El Como de Cesc Fàbregas o el arte de saber cómo gastar
Debutaron en Champions con una goleada (4-1) sobre el Leipzig
Quién sabe si se habrá arrepentido Mirwan Suwarso, presidente del Como 1907, de haber cedido su entrada a algunos de los aficionados históricos del club -los nacidos en 1950 o antes- para permitir que quienes llevan toda una vida siguiendo al equipo pudieran vivir una jornada histórica para la ciudad. Se perdió una exhibición magistral de los chicos de Cesc Fàbregas, que, pese a estrenarse por primera vez en la competición, jugaron desde el primer minuto con la autoridad de quien parece llevar años viviendo noches de Champions League: golearon (4-1) al RB Leipzig. Hasta la grada del estadio Sinigaglia estaba de estreno. Derribada la antigua, la nueva se levantó en apenas dos meses, símbolo perfecto de cómo el Como avanza ya, a todos los niveles, a un ritmo que poco tiene que ver con el resto del fútbol italiano: sobre el césped, en los despachos e incluso en las gradas. Y así, desde las colinas de los Prealpes que se divisan en el horizonte del estadio, si hace apenas unos años se podía echar un vistazo a un partido de la Tercera División italiana, hoy, afinando un poco la vista, se puede contemplar a uno de los equipos con más glamour de Europa dominando un partido de Champions League ante un público en el que conviven aficionados de toda la vida, antiguas leyendas como Thierry Henry y Varane -ambos accionistas del club- y actores de Hollywood dispuestos a disfrutar después del partido de un fin de semana en alguna villa junto al lago. El espectáculo ofrecido en la primera noche de Champions fue digno de un Oscar. Desde los primeros minutos, sin el menor complejo ni respeto reverencial, el Como exhibió su fortísima identidad futbolística y todos los principios que, en apenas unos años, lo han convertido en el proyecto más interesante y en mayor crecimiento del fútbol italiano. Presión alta e intensa, en la que participa todo el equipo, y, sobre todo, secuencias de salida de balón desde atrás que invitan al rival a presionar para atacar después el espacio a sus espaldas con carreras y movimientos constantes. Es, sobre todo, cuando se mueven los futbolistas sin balón cuando el Como se transforma en una orquesta preparada para interpretar una sinfonía vibrante y sin una sola nota desafinada. El primer gol lo firma Martin Baturina, todo un misterio durante los primeros meses de la pasada temporada, cuando la presencia de Nico Paz en su misma posición parecía cerrarle las puertas, pero que terminó explotando como falso extremo, preparado para meterse por dentro e intercambiar constantemente su posición con el argentino. El croata recibe el balón en la derecha, a 50 metros de la portería, se deshace de dos rivales con una finta de cuerpo, puro movimiento de cintura, y un control orientado perfecto. Después lanza a Douvikas al espacio, que intenta devolvérsela hacia el centro; el balón golpea en Baku y vuelve a Baturina, que tropieza, se levanta y, con otra finta, recorta hacia su pierna derecha dejando sentados a dos defensas antes de definir con el interior. Tres goles y dos asistencias en los primeros cuatro partidos de la temporada: ahora mismo es el futbolista más en forma del equipo. El Como sigue produciendo fútbol, ritmo y movimientos perfectamente sincronizados en los espacios. El Leipzig de Demichelis intenta también comportarse como el clásico equipo Red Bull que presiona arriba y busca recuperar inmediatamente, pero es incapaz de seguir las referencias del Como, cuyos futbolistas se mueven por todo el campo y hacen saltar por los aires una y otra vez las marcas rivales. Los otros tres goles de la noche soñada del Como son la mejor representación posible del triunfo del juego colectivo de esta máquina construida por Cesc Fàbregas. El segundo nace de una larga salida de balón desde atrás: todo empieza en Butez, el equipo circula de un lado al otro y finalmente encuentra la izquierda, donde Álex Valle se mete por dentro y conecta con Baturina, el habitual ilusionista de las fintas corporales. El croata conduce con el exterior, se libera de la presión y rompe líneas con un pase vertical genial hacia Douvikas, que gana la posición a Lukeba y define a la espalda de Vandervoordt. Y hablando de historias y de primeras veces, Anastasios Douvikas jugaba hace apenas dos años en el Celta y probablemente jamás habría imaginado convertirse en protagonista de una noche de Champions League. El Como pagó 13 millones de euros por él, Cesc ha sabido potenciar al máximo sus virtudes y la pasada temporada terminó con nada menos que 17 goles. Otra historia que no puede pasar desapercibida es la de Luis Milla, producto del Getafe de Bordalás. Un futbolista que quizá alcanzó su madurez más tarde de lo habitual y que ha terminado debutando en Champions con 31 años. Mientras el resto de clubes italianos dormían, el Como pagó apenas seis millones por él. Anoche fue uno de los mejores sobre el césped. En definitiva, no es simplemente un club que tiene dinero para llevarse algunos de los mejores talentos del mercado -muchos de ellos españoles-. Estamos, sobre todo, ante un club que tiene dinero, sí, pero que lo gasta extraordinariamente bien y que después se ocupa de mejorar a cada uno de sus futbolistas gracias al trabajo de un entrenador excepcional como Cesc Fàbregas. En la segunda mitad también encontró su momento de gloria un Assane Diao regenerado, asistido por Nico después de otra acción coral del Como: control y derechazo ajustado al palo. Esta puede ser la temporada de su definitiva consagración. Las lesiones del último año son lo único que, hasta ahora, le ha separado de dar ese salto de calidad capaz de convertirlo en un futbolista de nivel internacional. Y todavía hubo espacio en el marcador para Maxi Perrone, internacional argentino que la pasada temporada fue uno de los tres mejores futbolistas del Como y que este año incluso sale desde el banquillo. Un detalle que permite entender hasta qué punto ha ganado profundidad la plantilla construida por Suwarso y Cesc. Hace seis años, desde las frías gradas del Sinigaglia, el espectáculo que se ofrecía era el de un partido de la tercera división italiana. Hoy, inversiones importantes, sí, pero sobre todo una planificación quirúrgica sustentada en un proyecto deportivo que ha situado en el centro a un entrenador visionario, han hecho posible transformar aquel espectáculo en un partido de Champions League dominado por el Como. ¿Y saben qué es lo más excitante de todo? Que este Como no tiene límites. El estatus ya no está por conquistar: el Como es hoy uno de los grandes de Italia, juega mejor que nadie y gasta mejor que nadie. La única dificultad será encontrar una entrada en el Sinigaglia. Hay pocas. Difícil imaginar que Suwarso vuelva a ceder la suya. Después de lo de esta noche, probablemente ya se haya arrepentido.
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