De las lágrimas de Blasi al arcoíris de Vollering: un Mundial histórico de supervivencia en Montreal
La española, que había avisado antes de salir de que no se encontraba bien, sufrió dos caídas y abandonó tras una montonera durísima; Vollering atacó a más de 30 kilómetros, fue cazada y terminó batiendo a Niewiadoma para conquistar el oro
El Mundial de Montreal tuvo dos caras y las dos fueron brutales. Paula Blasi acabó fuera de carrera después de irse dos veces al suelo; Demi Vollering terminó vestida de arcoíris después de atacar, ser cazada, volver a levantarse tácticamente y ganar un duelo precioso contra Katarzyna Niewiadoma. Entre una imagen y otra transcurrió una carrera de desgaste, accidentes y continuos giros de guion que terminó premiando a la gran favorita. La neerlandesa conquistó el oro mundial por delante de Niewiadoma y Elisa Longo Borghini después de 180,9 kilómetros alrededor de Montreal. Para España, el día había empezado torcido incluso antes del banderazo. Blasi reconocía minutos antes de la salida que había pasado una mala noche y que no se encontraba bien, aunque quería probarse dentro de la carrera. Llegaba como una de las principales bazas de la selección y después de haber terminado 18ª en la contrarreloj, pero Montreal no le dio siquiera la posibilidad de descubrir hasta dónde podían llevarle las piernas. La catalana sobrevivió primero a un enganchón cuando quedaban unos 110 kilómetros. Se fue al suelo, se levantó rápido y emprendió una persecución que le permitió regresar al pelotón. Parecía sólo un susto. No lo fue. Apenas unos kilómetros más tarde llegó el golpe definitivo. Una caída multitudinaria partió el pelotón y Blasi volvió a quedar en el asfalto, esta vez durante varios minutos. La imagen hizo temer algo más serio. Consiguió finalmente incorporarse e incluso apareció de nuevo subida a la bicicleta, pero la carrera había terminado para ella. A 90 kilómetros de meta se confirmó su abandono. El Mundial que había preparado durante meses se acababa prácticamente en un instante. La montonera también dejó consecuencias mucho más graves en otras corredoras: la sueca Caroline Andersson tuvo que ser evacuada al hospital y la vigente campeona mundial, Magdeleine Vallières, abandonó posteriormente entre lágrimas. Y mientras España perdía una de sus grandes cartas, Vollering comenzaba a preparar su asalto al arcoíris. El endurecimiento constante del circuito de Mont-Royal fue eliminando corredoras hasta dejar delante a las favoritas que todos esperaban. A 36 kilómetros de meta, la neerlandesa decidió que esperar era demasiado arriesgado. Atacó. Y atacó de verdad. Se marchó sola y rápidamente abrió una diferencia de unos 15 segundos sobre un grupo en el que Reusser, Longo Borghini y Niewiadoma intentaban organizar la persecución. Durante varios kilómetros pareció el movimiento definitivo. Pero este Mundial tenía reservado otro giro. Niewiadoma y Longo Borghini consiguieron neutralizar a Vollering a menos de 20 kilómetros de la llegada. La gran favorita había gastado mucho y volvía a estar acompañada. Poco después fue Longo Borghini quien lanzó su moneda al aire. La italiana arrancó a 12 kilómetros de meta y abrió hueco mientras por detrás Vollering y Niewiadoma se vigilaban. Por momentos pareció que el oro podía escapárseles mientras ellas calculaban. Entonces Vollering volvió a demostrar que todavía tenía una bala. La neerlandesa cerró el hueco con Longo Borghini en la subida y Niewiadoma consiguió agarrarse a su rueda. Las tres volvieron a estar juntas, pero la italiana terminó cediendo. Quedaban siete kilómetros y el Mundial se convertía definitivamente en un mano a mano entre dos mujeres que se conocen demasiado bien: Vollering y Niewiadoma. Hubo ataques, relevos, miradas y hasta algún reproche. Ninguna consiguió desprenderse de la otra. Después de casi cinco horas de castigo, todo se decidiría en los últimos metros. Y allí Vollering no perdonó. Niewiadoma había sobrevivido a todo, pero no pudo responder al último golpe de la neerlandesa. Demi levantó los brazos en Montreal y completó una de esas victorias que parecen contener varias carreras dentro de una misma carrera: atacó desde lejos, fue cazada, respondió al movimiento de Longo Borghini y todavía conservó velocidad suficiente para resolver el título. Montreal coronó a Vollering y castigó a Blasi. Una terminó envuelta en el arcoíris; la otra, obligada a abandonar después de levantarse una vez y encontrarse otra caída en su camino. Dos historias opuestas dentro de un Mundial que no concedió prácticamente un minuto de tregua.
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