Huijsen aguanta el tipo
El central firmó una gran actuación en La Cartuja, secando al 'Cucho' Hernández y rozando el gol, en una de las pocas notas positivas de la derrota blanca
En una noche que se le atragantó al Real Madrid, hubo al menos un futbolista que salió airoso del examen: Dean Huijsen. Mientras el equipo se estrellaba una y otra vez contra el muro de Valles y contra su propia falta de puntería, el central malagueño sostuvo la retaguardia con mucha solvencia. La primera derrota del curso dejó pocos motivos para el optimismo, pero el rendimiento del 4 fue, sin duda, uno de ellos. Y es que algo ha cambiado en su mentalidad en este arranque de temporada. Se observa a un Huijsen más competitivo, más fiero pese a su corta edad, una actitud que quizá tenga que ver con la promesa que se hizo al heredar el '4' de Alaba, ese dorsal que para él representa el número de sus ídolos Sergio Ramos y Fernando Hierro. "Lo que sí sé es que daré todo de mí todos los días, sea en un entrenamiento o en un partido", prometió entonces. En La Cartuja cumplió su palabra al pie de la letra a pesar del varapalo. Su principal cometido tenía nombre y apellido: Juan 'Cucho' Hernández. Y Huijsen lo desempeñó con nota, secando al ariete colombiano hasta dejarlo sin apenas balones en condiciones dentro del área. El Betis buscó a su killer entre líneas, pero el central le negó el oxígeno, anticipándose al corte y ganándole la espalda una y otra vez. También se las tuvo tiesas con Antony, con quien protagonizó un rifirrafe cargado de tensión, sin achantarse lo más mínimo ante uno de los hombres más inspirados de los verdiblancos. Pero lo de Huijsen no se limitó a la contención. Precisamente una de las virtudes que lo aupó, junto a Arda, a lo más destacado del Madrid fue su falta de miedo al balón, ese aplomo para recibir y saber qué hacer con él. El malagueño se atrevió a asomar la cabeza en el área contraria y estuvo cerca de convertirse en héroe inesperado. En el minuto 11 obligó a Valles a una parada de mérito tras un remate a bocajarro después de subir a un córner, y más tarde estrelló un cabezazo en el larguero. Ya en la segunda parte, firmó además una recuperación alta que estuvo a punto de terminar en asistencia para Mbappé. Avisos que, de haber fructificado, quizá habrían cambiado el desenlace de la noche. A su lado, Ibrahima Konaté cumplió, aunque sin alcanzar la brillantez de su compañero. El francés terminó sacando adelante sus tareas, pero se le vio menos fino, tanto con el balón como sin él. La pareja de centrales, que avanza por el buen camino, mostró así sus dos velocidades: la del malagueño, ya asentado y crecido, y la del galo, que aún necesita rodaje para alcanzar su mejor versión de blanco. De las noches grises también se rescatan nombres, y el de Huijsen emerge como el gran valor de una zaga que fue el talón de Aquiles del Madrid en las últimas temporadas y que, poco a poco, empieza a inspirar confianza. Sigue dignificando el dorsal de sus ídolos a base de actuaciones sólidas que lo consolidan como mariscal, y con ellas persigue también un objetivo personal: recuperar el sitio que perdió en los planes de Luis de la Fuente, quien lo dejó fuera del Mundial que España acabó conquistando. Cada partido es, para él, un alegato ante el seleccionador. La Cartuja escoció, pero el central dejó claro que, pase lo que pase alrededor, él está dispuesto a aguantar el tipo.
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