Güler calmó los ánimos del Bernabéu
La opinión de José Vicente Hernáez
Tenía toda la pinta este partido de acabar con una goleada del Real Madrid. Al descanso se fue con tres goles de ventaja que pudieron ser incluso cuatro de entrar ese zurriagazo de Mbappé que casi rompe el poste. Por eso no se entiende lo que pasó en el segundo tiempo. No se entiende lo que hizo el Madrid, claro. Cuando el Bernabéu estaba esperando una goleada resulta que hasta sobrevoló el temor a un posible empate. Y no es ninguna exageración. Verlo para creerlo. Todo empezó con un potente disparo de Pedro Díaz al poste desde lejos. Pero a renglón seguido un error infantil de VinIcius (un pase atrás cerca del área) propició el 3-1 de Camello, que para eso lleva tantos goles como Mbappé. Y el Madrid se puso hecho un flan, hasta el punto de que el Rayo comenzó a jugar con soltura, moviendo el balón sin oposición alguna. Se veía venir otro gol. Diez minutos después tuvo que intervenir de nuevo Courtois y entonces el Bernabéu se enfadó. Con toda la razón del mundo, caramba. El Madrid parecía el mal Madrid del día del Inter, ese Madrid que veía cómo jugaba el rival y no hacía nada por impedirlo. Ni que decir tiene que el centro del campo no funcionaba. No funcionaba porque no existía. A todo esto, Valverde se había quedado en el banquillo tras el descanso. Innecesario ese cambio. Valverde no se cansa jamás de los jamases. Mourinho reaccionó tarde, pero más vale tarde que nunca. Entró Arda Güler (también Tchouameni) y el partido fue como cuando en el teatro el mago se saca un conejo de la chistera. El Bernabéu se tranquilizó por completo. Los silbidos no se convirtieron en olés porque todavía le duraba el susto en el cuerpo. Arda Güler hizo magia, en fin, como el mago ese. Hasta pudo marcar un gol, luego dio un pase magistral a Mbappé (le hicieron otro paradón también a él) y al final acabó sirviéndole el 4-1 al Pichichi del Mundial. Más le vale a Mourinho que no se constipe el turco
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