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Friday, September 25, 2026

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"La culpa para los periodistas, pero no hace falta rebajar cada elogio con siete advertencias: Noval es una joya"

La opinión de Nacho Labarga

· 381 words

A Benja Noval no hay que meterlo en una urna. Ni envolverlo en plástico de burbujas. Ni convertir cada conversación sobre su futuro en un interminable “tranquilidad, tranquilidad, tranquilidad”. Tiene 17 años, sí. Y precisamente por eso lo mejor que puede hacer el ciclismo español es dejarle correr. Porque hay algo casi absurdo en nuestra manera de gestionar el talento. Cuando aparece uno distinto, primero exigimos que gane. Y cuando gana demasiado pronto, nos entra miedo de que siga ganando. Pedimos paciencia como si la ambición fuese una enfermedad y la presión una maldición. Noval acaba de conquistar dos Mundiales en 48 horas y todavía parece que haya que pedir perdón por decirlo alto: este chico es extraordinario. No significa proclamar que será el nuevo Contador, el nuevo Evenepoel o el nuevo Pogacar. Esa manía de buscar reencarnaciones también sobra. Noval debe ser Noval. Pero tampoco hace falta rebajar cada elogio con siete advertencias. Sus victorias obligan a mirar de frente lo evidente. Montreal ha enseñado a un corredor capaz de soportar el cartel de favorito, asumir la carrera, atacar cuando todos le miran y rematar. Eso no se aprende en un laboratorio. Se tiene o no se tiene. Y él, además, no parece asustado. Dice que le gusta la presión. Mejor. Bendito problema. La presión que nace de ganar es infinitamente preferible a la indiferencia que acompaña a tantos proyectos que nunca terminan de arrancar. Ahora llegará el discurso de siempre: quemar etapas, protegerle, no correr demasiado, no exigir resultados. Todo razonable hasta que la protección se convierte en freno. A los grandes talentos hay que cuidarlos, claro. Pero cuidar no consiste en atarlos. Si Noval tiene piernas para competir con los mejores, que compita. Si puede ganar, que gane. Si algún día explota, que aprenda. Si pierde, que pierda. El ciclismo también se construye así. España llevaba demasiado tiempo esperando a alguien capaz de provocar este ruido. Ahora que ha aparecido, lo peor que podría hacer sería pedirle que bajase la voz. Que nadie le coloque todavía una corona que no le corresponde. Pero que tampoco le corten las alas por miedo a que vuele demasiado alto. Benja ya ha demostrado que saber ganar cuando todos esperan que gane. Y eso no se protege escondiéndolo. Toca aprovecharlo. Menuda joya.

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