Julián... y perdón por el fútbol
El primer gol del argentino en el Metropolitano esta temporada soluciona un partido infame del Atlético ante un Deportivo inocente, que lamenta la que marra Kevin en la última jugada
"¡Julián!”, repetía el de megafonía. “¡Álvarez!”, coreaba buena parte de la grada. Y así, unas cuantas veces. Si no fue el quite del perdón, al menos lo pareció. Vuelven las aguas a su cauce con el argentino, o esa pinta tiene por la reacción mayoritaria, más allá de que su gol se tradujera en tres puntos para un Atlético que en todo caso tiene que hacérselo mirar. Porque, puestos a reclamar disculpas, como se le ha reclamado al chico no sin razón, muchos de los que se ponen la rojiblanca deberían excusarse por un partido infame con un final que ni siquiera fue feliz sino agónico. Con toda la portería para él, Kevin envió a Oblak el último toque del partido. El que hubiera valido el empate. El Deportivo nunca terminó de creerse que aquello de enfrente era un guiñapo. Apenas dos ocasiones recolectó la escuadra herculina en un primer acto bochornoso del equipo de Simeone, la falta de Yeremay que Oblak despejó de aquella manera, concediendo una segunda opción para Amatucci a la que también se opuso el esloveno, y el cabezazo de Villares a servicio desde la izquierda de Quagliata. Por lo demás vivió la mar de tranquilo el conjunto blanquiazul, firme atrás, aseado con la pelota y, posiblemente, sorprendido con lo que temía batalla y no llegaba a escaramuza. No había por dónde coger a ese Atlético de los primeros 46 minutos. Llorente y Pubill han hecho suya la teoría del ínclito De Paul (ésa de que después de ser campeón del mundo “ya no hay más nada”), Hjulmand no aportaba, Barrios parecía jugar con miedo a la lesión, Lookman y Julián se sostenían en su línea mediocre habitual... Ni siquiera con Baena podía contarse esta vez, así que incluso un estadio más bien paciente como el Metropolitano tiraba de música de viento sobre la media hora. Es posible competir, espetaba El Cholo en la previa. Pero así no, desde luego... El caño que tiró Yeremay a Barrios sirve como perfecta metáfora del intervalo en cuestión, aunque Julián, Barrios, Kang-in o Hjulmand fueran probando suerte con disparos que no movieron una ceja del personal. Más allá de los lesionados, el único tipo al que Simeone (Diego Pablo) había dejado en el banquillo por aquello de las rotaciones era Simeone (Giuliano), cuestión a la que conviene atender por aquello de que el chico, con todas las limitaciones que se le busquen y encuentren, rebosa al menos el orgullo del que parecían carecer los que sí estaban sobre el terreno de juego. Al menos buena parte de ellos. Hubo que tirar de él, claro. Y de Le Normand, de paso, moviendo de sitio a unos cuantos. Quizás por el qué dirán, el Atlético dibujó una jugada potable en la reanudación, con Baena abriendo, Grimaldo poniéndola y Julián embocando para que tomara forma el primer párrafo de esta crónica. Por fin con ventaja, las tuvo el cuadro local a la contra, las cosas como son, una de Julián, otra de Sorloth, una más de Giuliano, aunque el fútbol seguía siendo pobre. Por entonces tampoco es que el Deportivo terminara de reaccionar, por muchos cambios que hiciera Hidalgo. Y a todo esto, Giménez. El uruguayo no se habría planteado un retorno tan cómodo como el que tuvo, ni dos meses han pasado desde que se certificó una salida que se podía entender acaso desde el fondo, en ningún caso desde las formas. De hecho se fue para que pudiera venir uno que al final no vino, así funciona esta Dirección Deportiva a la que por lo visto hay que dar la razón sí o sí. El caso es que con ventaja mínima local todos los ojos apuntaban a Josema en las que a última hora puso su equipo en el área. Pero en realidad las tuvo Kevin. Ésa y otra antes. Fue que no, así que valió la de Julián. En cuanto al fútbol, mil perdones.
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