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Friday, September 25, 2026

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Sigue la fiesta de España en el Mundial: ¡Héctor Álvarez se lleva la plata!

El español vuelve a subir al podio en Montreal tras una carrera desatada en la que Ashlin Barry, nacido en Girona, conquistó el arcoíris con una escapada de más de 120 kilómetros

· 665 words

Héctor Álvarez volvió a demostrar en Montreal que está hecho para las grandes citas. El español conquistó la medalla de plata en el Mundial sub-23 en ruta después de una carrera salvaje, imposible de domesticar, que terminó coronando al estadounidense Ashlin Barry. El nuevo campeón del mundo convirtió una aventura iniciada a más de 120 kilómetros de meta en una hazaña monumental, mientras Álvarez fue el más fuerte entre todos los que intentaron echar abajo su desafío. España llegaba a la prueba con la moral disparada después del festival de Benja Noval en categoría júnior y con Álvarez señalado como una de las grandes bazas para volver a pisar el podio. El circuito de Montreal, con 174 kilómetros y doce pasos por meta, no dejó apenas un minuto para respirar. Desde la salida comenzaron los ataques, se formaron grupos numerosos y la carrera quedó abierta mucho antes de que aparecieran los favoritos. Eñaut Urkaregi fue uno de los españoles más activos en la primera mitad de la jornada, entrando en varios movimientos mientras por delante se sucedían las fugas. La definitiva comenzó a tomar cuerpo a 126 kilómetros de meta, cuando Samuel Novak, William Heffernan, Kristian Egholm, Matthew Dodd y Barry lograron abrir hueco. Lo que entonces parecía otro movimiento más terminó escondiendo al futuro campeón del mundo. El pelotón concedió demasiado. La diferencia superó los dos minutos y, aunque por detrás empezaron a sucederse los ataques, Barry resistió siempre en cabeza. Primero acompañado y después cada vez más cerca de quedarse solo. A 30 kilómetros del final, con Egholm ya descolgado, el estadounidense afrontó en solitario una persecución que parecía condenada a terminar con su captura. Tenía únicamente 29 segundos sobre el pelotón. Ahí apareció Héctor. El español había empezado a enseñar los dientes antes, con un primer ataque a 38 kilómetros de meta que hizo daño y seleccionó muchísimo el grupo. No consiguió marcharse, pero dejó claro que no estaba dispuesto a esperar. Cuando la carrera volvió a romperse, Álvarez entró en cada movimiento importante y asumió buena parte de la responsabilidad de intentar acabar con la resistencia de Barry. A 26 kilómetros del final, Héctor formaba parte de un pequeño grupo perseguidor junto a hombres como Matisse Van Kerckhove, Guus van den Eijnden y Cameron Rogers. Barry estaba apenas a 23 segundos. arecía cazado. Parecía cuestión de tiempo. Pero no lo fue. El estadounidense encontró fuerzas donde ya no parecía haberlas. Matteo Scalco atacó por detrás y posteriormente fue el propio Álvarez quien lanzó otro movimiento a 20 kilómetros de meta, seleccionando definitivamente la pelea por las medallas. El español logró marcharse junto a Scalco, Aubin Sparfel, Jesper Stiansen y Niels Driesen. Barry estaba a solo 26 segundos. Era el momento decisivo. Por detrás había entendimiento, piernas y nombres suficientes para acabar con la escapada. Por delante, sin embargo, Barry rodaba como si la persecución no existiera. La diferencia, lejos de desaparecer, volvió a crecer. Al comienzo de la última vuelta, a 13 kilómetros del final, tenía 42 segundos. El oro empezaba a dejar de ser un sueño para convertirse en una realidad. Álvarez comprendió entonces que el arcoíris se alejaba y tuvo que cambiar de objetivo. Ya no se trataba de cazar al estadounidense, sino de asegurar una medalla en un grupo cargado de corredores rápidos y peligrosos. A diez kilómetros de meta, Barry conservaba 35 segundos. A cinco, la diferencia seguía por encima de los 40. No hubo milagro. Barry entró en meta para completar una de las grandes exhibiciones de este Mundial, culminando una aventura iniciada a 126 kilómetros de la llegada. Detrás, Héctor Álvarez ganó la batalla por la plata y confirmó su condición de gran realidad del ciclismo español. El oro se escapó, pero Montreal volvió a regalar otra medalla a España. Y Álvarez, después de haber buscado la carrera, atacado, seleccionado el grupo y perseguido hasta el límite, terminó subiendo al segundo escalón del podio. Solo un hombre, y una fuga de locos, pudieron con él.

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