Lo de siempre: otra victoria de España
La opinión de José Vicente Hernáez
Seguramente Gvardiol tendrá pesadillas unas cuantas noches con Lamine Yamal de protagonista. Gvardiol es un pedazo de defensa que del Dinamo de Zagreb se fue al Manchester City por un pastón descomunal para un jugador de sus características. Como digo (bueno, lo dicen todos los que lo conocen) es un defensa espectacular. Lamine Yamal no logró irse de él ni una sola vez y, sin embargo, Lamine Yamal fue la gran estrella de la noche en Sevilla. ¿Cómo se come eso? Muy sencillo. Cuando Lamine Yamal decidió aprovechar los espacios marcó dos goles (el segundo por donde parecía que el balón no podía entrar) y dio otro. Podría tomar nota un tal Vinícius. Ni todo el monte es orégano ni hay que obsesionarse con el regate. El resultado estaba cantado porque la selección española está muy por encima de cualquier otra a día de hoy. Sólo un accidente (un arbitraje perverso, por poner un ejemplo) podría frenar su sensacional trayectoria. Si no lo consiguió Inglaterra en Wembley, si no lo consiguieron los tres mosqueteros franceses en la reciente Copa del Mundo, menos aún lo iba a lograr Croacia en Sevilla. Y lo más grande es que los propios croatas lo sabían. Ni siquiera pudieron saborear el 1-1 logrado por el gigantón Beljo (ni Cubarsí ni Huijsen pudieron llegar a sus 1,95) porque un suspiro después Pubill se estrenaba como goleador. Luis de la Fuente hizo cinco cambios con respecto al equipo inicial de Wembley, lo cual quiere decir que en esta selección de cine (de cine y de autor) da igual quien juegue mientras no cambie el inquilino del banquillo. Oyarzábal, por ejemplo, no tuvo su noche, pero la selección hizo cuatro goles. Rodri no fue titular y aunque Zubimendi no es Rodri tampoco la selección dejó de jugar bien. En fin, que pase el siguiente
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