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Olise no basta ante una Italia con fe y un Donnarumma imperial

Primer tropiezo de la era Zidane en casa después de que Bastoni igualara la maravilla de falta del atacante del Bayern y el arquero del City firmara una noche estelar

· 551 words

Zidane patinó en su retorno a casa. Ni la obra de arte de Olise bastó para mantener el pleno del técnico francés. Dominaron la posesión y el juego, pero Bastoni neutralizó el tanto local y Donnarumma se erigió en un gigante insuperable bajo palos, amargando la noche a una Francia que se desesperó ante el entramado italiano. Aparentemente, Francia siempre mandó con holgura. Acaparaba casi un 20 % más de posesión e instalada en campo contrario, pero le faltaba ese vértigo que tan bien maneja Mbappé. Doué, Olise y Cherki llegaban con soltura y velocidad a la frontal, pero ahí morían todas sus intenciones. Mucha intensidad y ritmo, pero ni un solo balón claro para Dembélé. Italia, en cambio, vivía cómoda sin la pelota. Mancini ordenó apretar los dientes en la última línea y por allí no pasaba ni el aire. A la contra, los italianos silenciaron el Stade de France. Primero fue Kean, que erró un gol cantado: Kayode, tras un cambio de juego brillante de Frattesi, puso un pase de la muerte al segundo palo para el delantero del Como, pero este no pudo superar a Maignan cuando ya parecía batido. Hizo lo más difícil. La segunda de la Azzurra provocó el murmullo en la grada. En un saque de banda —sí, de banda—, Pio Esposito la bajó de espaldas y la dejó servida para Frattesi, que de manera increíble no acertó entre los tres palos en el área pequeña. En el córner posterior le anularon un gol por claro fuera de juego al propio Kean, desatando definitivamente todas las dudas en el cuadro francés. Tras el descanso cedió el muro y emergió la figura gigante de Donnarumma. El guardameta sostuvo a su selección en pie con un auténtico festival de paradones que minaron el Stade de France. Su estratosférica doble parada a disparos de Olise y Dembélé, sumada a un carrusel de vuelos imposibles para despejar los latigazos de Camavinga, Rabiot y el propio Olise, inyectó de moral a una Italia que adolece de estrellas, pero presenta una convicción de hierro. Ni el mejor Donnarumma pudo hacer nada ante el golazo de Olise. Francia mostró otro talante tras el descanso, más contundente, pero el gol no llegó hasta que la plantó el delantero del Bayern. Su tiro libre fue un latigazo seco que buscó el ángulo izquierdo y toco el larguero antes de entrar para firmar un golazo colosal y llevar la locura al estadio. Se repetía el guion de Bélgica para los de Zizou, pero Italia se resistió a entregarse a pesar del golpe. Mantuvo la compostura atrás, pero adelantó líneas y en una presión insistente se la liaron a los galos. Alessandro Bastoni apareció desde la cueva para robarle la cartera a Da Cunha, que se confió al darse la vuelta tras recibir de Rabiot. El central del Inter le arrebató el cuero con la potencia de un avión y se plantó solo en el área para definir con la solvencia del mejor ariete el mano a mano ante Maignan. Para colmo, la expulsión de Upamecano —fruto de un enganchón y una posterior falta sobre Kean— terminó de minar la moral francesa. Lo intentó sin descanso el retornado Camavinga con disparos lejanos, pero la noche pertenecía a un Donnarumma insuperable que terminó certificando la resistencia italiana.

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Friday, October 2, 2026

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