Diomande aprieta a Vinicius
Al otro lado del espejo
Mourinho retocó el equipo, quitándole cemento y dándole juego con un simple cambio de posiciones de dos de sus hombres clave: Valverde dejó el doble pivote para pasar al lateral y Güler ocupó el centro del tablero, con Tchouaméni, para llevar la manija. Arriba, Endrick fue extremo derecho y Diomande izquierdo. Funcionó, aunque sin excesos. El equipo tuvo mejor posicionamiento en el campo, Güler manejó bien, Diomande mejoró las últimas prestaciones de Vinicius y la banda derecha Endrick-Valverde cumplió. El premio fue una goleada que, lástima, nació con una sombra, casi diría que un pecado original. El primer gol lo marcó Güler, un tirazo soberbio a pase de Diomande, un tanto sin nada que discutir en sí mismo, pero es que no hacía mucho tiempo que el turco se había librado de un agarrón insistente de Peque con lo que a todas luces pareció un codazo en la barbilla. La transmisión no nos mostró una imagen lo bastante clara como para jurarlo por estas que son cruces, pero en la única mostrada quedó esa impresión. El árbitro ni lo vio ni tenía por qué, pues el balón no estaba ahí, y, mientras Peque hacía la escena agónica de ritual en estos casos, el VAR expurgó todas las cámaras en busca de alguna imagen que todos necesitábamos para condenar a Güler o exonerarle, pero no apareció. Todo el sistema VAR está montado sobre un castillo de naipes que con un soplido se cae. El Sevilla quedó indignado, y más se enfadó aún con el segundo gol, una obra de arte de Mbappé, porque la jugada procedía de una recuperación de Konaté con visos de falta, que de nuevo el sistema arbitral ignoró. Con ese 2-0 fuimos al descanso. En fin, fue un mal día para que la grada de animación exhibiera esa pancarta contra Tebas y Negreira (con colores blaugrana), que por cierto la transmisión tampoco mostró, regalando la exclusiva a RMTV. Los sevillistas se dejaron el enfado en el vestuario e hicieron un segundo tiempo digno, pero el Madrid se les fue aún más lejos con un penalti que admitía poca discusión, pero que no dejará de aprovechar el bando antimadridista. Aun así, consiguió descontar, pero ese 3-1 lo convirtió Diomande en el 4-1 con otro gol soberbio que vino a premiar su gran partido, con incursiones, buenos envíos largos y estupenda actitud combinativa, además de trabajo incansable para ventilar atrás. Vinicius va a tener que atarse bien los machos si Diomande repite en los próximos partidos actuaciones así. Ahora la intriga es si Mourinho seguirá por esta línea o si en el Camp Nou volverá al doble pivote. Los gritos islamófobos en el España-Egipto nos cuestan una sanción de la FIFA: multa de 20.000 dólares (17.700 euros) y cierre del 15 % del estadio para el próximo amistoso de la selección en nuestro suelo. Importante lo de amistoso, pues no afectará al España-Inglaterra del 15-N en el Metropolitano, para el que ya está todo vendido. La Federación ha recurrido, así que ya veremos. Pero sería una triste gracia que por culpa de una punta de inadaptados sociales de Cornellà la próxima ciudad que acoja un amistoso se viera afectada. El cargo de Javier Tebas casaría mejor con la discreción que con esa incontinencia adolescente que le caracteriza en el uso de las redes sociales. Donde hay una bulla envía de inmediato su mensaje para acrecentarlo, un vicio que le crea problemas innecesarios. Ahora le ha dado munición a Florentino por su equiparación fea y excesiva de RMTV con Goebbels, el mago de la propaganda del III Reich. No creo que eso le dé al CSD para sancionarle, cosa que pide el Madrid, pero lo que sí hace es desgastar su figura institucional.
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