Una comparación ociosa, que no odiosa
Al otro lado del espejo
Es inevitable, sale en muchas conversaciones: ¿prefieres esta selección o la de Luis y Del Bosque? Es una comparación ociosa, más que odiosa, pero inevitable, hasta cierto punto divertida y que nos sumerge en interesantes disquisiciones futboleras. Por mi parte diré que mi devoción por aquella sigue íntegra. Elevó a España a la mesa de las grandes con ese triplete Eurocopa-Mundial-Eurocopa inolvidable, un ciclo que nos deja en el recuerdo dos partidos superlativos (ante Rusia en la Eurocopa 2008 y la final ante Italia de la Eurocopa 2012) y aquel partido bravo en Johannesburgo que nos dio el Mundial 2010 ante una Holanda que se traicionó a sí misma encanallando el juego. El equipo suave, de toque y paciencia, construido sin mirar la estatura ni el músculo, sólo talento, pasó aquella difícil prueba. Digamos que Holanda salió decidida a ganar ‘por lo civil o lo criminal’. España optó ‘por lo civil’ y lo ganó. Esta de ahora tiene una desventaja sobre aquella: llega a América después de Colón, cuando ya ha sido descubierta. Y una ventaja: presenta una evolución del sistema, mantiene la idea de protagonismo y buen trato del balón, pero le agrega profundidad y alegría. Aquella otra era a juicio de muchos demasiado premiosa, entretenía mucho el juego, miraba poco a puerta. Esta busca más y eso se agradece. La selección de Xavi e Iniesta era en ocasiones algo así como aquel cine de arte y ensayo de mi juventud, que había que seguir con máxima concentración; esta, sin llegar a ser un ‘thriller’ ni cine del Oeste, es más dinámica, más explícita. Y también gana mucho y es capaz de pasar una prueba mayúscula de antijuego como la que propuso Argentina en la final. Una ventaja a favor de esta: es más larga. Sólo veo a dos jugadores muy superiores a cualquiera que se proponga para suplirles, Rodri y Lamine, especialmente este. Quizá pronto haya que añadir a Cubarsí. Aquella tenía muchos imprescindibles, empezando por Xavi e Iniesta, el eje de la fórmula. Era un grupo de, como mucho, 14, no 20 como ahora. Y le perjudica en la comparación el recuerdo de su derrumbe, al que asistimos con dolor en Brasil 2014.
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