De Astarloa a Ballan, McNulty irrumpe en la galería de campeones inesperados
Su ataque a 32 kilómetros de meta en Montreal le da el arcoíris y lo sitúa junto a Vainsteins, Astarloa, Ballan o Pedersen
El Mundial es una carrera de un solo día, sin segunda oportunidad. Un circuito, equipos nacionales que deben coordinarse sin pinganillos y un puñado de movimientos capaces de desmontar cualquier quiniela. Brandon McNulty lo ha vuelto a demostrar en Montreal: el estadounidense atacó a 32 kilómetros de la línea, se fue en solitario y transformó un ataque lejano en el maillot de campeón del mundo. Su triunfo interrumpe la racha de los últimos años, dominada por Tadej Pogacar (ausente esta vez por su caída en La Vuelta), Remco Evenepoel, Mathieu Van der Poel o Julian Alaphilippe, retirado tras el último Tour. McNulty se suma así a una nómina que el ciclismo engrosa desde hace décadas: la de quienes llegaron al Mundial sin los focos encima y se fueron con el arcoíris puesto. Para encontrar los primeros ejemplos del siglo hay que retroceder hasta Plouay 2000. Óscar Freire, que ya había ganado por sorpresa en Verona, partía como gran favorito, pero Roman Vainsteins se lo arrebató en el esprint y el español vio escaparse el título cuando parecía suyo. En 2003 fue Canadá la que albergó otra sorpresa. En Hamilton, Igor Astarloa lanzó un ataque contundente en los últimos kilómetros y, mientras los favoritos se vigilaban, se marchó en solitario. Alejandro Valverde completó el doblete español con la plata, por delante de veteranos como Peter Van Petegem, Paolo Bettini, Erik Zabel o Tom Boonen. Un año más tarde, Freire se cobraría su tercer arcoíris. En Varese 2008 los ojos italianos apuntaban a Paolo Bettini, que aspiraba a un tercer título seguido. Fue Alessandro Ballan quien demarró en la última vuelta, ganó unos metros y no volvió a ser alcanzado. Italia consiguió el oro por un camino distinto al previsto. Doce meses después, Mendrisio volvió a apartarse del guion: Suiza confiaba en Fabian Cancellara sobre un trazado durísimo, pero el movimiento decisivo lo firmó Cadel Evans. El australiano, con currículum en las grandes vueltas, sumó aquel arcoíris a una trayectoria que dos años después incluiría el Tour de Francia. En 2010, en Geelong, sobre un recorrido menos selectivo, Thor Hushovd resolvió la prueba mientras Freire buscaba su cuarto título y Philippe Gilbert empezaba a dominar las clásicas. Florencia 2013 dejó una de las estampas más amargas para el ciclismo español. Purito Rodríguez y Alejandro Valverde se jugaron el título con Rui Costa en una situación de dos contra uno que acabó favoreciendo al portugués. Costa dio caza a Purito y ganó el arcoíris, mientras Rodríguez y Valverde se conformaron con la plata y el bronce. Entre los aspirantes de aquel día también estaban Philippe Gilbert, Fabian Cancellara o Cadel Evans. Los dos españoles en el podio dieron la medida de lo que se perdió. Ponferrada 2014 volvió a descolocar los pronósticos. Michal Kwiatkowski venía de una temporada sobresaliente: Trofeo Serra de Tramuntana, Volta ao Algarve y Strade Bianche en su palmarés, segundo en la Vuelta al País Vasco y en la Vuelta a Gran Bretaña, y tercero en la Flecha Valona y en Lieja-Bastoña-Lieja. Aun así, la atención estaba puesta en otros. El polaco atacó en el tramo final, ganó unos metros y llegó solo a meta, por delante del grupo de favoritos. Valverde fue bronce, y Gilbert, Van Avermaet o Cancellara se quedaron sin el maillot en el último Mundial disputado en España hasta ahora. Yorkshire 2019 recuperó la tradición de los campeones improbables. Mads Pedersen no era un desconocido (había sido segundo en el Tour de Flandes 2018 y sumaba victorias en carreras menores), pero no figuraba entre los candidatos principales, con Peter Sagan, Alejandro Valverde, Julian Alaphilippe, Mathieu Van der Poel, Greg Van Avermaet o Philippe Gilbert por delante en las apuestas. Van der Poel llegó a tirar del grupo antes de desfondarse, y Pedersen aguantó hasta disputar el título en un esprint agónico en el que batió a Matteo Trentin y Stefan Küng, bajo unas condiciones climáticas extremas. Vinieron después los años de Alaphilippe, Evenepoel, Van der Poel y Pogacar, una sucesión de estrellas que hizo pensar que el Mundial era siempre cosa de los grandes nombres. Montreal ha mostrado lo contrario. McNulty atacó con 32 kilómetros por delante, abrió hueco con sus perseguidores y remató en solitario. Cruzó la meta como campeón del mundo y se sumó a una lista que ya integraban Vainsteins, Astarloa, Ballan, Evans, Hushovd, Rui Costa, Kwiatkowski y Pedersen.
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