Courtois convalida el plan del Madrid
Las paradas del belga anulan la superioridad del Inter en el juego. Los blancos, sin centro del campo, sacan petróleo de la presión y los errores italianos. Bronca del Bernabéu a Vini y Mbappé
La victoria no siempre es un paso al frente. El Real Madrid sacó adelante los tres puntos en el estreno ante el Inter desprovisto de centrocampistas buscando la mínima elaboración y la máxima pegada concediendo la pelota al Inter, un rival poderoso en ataque y con defectos defensivos. El plan de Mourinho salió bien exclusivamente por Thibaut Courtois, que demostró la trascendencia de un gran portero en la alta competición. Lo detuvo casi todo, desesperando a un rival generoso en su juego y con el rival. Dos regalos impropios condenaron al líder del Scudetto, que ya no está invicto. Eso también es un mérito, aunque a la afición blanca no le convence ese argumento. Su equipo ha vuelto atrás, jugó poco y sus estrellas tampoco convecieron. Las broncas (al equipo, a Vinicius y a Mbappé) sirven de aviso. Así no. Apostó Mourinho por Trent en el centro del campo, recurriendo al buen pie que mostró el inglés con su selección hace dos años. Tiempo ha. Recurso lógico sin precipitar el retorno de Tchouaméni y sin tocar a la BMV para que siga cerca del gol. Y mira que Jude tiene de todo para conducir el juego. Pase corto, pase largo, físico, dominio del juego... Pero el portugués ya declaró que no quiere que se sacrifique más de la cuenta y está dispuesto a mantenerlo. Más llamativa aún fue la suplencia de Diomande, que recorre un camino diferente a Mastantuono. Xabi colocó al argentino, apuesta del club, desde el inicio, y Mou no pone al marfileño porque no lo ve. Aún. El Inter es siempre adversario de cuidado, un aristócrata de la Champions a quien el propio técnico portugués devolvió la gloria década y media atrás, y llegaba como campeón y colíder del Calcio. Sin Bergomi pero con Bastoni. Sin Brady pero con Çalhanoglu. Sin Altobelli pero con Lautaro. Un clásico de la Copa de Europa que empezó imponiéndose en el Bernabéu. Sacó, cuidó la pelota y cerró su primera posesión de dos minutos obligando a Cucurella a achicar agua. Recuperó la bola, volvió a atacar Thuram exigió un paradón de Courtois. A los 12 minutos, el Bernabéu protestó porque el Madrid no la olía. En ese arranque brillante de los nerazurri sí insinuaron alguna debilidad en cobertura. Salió mal Bisseck y Brahim buscó el pase directo a Mbappé. Trent hizo lo mismo, desde más lejos, poco después. No era casualidad, sino una consigna. Un mal pase de Çalhanoglu hizo que Bisseck se aturullase, sirvió Brahim y Mbappé anotó por bajo. Y si es importante el goleador, tanto o más es el portero, que evitó el empate en una falta inmediata de Çalhanoglu que le encontró bien situado. No quedó ninguna duda de que el plan era robar y correr poco después, cuando Jude robó a Barella y Vini se fue como un rayo a portería. Bisseck se repuso con una acción defensiva de valor gol. El que regaló Josep Martínez en una acción impropia, tratando de pisar ante la presión de Valverde después de un mal control. El capitán blanco rebañó la pelota y puso un 2-0 insospechado. El Inter cogió algo de miedo. Claro. No era casualidad. El plan del Madrid sin centrocampistas estaba funcionando por encima de sus posibilidades. De hecho, hasta el descanso intentó no arriesgar más pases en zonas sensibles. Llegó al área blanca y forzó otra ocasión notable, con un remate durísimo de Curtis Jones a la escuadra. Pero es que los blancos también pudieron ampliar la cuenta. Especialmente en una ocasión triple, ya en la prolongación. Remató Mbappé, duro y cruzado, sacó Martínez con el pie; remachó Bellingham cruzado, metió una mano milagrosa el meta interista y Brahim, sin ángulo, estrelló en el palo. El meta español se redimió por completo nada más volver de vestuarios, en una escapada de Mbappé que logró taponar en el último instante. Claro que, puestos a salvar los muebles, tras la pausa compareció Courtois con los guantes de siete leguas para salvarlo todo. To-do. El recital comenzó tapando un mano a mano con Curtis Jones, continuó intimidando a Lautaro, siguió tapando otro mano a mano del argentino y despejando el rechace a bocajarro de Jones y remató sacando abajo, donde duele, el tiro cruzado de Bastoni. Entre medias, pitos del respetable, harto de ver a su equipo sometido. Es cierto que pudo y debió rematar el duelo a la contra el Madrid, pero la pegada del primer tiempo se esfumó en el segundo. Tuvo varias clarísimas, en superioridad, con Brahim casi siempre acertado. Sirvió una a Mbappé que sacó de nuevo Martínez, y otra para Bellingham, tras una acción de mucho mérito en área, que el inglés no atinó a resolver de primeras y permitió la gran parada del meta catalán. Cambió Chivu el centro del campo al completo y no perdió vigor. Al contrario. Con Zielinski y Sucic en la medular fue más vertical y encontró premio. Fue Lautaro quien atrajo en banda, metió el pase atrás y Carlos Augusto remató a quemarropa. Cuarto de hora largo para un Inter crecido que remontó al Nápoles días atrás. La bronca monumental del Bernabéu acompañó los relevos de Mourinho. A Trent, que qué culpa tenía el hombre del embolado que le había caído. Y hubo aplausos a Brahim. El cambio fácil. Entró Tchouaméni, para asegurar, y Diomande, que no lo hizo mal, pero el partido ya era un drama. Fue aún peor con el penúltimo cambio, cuando se decidió Mou (al fin a retirar a Vinicius. En medio de la bronca se giró Junior, medio pidiendo perdón, medio aplaudiendo a los que apoyaban. Total, que tardó lo suyo el brasileño y Michael Oliver castigó a Carreras en la banda sin salir. No un minuto. Más de dos. Todo lo que duró la posesión larga del Inter que acabó con un remate de Zielinski duro que repelió como pudo Courtois. Con esa parada y con el oficio de Cucurella, que puso coraje donde no había ya energía, murió una victoria sufridísima, posiblemente inmerecida. Así, es evidente, el Madrid está lejísimos de sus objetivos.
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