La violencia en el fútbol será al final lo de menos
Sobran los motivos, por Alberto R. Barbero
Siendo terrible, que lo es (y así se ha denunciado y se seguirá denunciando), lo del fútbol ya parece casi lo de menos. No deja de resultar curioso que los radicales del Levante y Sevilla se molieran a palos el mismo día en que a cientos de kilómetros, pongamos que hablo de Madrid, un nutrido grupo de adolescentes ni siquiera necesitaba estética ultra alguna para, con el insulto y el desprecio por bandera, que no las que llevaban al cuello, increpar a los que acumulan dos semanas acampados en Sol para, conviene recordarlo por mucho que se puedan discutir fondo y forma, canalizar la indignación popular por la crisis de la vivienda. Seguramente sería casualidad, volviendo a lo de Valencia, que unos y otros coincidieran en el mismo sitio y que a unos y otros esa coincidencia les pillara armados. Nada que no llevemos años contemplando, pero a ver quién es el guapo que se pone estupendo ahora con los de la pelota mientras contemplamos lo que viene a definirse como sociedad polarizada, por más que exista una evidente asimetría en la disposición para utilizar todo tipo de violencias que tiene una parte respecto a la otra. En ese sentido, y aunque suene a barbaridad, lo de los aledaños del Ciutat parecía mucho más equilibrado. En ésas andamos. A nadie le puede extrañar una agresividad que, al fin y al cabo, se aplaude como mínimo, se tolera demasiadas veces, se fomenta otras tantas, desde medios de comunicación, redes sociales, partidos políticos, judicatura o, por cierto, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. Odio, en fin. Es lo que mueve ahora mismo, se ponga como se ponga el que se ponga, a esta Españita de la que, sin embargo, tan orgullosos parecen algunos... Vienen tiempos feos, en los que lo del fútbol apenas constará como nota a pie de página.
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