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Soccer

CR7 no es un cínico

El borde del área, por José Luis Hurtado

· 418 words

Aver. El periodismo, un oficio en el que se ven tipos que pavonean como Walter Matthau cuando simula ser el logo de la cabecera del Chicago Examiner en Primera Plana, no es la mejor parcela para solicitar humildad. Una estrella como la de Cristiano Ronaldo no se esculpe con modestia. Los tiempos modernos recetan dosis de soberbia, altivez y frases para TikTok. El CR7 podría ser un automóvil, un cohete de la NASA, el nombre clave de un espía, un ron, pero es una multinacional con botas de fútbol al que Jorge Jesus, el seleccionador portugués, con el aspecto de cantante en piscinas, ha relegado al banquillo. En su ruta mental, CR7 cree que todavía merece el Balón de Oro. Verse en el banquillo le supone una humillación. Para su marca es peor esa imagen que perder una final. Hay momentos que valen por una biopsia. En una secuencia de la película Ronaldo, un documento aberrante e imprescindible, el futbolista lleva a su hijo al garaje de casa para que elija el coche que van a utilizar. En ese establecimiento, más grande que alguna aldea, se amontonaban los coches de lujo. A alguien le pareció una idea formidable no cortar esa escena en el montaje final. Desde hace años se sabía que habría salseo cuando un entrenador bajara a CR7 a la Tierra. El máximo goleador de la historia del Real Madrid contraprogramó la conquista de una Champions sobre el mismo césped al anunciar su adiós del club. En esos regímenes de impunidad, sólo aptos para divos, Michael Jordan insultaba desde el fondo del autobús al mánager general de los Chicago Bulls, Jerry Krause, al que tachaba de gordo, pero es que era Jordan. Alí, uno de los monumentos deportivos y sociales de la historia, utilizaba la lengua como una guillotina. Se creía “el más grande”, una etiqueta que era un adhesivo a su personalidad, pero es que era Alí. CR7 tiene que jugar porque es CR7. Insaciable, voraz e histriónico, sólo a él, un maniaco de la competitividad, se le podía ocurrir desafiar durante una década a Messi. Otros se habrían rendido, él comprendió que eso era una puerta para la celebridad. Ahora, lo último que necesitaba alguien como CR7 era una cifra tóxica en los flecos del horizonte. Los mil goles se han convertido en una razón para respirar. En tiempos de cinismo atómico, CR7 es transparente, se exhibe tal y como es. Tal vez sea complicado ser humilde con 679 millones de seguidores en Instagram.

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Sunday, October 4, 2026

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