon el 27% de los pases del equipo y fueron los dos máximos generadores de entradas al último tercio, con 19 de las 43 del Barcelona. Hasta ahí, el reparto que cabía esperar de dos centrocampistas con tanto balón. Pero les faltó verticalidad. Solo el 35,5% de los pases de Rodri y el 33,7% de los de Pedri en juego abierto ganaron terreno hacia delante, por debajo del 37,6% del Barcelona y lejos del 46,9% del Madrid. Entre los dos completaron cinco pases de más de 15 metros hacia delante. Rodri tuvo además sus minutos de ruido: cuatro pases fallados en un mismo minuto, dos de ellos seguidos de pases del Madrid al último tercio. Su acierto en juego abierto, el 87,1%, coincide con el del equipo (87,3%), así que la clave está en hacia dónde jugaba esos pases. Pedri dejó más dudas. Fue el jugador del Barcelona que más duelos perdió, tres. En el otro platillo, dio la asistencia del 1-1 y firmó diez entradas al último tercio. El resultado fue un ataque que se concentraba en el centro, donde esperaba Tchouaméni. Sin balón, el Madrid tuvo una vía de salida muy clara. Lunin jugó 15 de sus 33 pases en largo, el equipo lanzó 54 balones largos y la combinación más repetida de la noche fue Cucurella-Diomande, con 17 pases completados. Cucurella firmó 14 pases hacia delante de más de 15 metros. La longitud media de pase lo resume: 19,4 metros para el Madrid, 13,7 para el Barcelona. Ese juego directo evitó el carril central. El Madrid intentó 19 pases de entrada al último tercio por su izquierda, 18 por su derecha y solo cinco por el medio, y su principal generador de tiros fue Güler desde la banda derecha, con cinco remates y tres a puerta, aunque sus ocho centros solo encontraron destinatario una vez. Enfrente había un Barcelona reconfigurado. Cuando Espart se lesionó, Balde ocupó el lateral izquierdo y Cancelo, que había empezado por ese costado, pasó a la derecha con una posición media a unos 64 metros de su portería, junto a Yamal. Once minutos después, el 0-1 nació por Cucurella y Diomande, el lado de un Cancelo muy adelantado. El Madrid necesitó muy poco. Disparó diez veces, cinco a puerta, y convirtió dos de las cuatro ocasiones claras. Mbappé protagonizó tres de ellas y marcó dos. El Barcelona tuvo dos ocasiones claras y no marcó ninguna: Yamal mandó fuera la de los 44' y el cabezazo de Gerard Martín a los 66' que detuvo Lunin. Su gol llegó por otro camino. Un córner sacado en corto en el que Yamal, Pedri y Raphinha necesitaron tres toques. El 1-2 es el mejor ejemplo del partido que fue. Gabriel Jesus, recién entrado, perdió un duelo ante Bellingham. Diez segundos después, Mbappé marcaba tras una jugada de cuatro pases y dos regates en la que Cubarsí quedaba superado por Camavinga, que había salido siete minutos antes. Después llegó el momento de contención. El Barcelona no volvió a disparar. Tras el 1-2 sumó 56 pases por 21 del Madrid y solo 11 en el último tercio, mientras el Madrid no dio ni uno pero supo aguantar bien a un desquiciado conjunto azulgrana

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Monday, October 26, 2026

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