La sexta vida de Camavinga
El francés, uno de los que Mourinho decidió no dejar salir, gana peso a base de trabajo y ya se ha ganado un elogio público del técnico
Camavinga aún tiene cosas que decir. El francés afronta su sexta temporada en el Real Madrid con mucho que demostrar, y lo hace después de un verano en el que su continuidad llegó a cuestionarse. Tras un curso muy flojo, su nombre sonó entre los que podían salir para aliviar la caja, pero él nunca contempló hacer las maletas, y la llegada de Mourinho al banquillo terminó de despejar cualquier duda. El luso le dio hueco en su plantilla, y esa confianza es, hoy, su punto de partida para reivindicarse. Su verano, eso sí, arrancó con mal pie. Se quedó fuera de la lista de Didier Deschamps para el Mundial que Francia cerró en un discreto cuarto puesto. La ausencia le permitió incorporarse antes a la pretemporada y convertirse en uno de los alumnos aventajados de Mou en un mediocampo huérfano de efectivos. Eduardo fue titular en tres de los cuatro amistosos, esperando desde el banquillo únicamente en el último. Las sensaciones, no obstante, fueron intermitentes. El francés alternaba tramos buenos con otros más desalentadores dentro de un mismo encuentro, un vaivén que alimentaba las dudas sobre su rendimiento. La tónica cambió ante el Málaga, en un partido de calado positivo, con apenas unos fallos contados, en el que por fin ofreció el nivel que se le venía exigiendo. El punto de inflexión que necesitaba. Y en ese renacer, Mourinho tiene buena parte de la culpa. El técnico le echó un capote tras el duelo ante los malaguistas, con un elogio significativo. "Camavinga, un chico que no es muy amado, ha hecho un partidazo. Estoy muy contento con la respuesta que ha dado", declaró el luso en rueda de prensa. Porque en una plantilla que se quedará prácticamente como está, el francés dispondrá de más oportunidades de las que cualquiera habría estimado al término de la pasada campaña. Los relevos del verano se han producido hombre por hombre —Bernardo Silva llegó en el lugar de Ceballos—, sin engordar la nómina de centrocampistas, de modo que el reparto de minutos deja hueco para todos. Con ese panorama, el galo debe optimizar su mayor argumento, el de contar con unas prestaciones diferentes al resto. Su capacidad para cubrir metros, robar y salir conduciendo lo convierten en un perfil necesario. Si logra sostener la versión que asomó ante el Málaga, Camavinga tiene con qué reinventarse en un soldado de Mou desde el segundo plano, uno de esos futbolistas que el luso siempre ha sabido rentabilizar.
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