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Los árbitros, esos seres de luz

Nacional IV - Por Tomás Campos

· 494 words

Hay pruebas fehacientes de políticos corruptos. Ejemplos manifiestos de curas que han abusado de menores, hasta el punto de avergonzar a la Iglesia en boca del difunto Papa Francisco. Y hay incluso padres y madres que asesinan a sus hijos, cometiendo un crimen especialmente abominable. Nadie pone en duda estas afirmaciones porque las pruebas son irrefutables, alcanzando de hecho a casi todos los estamentos y grupos sociales. Eso sí, sigue existiendo un gremio ajeno a las miserias humanas. Un colectivo que levita por encima del resto impartiendo justicia en un mundo que no les merece. Hablamos lógicamente de los árbitros, y muy especialmente de los españoles. Seres de luz que sufren el acaso impenitente de la turba, incapaz de comprender que los errores forman parte de la vida y, por supuesto, del fútbol. Porque hay que ser muy torticero para pensar que un árbitro se equivoca (o inhibe) a propósito y se ve condicionado a la hora de pitar un partido, sobre todo si Real Madrid o Barcelona están en liza. Habrá quien, preso del rencor, argumente que no es lo mismo cobrar hasta 400.000 euros al año (en el caso de los internacionales) que 100.000 en Segunda y que se vive más tranquilo equivocándose a favor de los poderosos porque la presión mediática puede hasta afectar a tu entorno familiar. Y hay incluso quien piensa que arbitran de distinta forma un partido con equipos menores de la zona baja de la tabla que un duelo entre grandes. Que las tarjetas vuelan con mayor facilidad y de forma más caprichosa en el primero de los casos, hablando a los jugadores con menor respeto que a nuestros ilustres campeones mundiales, por poner un ejemplo. La locura es tal que hay quien ha llegado a cuestionar la honradez de estos seres bendecidos por la diosa Temis porque un vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA) aceptó dinero del Barcelona durante casi dos décadas. El argumento, pueril a todas luces, es que el tal José María Enríquez Negreira -que así se llama el buen hombre que se embolsó 8,4 millones de euros- decidía en gran medida qué árbitros perdían la categoría o subían a Primera. Ni que decir tiene que ningún árbitro ha abierto la boca en este caso, porque hacerlo sería rebajarse al lodazal moral que invade al resto de los mortales. Son tan, pero tan celestiales nuestros colegiados que han despertado la envidia de sus congéneres en el resto del mundo, que han decidido relegarles a un papel muy secundario en competiciones internacionales como la Copa del Mundo o la Liga de Campeones. Los malpensados defienden que es en represalia por el caso Negreira pero qué sabrán ellos. Y así seguimos, dudando de lo único bueno, puro y sensato que queda en el fútbol. Porque habrá quien piense que no hay inocencia mayor que la de un niño pero eso es porque no tiene la suerte de conocer a un árbitro español de Primera división...

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Tuesday, October 20, 2026

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