Mbappé es Pogaçar: dos jornadas y el Pichichi pierde la emoción
La contracrónica del Real Madrid - Real Sociedad
Jose Mourinho ya sabe cómo es la casa que dejó el 1 de junio de 2013 y a la que regresa más de 13 años después. El Bernabéu, amputado el Santiago, recibió al entrenador luso a lo grande. Si su regreso pudo generar alguna duda, el presente dice que el madridismo cree en Mourinho. El retorno tuvo como oponente a una Real pendiente del mercado y que de inicio mandó al campo a su mejor jugador: Mikel Oyarzabal. Porque al 50%, su capitán es un valor superior. Algo que demostró. Lejos aún del nivel físico que necesita, el Madrid hace lo que su entrenador busca: sumar y sumar. Con puntos victorias se vive y se construye mejor. Y más si golea con suficiencia. El Madrid se presentó ante su afición con el mismo equipo que arrancó LaLiga en la casa del Espanyol. Mourinho insinuó alguna novedad tras ese partido, pero era un farol. El entrenador luso insistió en la misma idea aunque supusiera cortar el vuelo de Fede Valverde. Incidió en el eje formado por el uruguayo y Bernardo Silva como epicentro de la creación. Con siete bajas, el plan está claro: atravesar esta primera etapa de la Liga con firmeza, con victorias y fortaleciendo el bloque. El Real Madrid hizo lo que tenía que hacer: homenajear a su campeón del mundo y, de paso, al que había en el equipo rival. Cucurella y Oyarzabal pusieron al Bernabéu en pie. Muestra de agradecimiento para un hecho histórico. La normalidad que contrasta con que a nueve campeones del mundo, ¡nueve! -que no son diez por la lesión de Fermín-, su club les niegue ese tributo. Hay situaciones que están por encima de "las actuales circunstancias". Pensar en grande o en pequeñito. Es una elección. A la media hora, el Bernabéu explicó que está para pocas bromas después de dos temporadas de calamidades. El Madrid se empeñó en medir la paciencia de la grada y supo que no es mucha. La Real se crecía y tuvo en una volea de Sergio Gómez la gota que puso a los madridistas de uñas. Porque su equipo no jugaba y empezaba a sufrir. La reacción de Mourinho fue inmediata: cinco jugadores a calentar. Un aviso a navegantes que los que estaban en el campo captaron de inmediato. El gol de Mbappé sofocó el primer amago de revuelta de la temporada. Aunque la paz duró nada y menos. Del desaguisado que fue el gol del empate de la Real salió malparado Carreras. Konaté quedó retratado en el origen de la jugada, en la que no reaccionó nunca bien al desafío en carrera y parado de Ochieng. Pero fue el lateral gallego el que peor quedó por lo que tardó en llegar a tapar el disparo de Susic. A la vuelta del descanso, el lateral zurdo del Madrid era Marc Cucurella. La manera en que fue recibido no deja dudas de qué piensa el Bernabéu: su lateral es Cucurella. Ver a Mikel Oyarzabal en un terreno de juego es sentarse a anotar la cantidad de acciones buenas que es capaz de mostrar. El de Eibar es la inteligencia hecha futbolista y anda en ese momento de su carrera en el que la madurez se ha mezclado tan bien con la calidad que invita a saborear todo lo que muestra. Quedarse solo en los goles que firma es un error. Es un catedrático del fútbol. La ovación que se llevó al ser sustitudo antes de la hora de juego dice mucho. La calidad del frente ofensivo del Madrid es un seguro de vida. De ahí nació su segundo gol, de alta escuela, de alta gama. La firma fue de Mbappé, que a esas alturas del partido podía, como ante el Espanyol, tener la mochila de goles repleta. Pero fue el conjunto de la acción lo que cargó de valor su remate: tres primeros toques entre Valverde, Bellingham y Kylian para mandar la pelota a la jaula realista. La intriga del Tour no llegó a una semana. La de La Vuelta se acabó el la primera etapa dura. El animal que es Tadej Pogaçar así lo quiso. Y el Pichichi de LaLiga tiene pinta de que va a tener la misma emoción que cada vez que es esloveno se pone serio. En dos partidos, Mbappé ya ha disparado su cotización para volver a ser el máximo goleador de LaLiga. Como el año pasado y el anterior. Y los seis antes de cambiar el PSG por el Madrid. Y eso que en los dos partidos echó por el sumidero ocasiones muy claras. El día que ande fino, fino... No tenía el inglés el brillo de Cornellá, pero sí el vigor. De esa negación a rendirse en cada balón llegó el regalo que le entregó a Vinicius para firmar el tercer gol y poner el partido a buen recaudo. Con Jude a ese nivel, el Madrid tiene mucho terreno ganado respecto a la temporada anterior. Porque este sí es Bellingham.
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