De Roma a Atenas: vuelve el gen de las remontadas
El Madrid de Mourinho remontó un 3-1 en Roma y un 2-1 en Atenas, y rompió tres empates en los minutos finales; solo Betis y Atlético frenaron esa pólvora
Caminar por el alambre vuelve a resultarle natural al Real Madrid. En un curso que apenas arranca, el equipo de Mourinho ha recuperado esa testarudez que aflora cuando el marcador se le pone cuesta arriba, un reflejo que el madridismo daba por extraviado tras dos temporadas viendo a los suyos encajar el golpe sin saber devolverlo. En el Madrid, volver a la vida ya es una tradición. Lo singular es el escenario. El fenómeno no habita el Bernabéu, templo natural de las noches imposibles, sino lejos de Chamartín. El conjunto blanco ha aprendido a sublevarse de visitante, y lo ha hecho por partida doble en su competición fetiche, la Champions, donde el madridismo guarda sus mejores recuerdos de rebeldía. Roma y Atenas, dos capitales que inventaron buena parte del mundo, le han servido para reencontrarse con su vena heroica, la de los finales escritos contra pronóstico. En el Olímpico levantó un 3-1 a golpe de banquillo: Mourinho removió el avispero con sus cambios e inoculó una convicción que ha perdurado en forma de siete victorias consecutivas. La última, en el Allwyn Arena, repitió el libreto hasta en los detalles. Hombres salidos del banco —Endrick agitando la banda y Valverde rematando con un zapatazo desde la frontal— le dieron al equipo la corriente que le faltaba para firmar el 2-3. El propio técnico explicó esa doble resurrección europea tras el partido: “En los dos momentos críticos hemos sabido reaccionar y tener personalidad”. No todas las resurrecciones nacieron de ir por detrás. El Madrid también ha sabido quebrar la igualada lejos de casa, en esos duelos donde el rival creía tener el terreno nivelado y asomaba, sobre la bocina, ese ADN. Pasó en Cornellà-El Prat en la primera jornada, con Espí desnivelando ante el Espanyol. Se repitió en Elche, otra vez con la rúbrica del delantero en los compases finales. Y ocurrió en el Camp Nou, donde el empate a uno se rompió en la recta final por medio de Mbappé para un 1-2 que, más allá de los tres puntos, enderezó el ánimo de todo el proyecto. Aquel Clásico fue el verdadero punto de inflexión del curso. Existe cierto contraste con el carácter de la campaña pasada. En toda la temporada 2025-26, el Madrid de Xabi Alonso y Arbeloa apenas firmó dos reacciones de este tipo, y ambas sobre la bocina. La primera, en el Bernabéu ante el Rayo (2-1), resuelta con un penalti de Mbappé en el minuto 90+10 después de que De Frutos hubiera igualado el tanto inicial de Vinicius. La segunda, en Balaídos (1-2), con un zapatazo de Valverde en el 90+4 que coronó la remontada tras el empate de Borja Iglesias. Dos golpes de autoridad en un curso entero. Con el calendario doblando la esquina de noviembre, el Madrid de Mourinho ya iguala esa cifra. Dos manchas, sin embargo, ensombrecen el cuadro. La Cartuja y el Metropolitano, o lo que es lo mismo, Betis y Atlético, son los escenarios donde esa pólvora no prendió. Ante los verdiblancos el Madrid trenzó buen fútbol, pero no lo tradujo en gol, y el penalti errado por Mbappé terminó condenándolo a una derrota temprana. En el derbi madrileño ocurrió lo contrario: los de Mourinho no exhibieron sus mejores galas ofensivas, resistieron incluso con un hombre menos tras la justa expulsión de Huijsen y un coletazo postrero apenas maquilló un partido marcado por una polémica arbitral que, a juicio del club blanco, condicionó el marcador en su contra. Dos vuelcos de visitante, tres empates rotos sobre la bocina y siete triunfos encadenados. Juanito juraba que los 90 minuti en el Bernabéu eran molto longo. Este Madrid ha exportado la sentencia. Ahora también lo están siendo lejos de casa. Mourinho mueve el banco y todo ello tiene su efecto en el marcador.
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