España - Croacia: Estado de felicidad
Sevilla vibra con la campeona
España ha decretado el estado de felicidad. Así lo ha decidido su selección. Instalada en la alegría desde que ganó la Eurocopa de 2024, la visita a Wembley elevó aún más la plenitud alcanzada a partir de que Ferran marcara en el MetLife de Nueva Jersey y se pudiera dar la puntada final para coser y unir para siempre la segunda estrella a la camiseta. Es felicidad por lo principal en el fútbol. Ganar. Pero España, además, lo es por cómo lo hace. Su fútbol gobierna el mundo del fútbol desde que en 2008 cambió el paso y dejó a un lado los lamentos para aprender a ganar. Desde entonces su palmarés galopa a un ritmo insoportable para sus competidores: dos Mundiales ganados de cinco, tres Eurocopas de cinco y una Liga de las Naciones de cuatro, con otras dos finales disputadas. En esa plenitud llega España a su ciudad fetiche, Sevilla. Y al estadio, el Ramón Sánchez-Pizjuán, en el que no conoce la derrota en sus 25 partidos allí jugados. Como en los otros dos que fueron casas antes del Sevilla: Reina Victoria y Nervión. La victoria en Wembley ante Inglaterra dispara el entusiasmo antes de que la selección juegue su primer partido como local ante su gente. Un lleno asegurado desde hace semanas garantiza un ambiente electrizante en el estadio donde nació la leyenda del Jugador número 12. Eso fue el 11 de marzo de 1964, ante Irlanda y en un 5-1 en los cuartos de la Euro con la Bombonera de Nervión rugiendo. España calca el inicio de lo que fue su primera participación en la Liga de las Naciones. En septiembre de 2018, el equipo que pasaba a manos de Luis Enrique echó a andar con un triunfo en Wembley (1-2). Su segundo rival fue Croacia, en Elche. Los croatas llegaban como subcampeones del mundo y regresaron a Zagreb con una derrota aplastante: 6-0. El equipo croata ha cambiado de entrenador. La gloriosa era de Dalic, el seleccionador que llevó a Croacia a ser segunda en Rusia y tercera en Qatar, ya es pasado. Si hablamos del entrenador. Porque el nuevo, Bilic, ya lo fue entre 2006 y 2012 y mantiene a buen número de jugadores que forman parte de esta sagrada historia croata. A la cabeza de todos ellos, su capitán, Modric. A su lado, Perisic, Kovacic, Livakovic o Pasalic. En una ventana de cuatro partidos y teniendo que jugar dos con menos de 72 horas entre el final de Wembley y el arranque en Nervión, De la Fuente, como todos los seleccionadores, sabe que tiene que medir esfuerzos y gestionar emociones. La gran ventaja que disfruta es la seguridad de que meta a quien meta, el equipo responde. No es una teoría sin práctica. Es la realidad. La felicidad.
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