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Saturday, September 12, 2026

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Soccer

Con Arda se acaban las broncas

El turco cierra un partido que el Madrid se complica después de un buen primer tiempo. Los errores de Lejeune castigan a un Rayo de menos a más que descuenta con gol de Camello

· 801 words

El Madrid estropeó una ocasión estupenda para crecer en juego y confianza, propia y de su gente, aunque descubrió un asunto que puede ser relevante en la temporda. Después de un primer tiempo notable, con tres goles que reflejaron la superioridad blanca, en juego y sobre todo en pegada, se dejó ir para consentir la reacción rayista, que de orgullo va sobrado. Así que después de las palmas volvieron los pitos hasta que ingresó Arda Güler. Es capaz de cambiar la cara al Madrid. En Sevilla, a peor cuando se fue. Ante el Rayo, a mejor para acabar con la bronca y cerrar el partido. El turco está ganando las oposiciones a intocable. La consolidación de Arda se produjo en el día elegido para la puesta de largo de Diomande. El fichaje más caro del curso se estrenó en el once titular de un Mourinho que no es devoto de las rotaciones. Lo demuestra su fe inquebrantable en la BMV y Valverde, que no descansan ni a tiros. El marfileño entró en el costado derecho, donde debía mantenerse Brahim o regresar Güler, pero no son de los intocables. Empezó tímido el africano y se fue soltando. Le ayudó un partido que pareció decantado muy pronto. No necesitó el Madrid ni rematar para ponerse por delante. En una internada de Carreras sin aparente relevancia midió mal Lejeune y cometió penalti. Transformó Mbappé, con frialdad, por la derecha. Y tres minutos después, una mala cesión de Lejeune permitió robar a Vini, dejó atrás y Carreras coronó, tras pared de primeras con su socio Kylian. Si el futbolista más veterano y fiable de un equipo como el Rayo comete esos errores queda claro que es un equipo alicaído, mustio y sin hogar donde refugiarse por el capricho de su dueño. Minuto 17 y 2-0. Se avecinaba tormenta. Jugó bien el Madrid con Bernardo en la sala de máquinas, pero la gasolina le dura para lo que le dura. El portugués apareció siempre en la jugada para ofrecerse, así que mezcla bien con Valverde. Pero quien más aprovechó la coyuntura fue Vinicius, que puso voluntad y fútbol. Desde la conducción al minuto que arrancó los primeros aplausos a los pases que generó desde su costado, como el que convirtió Bellingham en el tercero, perfecto en la llegada desde atrás. Jude se esforzó en dar todo el mérito al 7, que volvió a sonreír. Y el Bernabéu también. Será que exige más al árbol que puede dar más frutos. En el juego y en el esfuerzo. Acumuló varias llegadas más antes del descanso el Madrid con alguna parada de mérito del debutante Audero (buena presentación) y un palo de Mbappé. Remate durísimo desde la frontal. Pero el Rayo es dignidad, y pese a la fragilidad emocional tiene argumentos para hacer daño. Por un lado, Camello, que pide selección. Se fabricó un par de acciones, la segunda bien sacada abajo por Courtois. Por otro, un grupo de buenos peloteros como Pedro Díaz, que abrió la función amenazando desde el centro del campo y cerró el primer acto con un disparo extraordinario, caviar para un Courtois estelar. A tal señor, tal honor. Mandó pronto a sus soldados a calentar Mourinho, mediado el primer acto, y aunque no es amigo de cambios rápidos, el calendario aprieta. Entró Camavinga, pero el Madrid regresó desconectado, y el Rayo decidió olvidar el primer tiempo y atreverse. Pedro Díaz conectó otro derechazo imponente que se fue al poste, fruto de la presión rayista. Y fue la persecución de Ratiu la que obligó a arriesgar en la cesión a Vini, la pelota quedó muerta y Sergio Camello fabricó un gol de barrio. Con la puntera, al contrapié del portero, cruzado. Delantero Pichichi. El desplome blanco fue llamativo. Tanto que brotaron silbidos. Tímidos al principio. Contundentes después de que Tsitiashvili se girase con comodidad y Courtois evitara el segundo. No acertaba a salir el Madrid, ni en conducción ni con balones largos, con Bernardo exhausto. Como si esperase a esa jugada directa de contra para rematar la faena en lugar de darse un gustazo. Claro, tenía que reaccionar Mourinho porque el asunto se le iba de las manos. Primero metió a Tchouaméni por un cansado Bernardo. Y después entró Arda Güler, que es otro rollo. Sustituyó a Diomande, que dejó trabajo y buenos detalles, no menos que otros de sus compañeros. El caso es que el turco dio la vuelta al partido como un calcetín. Porque la pide, se ofrece, la aguanta y la juega. Lo hizo todo bien. Pasó, tiró, se movió y acabó sirviendo el pase de la sentencia (tras una buena salida de Camavinga, todo hay que decirlo) a Mbappé, que alcanza en el Pichichi a Camello y Raphinha. Hay pelea. Donde no hay duda es con Güler. Arda y diez más.

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