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Wednesday, September 2, 2026

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Soccer

La otra armonización de Vinicius

'En Copa de Balón', una opinión de Elías Israel

· 414 words

Pocos esperaban a este Mourinho. Ha aparecido un entrenador maduro, conciliador, que tiende puentes, que baja el tono, que contesta de fútbol cuando le preguntan de líos. Mano izquierda donde antes había puño. Ya veremos cuando pinten bastos. Las manchas del leopardo no se borran, se tapan, y suelen asomar el día que los resultados aprietan. Pero hasta hoy la puesta en escena es impecable y el Madrid parece una balsa de aceite: los jugadores andan enchufados y con hambre. No hay Mundial a la vista y sí, una necesidad imperiosa de volver a sentirse ganadores. Entre todos ellos hay uno que necesitaba exactamente esto. Vinicius decidió someterse a una mentoplastia, para buscar la armonización facial. Cada uno elige, si puede, lo que quiere ver en su espejo. Para lo que nos interesa, que es el fútbol, hay otra intervención que puede devolvernos a la mejor versión de Vini, una que no figura en ningún catálogo pero que se entiende a la primera: una ‘menteplastia’, si existiese el término. Consiste en sacarse de la cabeza al rival que le busca desde el minuto uno. A la grada que le espera con el silbido preparado. El árbitro al que mira antes de mirar la portería. Todo eso ocupa un espacio enorme dentro de un futbolista que debería tener la cabeza despejada para lo único que de verdad le separa del resto: ser un fuera de serie. Cada gesto de más es un metro de menos. Cada bronca es una jugada que no existió. Los rivales, y no me refiero a las aficiones, ya no le provocaba por antipatía: le provocaba como estrategia de partido, planificada en la pizarra como un córner. Sacar a Vinicius del encuentro sin necesidad de defenderle. Y cada vez que entraba al trapo, el que se quedaba en inferioridad emocional no era él, era el Real Madrid. Eso ha empezado a corregirse, y se está viendo. Ha conseguido convertir algunos pitos del Bernabéu en aplausos, que no es poco. Lo ha logrado con humildad en las formas y generosidad en el juego. Y la consecuencia futbolística ya asoma: la sociedad con Mbappé empieza a carburar y la versión excelsa de Bellingham hace el resto. Mourinho está cuidando cada detalle. Le sostiene en público y le corrige en privado. Un Vini despejado de fantasmas es una inversión de éxito asegurado. El día que el Bernabéu le vuelva a aplaudir antes de que regatee, regresará aquel Balón de Oro que no pudo ser...

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