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Júlio Mamute, de pesar 310 kilos a participar en maratones: "Eso no era vivir, era estar vivo"

El brasileño, que correrá en España por primera vez, cuenta a MARCA los motivos que le llevaron a alcanzar ese peso, cómo ha perdido 120 kilos y su propósito en las carreras

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De niño era delgado. A los 18 años ya pesaba entre 150 y 180 kilos. Con la pandemia alcanzó los 310. Pasó dos años en cama y con una máquina de oxígeno para poder respirar. "No era vivir, era estar vivo. Me había convertido en rehén de mi propio cuerpo, rehén de la comida", confiesa a MARCA el brasileño Júlio Otávio Miranda da Silva, conocido como Julio Mamute, que este domingo disputa la Cursa Bombers Barcelona. En su familia no había ningún antecedente de obesidad. Recuerda su infancia como la de un niño muy activo que jugaba en las calles de Recife, en la costa del océano Atlántico del noreste de Brasil, y practicaba natación. El problema con la báscula empezó a los 11 o 12 años, en la preadolescencia. "Más libertad, ir a dormir tarde, comía lo que quería... Fue un hábito que se fue haciendo grande conmigo. Y de adulto fui subiendo y bajando peso durante años", explica. Lo peor llegó con la pandemia. "Terminé una relación el mismo mes en que empezó el confinamiento, me encerré en casa y la comida llegaba por aplicación. En dos años engordé más de 100 kilos y pasé de los 310. Casi no salía de la cama; dormía con una máquina para poder respirar. Ducharme me cansaba más que una carrera de hoy", rememora. Las tareas más cotidianas se convirtieron en un desafío. En la actualidad ha perdido más de 120 kg. de forma natural, con entrenamiento y alimentación. Ayuna por la mañana, come mucha proteína, pocos carbohidratos y muchas ensalada. Dejó los refrescos y los dulces, que ahora apenas prueba. "Después de 25 años de compulsión alimentaria lo había probado todo, hasta un balón gástrico, pero la compulsión me ganaba de tal manera que acabó reventando dentro de mi estómago y tuve que ingresar en el hospital para que me lo quitaran. Cuando toqué fondo, en aquella habitación oscura donde pasé años sin moverme, entendí una cosa: no existe solución externa para un comportamiento interno", reflexiona. El punto de inflexión llegó hace tres años, justo el día de su cumpleaños, el 13 de noviembre. Estaba encerrado en casa, sin querer ver a nadie, sólo su madre fue a visitarle. El nacimiento de su sobrino se adelantó tres semanas y nació el mismo día que él y a la misma hora. "No supe explicarlo de otra manera que como un mensaje muy claro de que la vida valía la pena. Lloré como nunca había llorado". Días después fue a conocerlo a casa de su hermana y a llevarle su primer regalo, un peluche. "No conseguí bajar del coche. Sentí una rabia y un dolor profundo como nunca antes. Me sentí una basura, que nada tenía sentido. A partir de ese momento, el dolor de seguir así pasó a ser mucho mayor que cualquier sacrificio para empezar a adelgazar", cuenta. Ese mismo día se apuntó a natación. Empezó nadando 50 minutos por la mañana y 50 por la tarde. Caminar no era posible en aquel momento, así que necesitaba que la gravedad jugara a su favor. "La natación me salvó la vida. De los más de 120 kilos que he perdido, al menos 100 fueron en el agua. Lo de correr llegó después, cuando el cuerpo ya me dejaba. Lo que siento hoy al recorrer largas distancias es difícil de explicar con palabras. Sólo puedo decirlo así: el ser humano es el animal mejor adaptado del mundo para recorrer medias y largas distancias, y la obesidad me robó hasta la capacidad de dar unos pocos pasos. Por eso me emociono tanto en cada carrera, y por eso vivo este propósito de participar en pruebas por todo el mundo", añade. Hoy nada 50 minutos al día, 4 veces por semana, y complementa los entrenamientos con gimnasio. No le importa la distancia, un maratón o un 10K, ni el tiempo. "Mi maratón es personal: empezó con más de 310 kilos encima de una cama y terminará cuando esté por debajo de los 100. Y mi objetivo es hacer los 42 kilómetros de la maratón original, de Maratón a Atenas, en Grecia", desvela. Su otro objetivo es "inspirar y que otros luchen por sus propias vidas". Ése fue el motivo por el que empezó a contar su historia en las redes sociales. Hoy le siguen más de 5 millones de personas. "Suelo bromear con que es el viaje del último mamut que queda vivo y que se niega a extinguirse", dice. Tiene 35 años. Su primera carrera popular fue la San Silvestre de Sao Paulo el 31 de diciembre del año pasado: 15,8 kilómetros, con unos 220 kilos en poco más de 6 horas. Su primera carrera fuera de Brasil fue el 'Maratón da Europa' celebrado en Aveiro (Portugal) en abril con su camiseta de 'Você pode' (Tú puedes) y su bastón. Después vinieron los maratones en Argentina, Uruguay y acaba de disputar el de la Gran Muralla china. Este domingo correrá por primera vez en España, en la Cursa Bombers Barcelona, una 10K. Será especial porque cumplirá el sueño de su padre, muy fan de Julio Iglesias. Creció escuchando su música y él también es un gran admirador. "Todavía hoy escuchar sus canciones me genera una emoción instantánea. No pude llevar a mi padre a España, que era su sueño, pero pude llevarlo a ver un concierto del hombre del que heredé mi nombre. Al estar en España ahora llevo conmigo ese sueño suyo. Lo hago por los dos", dice. Por cada kilo que pierde, Júlio dona alimentos. Ya lleva dos toneladas a Brasil y en el extranjero. "Lo que me estaba matando, por exceso, va a quien de verdad lo necesita. Es mi forma de devolverle al mundo todo lo que está pasando en mi vida", dice. En España no será distinto, el día 17 hará una entrega de alimentos en Barcelona.

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Saturday, November 7, 2026

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