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La Copa vuelve a Alcázar, el pueblo que retó a Maradona, encandiló a Caparrós y fue cuna de una leyenda del Athletic

El Sporting de Alcázar recibirá al Málaga, un equipo de la máxima categoría, 34 años después de aquella histórica eliminatoria del extinto Gimnástico ante el Sevilla de Bilardo, donde militaba el Diez

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Hay lugares que guardan una fotografía como quien guarda un trofeo. En Alcázar de San Juan (Ciudad Real), aquella imagen tiene a un grupo de futbolistas del Gimnástico rodeando a Diego Armando Maradona en el Sánchez-Pizjuán. Han pasado casi 34 años, pero aquella Copa del Rey sigue formando parte de la memoria deportiva de este pueblo de 30.000 habitantes. Ahora vuelve la Copa y vuelve un Primera. El Sporting de Alcázar recibirá al Málaga CF este martes 27 de octubre, a las 21:00 horas, en el Manuel Delgado Meco, en una eliminatoria que devuelve al fútbol alcazareño a un escenario nacional que llevaba décadas sin pisar. Y es que el fútbol no es cosa de un día, como quien dice, en Alcázar. Allí empezó a echar raíces entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, en una localidad marcada por el ferrocarril y por la llegada de nuevas costumbres y formas de ocio. Con los años fueron apareciendo clubes y sociedades hasta que el Gimnástico se convirtió en una de las grandes referencias deportivas de la ciudad. El club que después protagonizaría aquella 'Copa de Maradona' había nacido refundado en 1972 y desarrolló buena parte de su trayectoria en Tercera división. Nunca llegó a jugar en Segunda B, aunque sí disputó fases de ascenso y durante distintos momentos de su historia se quedó a las puertas de dar ese salto. Una de esas etapas de crecimiento fue precisamente la que desembocaría en la temporada 1992-93. Y en el origen de aquella generación aparece un nombre que merece detenerse en él: Joaquín Caparrós. En Alcázar, Caparrós todavía no era el entrenador que años después dirigiría a algunos de los grandes clubes españoles. Era un técnico joven al que el Patronato Municipal de Deportes encargó una tarea que iba mucho más allá del primer equipo. En la temporada 1991-92 llegó al Gimnástico como entrenador y, al mismo tiempo, como responsable y coordinador de la futura Escuela Deportiva Municipal. La apuesta tenía una lectura muy clara: no se trataba solamente de intentar que el equipo ascendiera, sino de construir una estructura futbolística que permitiera a la ciudad tener cantera y futuro. "Fue una experiencia muy agradable a nivel profesional y personal, porque además de estar como entrenador del Gimnástico creo que hicimos un buen trabajo en la Escuela de Fútbol de la mano del Patronato. Además el presidente tenía las cosas claras", cuenta Caparrós a MARCA. Aquella temporada el Gimnástico alcanzó por primera vez una fase de ascenso a Segunda B, aunque no consiguió subir. Era un paso más dentro de un proyecto que buscaba elevar el nivel del fútbol de Alcázar. Caparrós había llegado para ayudar a construirlo, pero no sería él quien dirigiera la eliminatoria que acabaría convirtiéndose en la más famosa de la historia del club. Al acabar aquella temporada se marchó a la Balompédica Conquense. El relevo lo tomó Esteban Castellanos, que había trabajado junto a él como segundo entrenador. Y fue Castellanos quien, unos meses después, se sentaría en el banquillo cuando el Gimnástico comenzó a derribar rivales en la Copa del Rey. Sobre ese equipo, Caparrós elogia que "era un equipo muy bueno y muy bonito, mezclando chicos de fuera con la mayoría de Alcázar. Tengo grandes recuerdos de aquello, fue espectacular". La circunstancia tiene algo de paradoja y, precisamente por eso, resulta tan importante para entender aquella historia: Caparrós puso parte de los cimientos, pero se marchó justo antes de que el equipo viviera su gran noche copera. El Gimnástico que se enfrentó al Sevilla ya no era el equipo entrenado por Caparrós, sino el que había heredado y dirigido Esteban Castellanos. Aquel trabajo previo, sin embargo, seguía presente en la estructura del club y en una generación de futbolistas que había empezado a creer que Alcázar podía competir más arriba. Y entonces apareció el torneo del K.O. El Gimnástico eliminó al Toledo, al Valdepeñas y al Eibar, entonces en Segunda. Cada ronda aumentaba la expectación y convertía al equipo en una pequeña excepción dentro del fútbol nacional. Hasta que el sorteo puso enfrente al Sevilla de Carlos Bilardo. Y con él, Diego Armando Maradona. Aquello cambió la dimensión de la historia. Ya no se trataba sólo de que un equipo de Tercera se enfrentara a un Primera. Era Maradona. El futbolista que había ganado un Mundial, que había sido campeón con el Barcelona y que acababa de llegar al Sevilla se convertía en el nombre alrededor del cual giraba una eliminatoria que, en Alcázar, empezó a vivirse como un acontecimiento ciudadano. El primer partido se jugó en el Municipal. El Sevilla ganó 0-2 y Maradona no viajó, pero la expectación había desbordado cualquier previsión. Aquella eliminatoria fue, además, la primera vez que un equipo de Primera se enfrentaba oficialmente a un conjunto de Alcázar; hasta entonces, los grandes habían pasado por la ciudad únicamente en partidos amistosos. El pueblo se volcó con aquel equipo. Y buena parte del valor de aquella aventura estuvo precisamente en su carácter local: salvo el portero López, prácticamente todos los jugadores que formaron aquel once tenían sus raíces en Castilla-La Mancha, muchos de ellos nacidos en Alcázar o en localidades de la comarca. No era una selección de nombres llegados de fuera para disputar una eliminatoria puntual. Era el equipo de la ciudad. La eliminatoria, sin embargo, todavía guardaba su imagen más poderosa. El 30 de diciembre de 1992, el Gimnástico viajó a Sevilla para jugar la vuelta. Esta vez sí estaba Maradona. Esteban Castellanos tenía que enfrentarse al mejor jugador del rival y a un escenario completamente distinto. El Sevilla terminó ganando 5-0 y cerró el cruce con un 7-0 global, pero el marcador terminó siendo casi una anécdota frente a lo que aquellos jugadores vivieron. Fue aquella noche cuando se tomó la fotografía que se convertiría en icono del fútbol alcazareño. La plantilla del Gimnástico, dirigida por Castellanos, junto a un icono futbolístico que traspasaba fronteras. “Aquello fue impresionante, y más teniendo en cuenta que el formato era diferente, a doble partido”, explica a MARCA Esteban Castellanos, entrenador de aquel equipo. Castellanos recuerda que al conocer el emparejamiento con los hispalenses se desató la locura total. “Fue una experiencia preciosa”, explica, recordando además que en el partido de vuelta en el Pizjuán, a pesar del 0-2 de la ida, el papel del equipo fue más que notable. “En el Pizjuán nos fuimos 1-0 perdiendo al descanso únicamente. Tuvimos dos tiros al poste… y ya nos marcaron gol y nos desinflamos. Pero que nos quiten lo ‘bailao’”, explica el exentrenador de aquel Gimnástico que acabó perdiendo 5-0. "Bilardo me llegó a decir que le habíamos engañado, que era imposible que el equipo fuese de prácticamente todo gente de Alcázar menos cuatro", añade. El partido, naturalmente, tuvo su propio capítulo. Maradona marcó uno de los cinco goles y el Gimnástico regresó eliminado, pero también con una experiencia que ningún resultado podía borrar: aquellos futbolistas habían llevado a un club de Tercera hasta enfrentarse al Sevilla de Bilardo y al Diez. Para Alcázar, aquella Copa significó mucho más que una eliminatoria perdida. Fue la demostración de que un equipo construido con jugadores de la ciudad y de localidades próximas podía colarse durante unas semanas en el fútbol que normalmente sólo se veía por televisión. El Gimnástico había conseguido que Alcázar apareciera en el mapa nacional y que una generación entera pudiera contar que había compartido vestuario, fotografía y césped con uno de los mejores jugadores de la historia. Y hay otra figura que ayuda a explicar esa relación de Alcázar con el fútbol de élite. El estadio que ahora espera al Málaga no siempre se llamó Manuel Delgado Meco. Durante años fue el Municipal de Alcáza, pero en 2014 pasó a llevar el nombre de este alcazareño que salió del fútbol local para convertirse en uno de los grandes pioneros de la preparación física del fútbol español. Delgado Meco nació en Alcázar de San Juan y empezó jugando al fútbol en el Gimnástico. Pasó también por las categorías del Real Madrid antes de orientar su carrera hacia la preparación física. En 1975 llegó al Athletic Club, donde desarrolló durante décadas una trayectoria estrechamente ligada a la modernización de los métodos de trabajo del fútbol profesional. El club bilbaíno le reconoce como una figura pionera y fundamental en esa evolución. Su nombre alcanzó también a la selección española. Delgado Meco participó en cuatro Mundiales, los de México 1986, Italia 1990, Estados Unidos 1994 y Francia 1998, acompañando a distintas generaciones del combinado nacional. Su carrera le permitió trabajar durante años en la élite y hacer que el nombre de Alcázar viajara con él mucho más allá de La Mancha. Y hay un episodio especialmente simbólico. En mayo de 1990, dos años antes de la Copa de Maradona, Alcázar homenajeó a Delgado Meco como Hijo Predilecto y le concedió la insignia de oro al Mérito Deportivo. El Athletic acudió a la ciudad para participar en un partido homenaje en el mismo campo que hoy lleva su nombre. El fútbol de Primera regresó entonces a Alcázar para reconocer a uno de los suyos. Por eso el nombre del estadio no es un detalle menor dentro de esta historia. Delgado Meco representa una de las formas en las que Alcázar ha llegado al fútbol de élite: primero como futbolista salido de la ciudad y después como preparador físico en algunos de los escenarios más importantes del fútbol español y mundial. Cuando el Málaga salga este martes al césped que lleva su nombre, lo hará en un campo que, de alguna manera, ya tiene una larga relación con el fútbol de Primera. La aventura del 92 quedó como una cima, pero el Gimnástico continuó después su recorrido. Siguió compitiendo durante años en Tercera y disputando fases de ascenso, aunque nunca logró alcanzar la Segunda B. Finalmente, en 2015, los problemas económicos y las deudas provocaron su desaparición. Ese mismo año nació el Sporting de Alcázar, que asumió el papel de nuevo referente del fútbol de la ciudad. Comenzó desde categorías regionales y fue creciendo hasta alcanzar la Primera Autonómica Preferente. La temporada pasada protagonizó la mejor campaña de su corta historia y se quedó a un paso de Tercera RFEF, eliminado por el Torrijos en una tanda de penaltis. Pero la Copa ofreció entonces otra puerta, el equipo de Pablo Fuentes eliminó al Talayuela en la eliminatoria a doble partido y se ganó el derecho a enfrentarse a un Primera. El rival será el Málaga, que precisamente no pasa por su mejor momento y que no sabe aún lo que es ganar este curso. Será hoy, a las 21:00 horas, en el Manuel Delgado Meco, en una eliminatoria a partido único y con todo el pueblo volcado ante un acontecimiento de dimensiones incalculables. Porque han pasado 34 años desde aquella noche en la que el Gimnástico recibió al Sevilla y desde el viaje posterior al Sánchez-Pizjuán. Y ha cambiado el escudo, han cambiado los jugadores y ha cambiado el rival... pero el escenario conserva buena parte de la memoria. En las gradas estarán quienes recuerdan a Maradona y quienes entonces ni siquiera habían nacido; quienes vivieron aquellas noches de 1992 y quienes ahora quieren contar su propia versión de una noche grande.

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Tuesday, October 27, 2026

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