Europa es muy cruel
Un gol de Kolo Muani en el 93' firma una nueva derrota celeste en Europa League
El Celta volvió a vivir una noche nefasta en Europa. La depresión se prolongó con un gol de Kolo Muani en el minuto 93 que confirmaba la remontada de la Juve en Balaídos. La segunda derrota en esta Europa League de los de Giráldez, que no levantan cabeza. Ni siquiera el parón ha conseguido revertir una dinámica que empieza a ser preocupante. El drama no cesa. A veces, uno pierde su identidad de manera deliberada. En otras, ocurre porque no hay más remedio. Porque las circunstancias te llevan a ello. Llámenle circunstancias o Juventus de Turín. El equipo italiano hizo honor a su condición de histórico en Europa y se presentó en Balaídos señalando a su escudo. Dominaron los de Spalletti. Sometieron, por momentos, a un Celta acostumbrado a ser protagonista con balón. No iba a ser el caso en esta noche de Europa League. Es cierto, eso sí, que el equipo italiano sobó la pelota, insinuó en el último tercio pero apenas concretó nada -hasta el tramo final-. Radu solo tuvo que sacar un par de buenas manos en todo el partido. No es, salta a la vista, la Juve temible de las grandes noches de Champions. Pero aun con eso le bastó para ser mejor, merecer la victoria y conseguirla sobre la bocina. En medio de ese orden defensivo que se instaló durante casi todo el partido, de ese control obligado en campo propio, el Celta encontró su momento. La jugada, por cierto, fue de máximo nivel. Una transición que llevó el balón de lado a lado y que terminó en el área en los pies de Swedberg, con la suficiente sangre fría para ceder a Hugo Álvarez y que este marcase a placer. El guión no se alteró, más bien se acentuó tras el golpe celeste. Con Conceiçao atacando la profundidad y Woltemade haciendo de pivote de fútbol sala. Ambos generando más de un dolor de cabeza a la zaga celeste. Sin embargo, la sensación era que los de Spalletti disparaban con balas de fogueo. Hacían algo de ruido, pero no generaban daño alguno. Tuvo que surgir un error individual. Grosero, inexplicable para alguien de la experiencia de Marcos Alonso. El defensa quiso ceder o controlar con el pecho, no se sabe bien cuál de ambas, y el balón se convirtió en un caramelo para que Woltemade lo mandase a la jaula sin envoltorio. El Celta, más con corazón y empuje que juego, encontró alguna que otra transición que no supo finalizar con templanza. La precipitación le alejó del acierto, y eso terminó por condenarlo. Ni siquiera la entrada de Aspas, para dotar al partido de un toque emocional, sirvió para encontrar el camino de la gloria. Más bien todo lo contrario. Porque los cambios de Spalletti venían con premio. En el último suspiro, en el último balón colgado a la desesperada, el recién incorporado Kolo Muani cabeceó casi debajo de la portería. Con Marcos Alonso de nuevo en la foto, con Radu a la expectativa. Y los puntos volaron otra vez de Balaídos. Una fea costumbre esta temporada. Una terrible rutina que empieza a poner en tela de juicio un proyecto que sufre sus primeros temblores en el mes de octubre. Mala señal.
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