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Friday, September 4, 2026

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Y la afición del Betis se quedó sin ver goles

La primera visita del Madrid a la casa verdiblanca fue el primer empate a cero después de 52 partidos entre Liga y Copa

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El Betis se estrenó en Primera en la temporada 1932-33. Su campo estaba en lo que se llamaba La Huerta del Fraile y llevaba el nombre de Estadio del Patronato Obrero. Allí acudió el Madrid por primera vez para jugar un partido de Liga el 19 de febrero de 1933. Era la jornada número 13; por delante quedaban cinco más. Los verdiblancos respiraron después de cinco derrotas seguidas al sumar un punto en campo de la Real Sociedad (2-2); el Madrid caminaba de forma firme hacia su segunda Liga consecutiva, con una racha de seis jornadas en las que encadenó otras tantas victorias. Esa tarde se vio algo sin precedentes en el campo del Betis en partidos de competición nacional, tanto de Liga como de Copa: un partido en el que el encargado del marcador no tuvo labor alguna. El Betis sumaba ante su gente 19 partidos de Copa (debutó en ella el domingo 28 de febrero de 1926, ganando 3-0 al Cartagena), 27 en Segunda y los seis de esa temporada en Primera. En todos y cada uno de ellos los goles habían aparecido. Alguno solo para el equipo rival. En Segunda, Espanyol y Sevilla habían vencido en la casa del Betis dejando a los locales a cero. Fue la visita del campeón de Liga en vigor, y que también lo sería unas semanas después, la que inauguró el historial de partidos a cero con el Betis como local. Era el partido número 53 en el Patronato entre duelos de Liga y de Copa. Era la lengua nativa de los entrenadores de los dos equipos. A los mandos del Betis estaba el irlandés Patrick Joseph O’Connell, afincado en España desde su llegada a Santander en 1922 y que en 1935 dio al Betis su única Liga. El entrenador del Madrid era el inglés Robert Edwin Firth. Al igual que su colega irlandés, su llegada al fútbol español fue por la puerta de Cantabria y del Racing. En las horas previas al choque se hablaba de un partido de alto nivel. En la prensa madrileña se ponderaba la fuerza del Betis, más cuando jugaba en casa y había respirado para salvarse en la jornada previa. Pero se veía a un Madrid poderoso, lanzado. “Precisamente por lo que tiene de difícil el match con el Betis permite colocar al Madrid en situación de vencedor. Porque a los madridistas les sucede lo contrario que al hombre de la copla: que en las cuestas arriba es cuando menos precisan del burro...”, se leía en el semanal Crónica como previa del partido en Heliópolis Lo que era entusiasmo cuando el catalán dio el pitido para arrancar el partido, se tornó en decepción. Los dos equipos anduvieron espesos, con un juego aburrido, deslabazado y plomizo. Todo lo que se esperaba de las figuras del líder quedó en casi nada. Sólo en el tramo final, apremiados por el 0-0, los dos equipo aceleraron en busca del gol. No llegó. En el Betis, el mejor fue Timimi. En la pocas ocasiones que superó al dúo Ciriaco-Quincoces se chocó con los reflejos de Zamora. En el Madrid fueron Samitier y Luis Regueiro quienes más acosaron al meta bético, el vizcaíno Joaquín Urquiaga. El canario Hilario tuvo una de esas tardes en las que su genió se apagaba y parecía un fantasma sobre el verde. Mientras en Sevilla se daba por bueno el aburrido punto porque seguir en Primera para el Betis estaba cada vez más cerca, en Madrid no se dejó pasar la ocasión de apretar las tuercas al entrenador a pesar de la firme marcha del equipo. A la cabeza, el periódico El Liberal y un artículo sin firma: “La lesión de Leoncito ha obligado a Mr. Firth a tomar decisiones graves si se tiene en cuenta lo apaciblemente que se desliza la vida de un entrenador de football. Como ni usa hongo ni fuma en pipa, Mr. Firth no ha tenido más remedio que calarse el borsalino y seguir las misteriosas espirales que describe el humo de un mísero pitillo de setenta. Después, siguiendo el impulso noble que casi todo inglés experimenta ante un buen frasco de oloroso licor, se ha sacudido equis copas y se ha dado a pensar, igual que cualquiera de nuestros más exquisitos filósofos. Pero no torturemos más a míster Firth. No tenemos derecho a ello. Sería cruel eso de obligar a este hombre ejemplar a que piense tantas cosas seguidas. Yes”. Tinta con veneno.

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