Atlético: no es oro todo lo que reluce
Un Bayern a las órdenes de Kane certifica su evidente superioridad con goles de Karl y Laimer, exhibiendo las carencias de un equipo, el rojiblanco, que arriesga incluso la clasificación
Los focos apuntan a Le Normand y con razón, porque un central no puede dejar que le coman la tostada así en el área y porque viene siendo sospechoso habitual de un tiempo a esta parte, pero alguien debería contar a Sorloth cómo fue el primer gol del Bayern. El noruego decidió que un ataque del rival era tan buen momento como cualquier otro para apañarse las botas y allá se quedó, a sus cosas mientras el pícaro Karl certificaba por fin la que venía siendo evidente superioridad bávara. -Entonces sí, entonces Simeone hizo cambios de una vez, llevándose por delante a los dos citados con toda la lógica del mundo, y de paso a Baena, vaya usted a saber por qué, para que Koke, Kang-in y Lookman pusieran de su parte. Pero aquello no tenía solución, más bien todo lo contrario: Upamecano ya había topado con el larguero para cuando Kane encontró tremendo agujero en la zaga local. Asistido por el Balón de Oro, Laimer tuvo tiempo para casi todo antes de sacar el derechazo que liquidaba definitivamente una noche que aclara el panorama: en lo que tiene que pensar el Atlético es en la clasificación pura y dura. Ni ‘Topocho’ ni gaitas: hay que meterse entre los 24 y que venga lo que tenga que venir. El Cholo había tirado de la vieja guardia para diseñar una alineación en la que apenas Grimaldo representaba a los recién llegados, sorprendiendo especialmente la titularidad de un Sorloth que aportó lo que buena parte del personal podía esperar que aportara: prácticamente nada. Con el noruego se perdía capacidad de combinación, damnificado un tipo con buen pie como Kang-in, pero es que además su presencia física no servía para guardar uno solo de los balones largos que tiró su equipo, absolutamente incapaz esta vez de salir con la pelota jugada. Apenas Baena la quería, desbordado completamente el doble pivote que configuraban Barrios y Llorente. Enfrente había un señor equipo, sí, pero que se presentaba con casi todas las opciones para acompañar a Olise y Kane neutralizadas. Ni Luis Díaz, ni Gnabry, ni Musiala ni Saibari, así que, a modo de parche, Davies adelantado y el joven Karl al pasto. No se habían jugado diez minutos siquiera y ya tenía el Bayern sometido a un Atlético que apenas pudo presumir de una para Julián en el arranque y de una colección de saques de esquina mediado ese primer acto. Tampoco se entendía que la tropa local se mostrara pasiva justo en el balcón de su área, dos líneas formadas pero sin intención alguna de oponer resistencia a las asociaciones alemanas. Las fueron teniendo Karl, Laimer o Kane, que lo mismo se manejaba en el área que se alejaba para organizar, cierto es que tampoco el Bayern causaba la impresión de jugar en el filo, consciente quizás de que, tal y como sucedió, aquello acabaría cayendo por su propio peso. Cuando por fin le cayó una pelota en el área, a todo esto, Sorloth no supo con qué parte del cuerpo rematar. Consecuencia lógica: no remató con ninguna. Así que, siendo malas casi todas las demás en clave rojiblanca, la mejor noticia que dejaron esos 45 minutos fue que no se moviera el marcador. La primera jugada tras la reanudación, eso sí, trajo consigo una oportunidad de Kimmich para que no quedara duda alguna: el Bayer era martillo pilón. Hasta que llegaron el de Karl, primero, y el de Laimer, después, porque efectivamente aquello era mucho arroz para tan poco pollo. Desfiló antes de tiempo también Julián, al que había venido de perlas el partido de Sorloth para que pasara inadvertido el suyo. Otra cosa que no le vendría mal al Atlético son delanteros. De Neuer sólo hubo noticias en la última jugada, cuando paró la de Hancko sin despeinarse.
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