"Hemos dejado de ser personas para convertirnos en cosas"
Félix Pérez se negó a bajarse el sueldo en el Madrid, se pasó un año sin poder jugar y colgó las botas en 1931 en el Atlético
Félix Pérez (1901-1983) siempre fue madridista. "Yo era como Amancio", comentaba cuando acudía a su asiento del Bernabéu con su carné de socio, uno de los números más bajos del club durante muchos años. Sin embargo, su nombre figura entre los futbolistas que también vistieron la camiseta del Atlético de Madrid. Y entre los que se rebelaron en la casa madridista. El 10 de junio de 1928, en un amistoso ante el Levante (1-1), se puso por última vez la camiseta del Madrid. Poco después, Pablo Hernández Coronado, secretario del club, se reunió con quien había sido capitán del Madrid la temporada anterior para anunciarle una rebaja general de los sueldos. El suyo era de 1.500 pesetas. Félix aceptó inicialmente la medida. Jugaba sin necesidades económicas: trabajaba en Correos y su familia tenía una próspera taberna en la calle de Alcalá. Pero aquel sí se transformó en una negativa. ¿Qué había pasado? Félix Pérez se enteró de que la rebaja no afectaba a todos por igual y que la reducción del salario de unos serviría para aumentar el de otros. Era la ley del nuevo fútbol profesional. Amenazó con marcharse si no se respetaban sus 1.500 pesetas. El Madrid respondió aplicando la normativa vigente: el derecho de retención. Y así fue. Durante un año no pudo tener ficha federativa. De aquella pelea salió el fino interior madrileño herido en su relación con el fútbol, el deporte que le había enamorado desde niño. Aquel al que jugaba sin descanso en el Retiro, al otro lado del número 79 de la calle de Alcalá, donde nació, junto al negocio familiar. “¡Mucho cuidado con que salgas del Retiro!”, le repetía a diario su madre cuando cruzaba la calle para entrar al parque por la puerta de Hernani. Pasado el tiempo de castigo, a su puerta llamó el Racing de Madrid. Félix aceptó volver a jugar. Su salario: 1.500 pesetas. El 6 de octubre de 1929 regresó a Chamartín, pero vestido de rojo y negro y para imponerse por 0-2 al Madrid con el Racing. Al término de aquella temporada, el equipo de Chamberí decidió prescindir de él. “Es un gran jugador y una excelente persona, pero no entra en nuestros planes deportivos”, se explicaba desde el Racing. A finales de agosto, el Athletic de Madrid le comunicó su interés por incorporarlo a la plantilla. Tras un pequeño culebrón que se prolongó durante dos semanas, el acuerdo quedó cerrado. El 28 de septiembre, ante el Nacional (3-1) y en el Campeonato Regional Centro, Félix Pérez debutó como rojiblanco. Lo hizo marcando un gol del Finísimo, celebrado con entusiasmo por la grada. Pero aquel ya no era su fútbol. Con los atléticos jugó poco. Lo suficiente, sin embargo, para debutar en la Liga. Ocurrió el 18 de enero de 1931, en Segunda División, en una victoria por 2-3 en el campo del Betis. Un par de meses después, Félix Pérez se sentaba con Virgilio de la Pascua, periodista de La Voz. De aquella conversación destila amargura desde la primera respuesta. “Nosotros, al convertirnos al profesionalismo, hemos dejado de ser hombres para convertirnos en cosas”. Era la contestación a una sencilla introducción del periodista “Nosotros venimos para que usted nos informe acerca de la vida del futbolista” A partir de ahí, Félix Pérez encadena reflexiones que evidencian su desencanto con el rumbo que había tomado el deporte que tanto amaba. —Los futbolistas podemos dividirnos en ases y en jugadores de primera, segunda y tercera categorías. Claro que también los hay de perrera; pero, en fin, éstos son profesionales de ocasión. Entre denuncias sobre el trato de favor a las estrellas surgió inevitablemente la cuestión de la relación entre clubes y jugadores. —¿Qué pasa con los contratos? —Que hay cláusulas, como la del derecho de retención, que no existen en contrato alguno entre el género humano. Lo que le he dicho al principio: los jugadores de fútbol no somos personas, sino cosas. —¿Qué es el derecho de retención? —Pues que usted firma la ficha con un club y éste tiene derecho a retenerlo aun cuando en otro se le ofrezcan mejores condiciones. —¿Y qué pasa si el jugador, a pesar de todo, se va? —Que la Federación no aprueba su nueva ficha si antes no ha estado un año, o dos, sin jugar. —¿Y eso de los traspasos? —Que nos consideran, por ejemplo, como caballos de carreras, y un club nos puede traspasar a otro cobrando por ello una cantidad. Esto es depresivo para el jugador como hombre. —¿Qué derechos tiene un jugador lesionado? —El de que lo cure el médico del equipo. —¿Sin indemnización? —Ninguna. —¿Y en caso de inutilidad total? —¡A casa! —¿Sin cobrar nada? —Absolutamente nada. El Madrid volvió a por él, pero dijo otra vez no.
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