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Saturday, September 5, 2026

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Soccer

San Mamés engulle al Atlético en dos minutos

Dos zarpazos de los Williams y Robert Navarro nada más volver del descanso castigan a los de Simeone pese a su superioridad de la primera parte

· 796 words

En el fútbol moderno en el que las pausas de hidratación han convertido los partidos en duelos de cuatro cuartos, resulta una bendición que aún se mantengan tradiciones eternas como una Catedral. San Mamés conserva su esencia, así que toda visita es sinónimo intensidad, pierna dura y vértigo. Y al que no lo asuma, lo atropella. Dos minutos de desconexión, despiste o relajación (cualquiera de las tres definiciones se ajustan al caso) tras el descanso fueron suficientes para que un Atlético mejor en el primer tiempo acabara mordiendo el polvo ante un Athletic agrandado por la atmósfera que se genera en su caldera. Habían ganado claramente a los puntos los de Simeone desde el inicio. Ni tres minutos había necesitado Kang-in Lee para hacerle un roto a Yuri, romperlo con la izquierda antes de disparar con la derecha y estrellar su maniobra de futbolista de quilates en el palo. También Baena campaba a sus anchas, atreviéndose a intentarlo desde su campo para sorprender a Unai Simón, primero, y exigiendo manos duras del portero ante su trallazo, más tarde, después de una gran asistencia del surcoreano que le había dejado en una posición franca para marcar. Incluso Yeray había metido su cabeza (en la segunda parte ya no podría jugar tras quedar aturdido después de un choque con un Hjulmand tan imperial en el primer acto como invisible en los minutos fatídicos) milagrosamente para evitar que Kang-in patentara la parábola hacia adentro con la que sentenció al Málaga en su debut. Justo antes de que Barrios ratificara la superioridad del Atlético, y su exhibición como estrella del equipo, con otro disparo al palo desde la derecha por la que había irrumpido tras quedarle pequeño el medio. Sin embargo, en dos minutos el Athletic aplicaría la ley San Mamés. Tras una salida en tromba, en el 47’ ya tenía encarrilado el duelo. Los Williams tocaron corneta y se llevaron por delante al Atlético. Así, mientras que la mitad de los visitantes reclamaban un saque de banda (la tecnología ratificaría que Sancet había salvado el balón sin que traspasara la línea), Iñaki corría hacia Oblak. A Hancko le daría tiempo a llegar a tapar su disparo, pero con la mala suerte de que tras el rebote el balón se quedara como un caramelo en el área pequeña. Exactamente por donde aparecería como una centella su hermano Nico, más voraz que un Llorente que no lo vio venir, para empujar de cabeza. Tampoco sus compañeros estuvieron más vivos, pues seguidamente una pérdida en el centro del campo de Giuliano, prácticamente en la misma zona desde la que Sancet había lanzado la ofensiva del 1-0, volvería a ser el origen del segundo sin que nadie lograra parar la contra. Con Iñaki de nuevo como conductor, Robert Navarro ejercería en este caso como su socio en otro vertiginoso visto y no visto que acabaría con un Atlético definitivamente de miranda. No sin hacerse un llavero con Grimaldo (el regate en el área es de los que retratan), el extremo evidenció lo que es San Mamés: pese a no haber tirado a puerta en toda la primera parte, los dos primeros disparos del Athletic irían a la jaula. Trataría Simeone de devolver la vida a los suyos con un cuádruple cambio en el minuto 58, pero aquello ya no había quién lo levantara. Ni siquiera aunque el intento de remontada incluyera la entrada de Julián Alvarez, ya reintegrado a la normalidad. Pero ni por esas. Pese al propósito del delantero argentino de encontrar la redención en los tres duelos a domicilio anteriores a que tenga que volver a someterse al juicio del Metropolitano, su mejor maniobra tampoco tendría premio. Cierto es que se había revuelto al borde del área como la verdadera Araña previa al culebrón protagonizado durante el verano, pero su disparo sería repelido por un seguro Unai Simón. Cierto es que se había revuelto como la verdadera Araña al borde del área, pero su disparo sería repelido por un seguro Unai Simón. Una metáfora, en todo caso, del quiero y no puedo en que se había convertido el Atlético, al que tampoco le alcanzaría el cambio de sistema ordenado por El Cholo, con el Cuti Romero acelerando su debut para incrustrarse en el centro de una defensa en la que no tardará en ser indiscutible. De hecho, mientras se estrellaba en el muro local por más que Barrios no dejara de intentar dar luz, el conjunto rojiblanco (gris ayer por aquello que también tiene el fútbol moderno) aún sufriría sobre la bocina otra contra letal que aumentaría el castigo. Era el peso de San Mamés, uno de esos estadios tan míticos como el Anfield que aguarda el próximo miércoles, en los que cualquier desatención se paga muy cara. Aviso a navegantes...

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