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Sunday, September 27, 2026

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La temporada de locura de Sandra Alonso: “He tenido que ir yo sola por mi cuenta”

De quedarse sin equipo tras ser madre a recuperar su mejor nivel y llegar al Mundial, hasta que una caída de última hora lo rompió todo: la corredora explica su aventura en MARCA

· 1,089 words

El año de Sandra Alonso bien valdría para documental. Su curso no tuvo calendario, ni certezas, ni un camino dibujado de antemano. Fue una sucesión de oportunidades agarradas al vuelo, llamadas sin respuesta, carreras buscadas casi con urgencia y kilómetros hechos con una pregunta siempre encima: qué iba a pasar después. Montreal debía ser el punto final perfecto a ese viaje. El lugar en el que mirar atrás y entender que todo había merecido la pena. Pero el ciclismo, que tantas veces premia la insistencia, también tiene una capacidad especial para romper los guiones cuando parecen cerrados. Un día antes de la prueba élite del Mundial, durante el último entrenamiento, un ciclista al que Sandra adelantaba se dio la vuelta sin mirar. Ella impactó contra él. “Le embestí y poco más recuerdo”. Hospital, fisura en el húmero, abrasiones y adiós al Mundial. Horas antes, cuando todavía no podía imaginarse ese desenlace, había hablado con MARCA de todo lo que había tenido que atravesar para llegar hasta allí. “Ha sido una locura”, resumía. Y seguramente no había una forma mejor de explicarlo. Durante años había vivido el ciclismo desde la rutina del profesional que conoce con meses de antelación sus objetivos, sus concentraciones y sus carreras. En 2026 fue al contrario. “Normalmente llegaba enero y tenía el plan de todo el año hasta octubre. Este año ha sido todo súper improvisado”. Empezó con el gravel en febrero, aceptó cada oportunidad que le ofreció la selección, exprimió las posibilidades que tuvo con su equipo y corrió todo lo que pudo porque no sabía cuál sería la siguiente puerta que se abriría. Después de la maternidad quería comprobar algo muy sencillo y al mismo tiempo enorme: si podía volver. No sólo físicamente. También al lugar que había ocupado antes en el pelotón. Se dio una temporada de margen para intentarlo, pero los meses avanzaban y las respuestas no llegaban. Deportivamente cada vez se encontraba mejor; fuera de la carretera, el futuro seguía lleno de interrogantes. La parte menos visible de su regreso fue quizá la más dura. Sandra había contactado con muchos equipos ya el año anterior. Sin suerte. En enero volvió a escribir y llamar. Lo hizo otra vez en marzo, cuando regresó a competir. Insistió en abril, cuando ya sentía que volvía a tener piernas de corredora importante. Nada. “Pasaban los meses y todavía no veía nada claro para 2027”. La frustración aparecía precisamente porque el cuerpo le estaba diciendo una cosa y el mercado otra. Mientras ella comprobaba que todavía podía estar delante, nadie terminaba de entregarle una certeza. Y para seguir compitiendo tuvo que sostener su temporada casi pieza a pieza. “He tenido que ir yo sola por mi cuenta”. Pequeños patrocinadores, amigos y personas cercanas aportaron material, ayuda y, en ocasiones, incluso dinero para desplazarse a las carreras. Sandra no estaba simplemente intentando recuperar su nivel: estaba financiando y organizando su propia oportunidad de demostrar que todavía pertenecía allí. Y entonces empezaron a hablar los resultados. Fue la carretera la que terminó respondiendo por ella. Cada buena actuación reducía un poco el ruido de las dudas. Cada carrera era una reivindicación. “Creo que los resultados han hecho que la gente vea: ‘Sandra vuelve a ser Sandra, incluso una Sandra mejor’”. Hay algo especialmente potente en esa última parte. Alonso no regresó de la maternidad resignada a perseguir la versión anterior de sí misma. Descubrió que podía superarla. “Se puede, claro que se puede. Yo lo he demostrado, lo he vivido en mis propias carnes”. En pocos meses volvió a sentirse fuerte, incluso más que antes, y desmontó también ese viejo prejuicio que todavía acompaña a muchas deportistas cuando deciden ser madres: la idea de que después todo tiene que ser necesariamente menos. Su vida había cambiado, por supuesto. Había una niña, enfermedades que saltan de una a otra, noches diferentes y una nueva organización cotidiana. Pero seguían estando el entrenamiento, la ambición y las ganas de ganar. Y ahora, además, una motivación distinta. La llamada de Laboral Kutxa para 2027 fue mucho más que un contrato. Fue aire. Después de tantos meses llamando a puertas, significó saber que el regreso ya no dependía únicamente de sobrevivir hasta la siguiente carrera. Por primera vez en mucho tiempo podía proyectarse hacia delante. Y justo entonces apareció Montreal. La selección española contaba con ella para una carrera especialmente exigente y Gema Pascual la consideraba una pieza importante dentro del bloque nacional. Sandra llegaba con forma, confianza y la sensación de haber reconstruido un camino que meses atrás parecía incierto. El Mundial era el símbolo perfecto: empezar el año sin saber si habría sitio para ella y terminarlo vistiendo el maillot de España en una de las carreras más importantes del calendario. Por eso duele más lo que ocurrió después. Porque el accidente no llegó en mitad del invierno ni durante una carrera menor. Llegó cuando Sandra ya estaba allí. Cuando sólo faltaban unas horas para ponerse el dorsal y salir. Cuando después de un año entero improvisando, por fin todo parecía encajar. “Mañana el número 22 no saldrá”, escribió desde el hospital. Aun así, evitó convertir su desgracia en el centro del Mundial. Animó a sus compañeras, recordó que España llevaba una de sus mejores selecciones de los últimos años y pidió que nada empañara la colección de medallas que estaba consiguiendo el equipo nacional. Hasta en ese momento, su cabeza seguía más allá de ella misma. Y más allá de Montreal también está ya 2027. Sandra había explicado a MARCA antes de la caída que su objetivo era superar 2024, su último gran año completo. No volver a aquel nivel. Superarlo. “Ahora tengo más motivación, otro cuerpo y he descubierto que puedo ser incluso mejor que antes. Quiero volver a estar ahí, en la pelea, ganar carreras y que se vuelva a tener mi nombre en cuenta”. El accidente le obliga ahora a parar otra vez. A recuperar. A comenzar de nuevo cuando parecía que ya había terminado de hacerlo. Pero quizá ésa sea precisamente la gran historia de su temporada: cada vez que el ciclismo le pidió empezar desde cero, Sandra encontró la manera de seguir. Montreal debía ser el final feliz de su año imposible. No lo fue. Fue otro giro más en una temporada en la que nada salió como estaba previsto. Pero si algo ha demostrado Sandra Alonso en estos meses es que su historia ya no depende demasiado de los planes. Depende de levantarse, buscar una carrera, encontrar una puerta y volver a entrar.

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