El año de los desastres en la F1
Un reglamento que sigue sin convencer ofreció otra cara negativa (y desconocida hasta el momento) en Sepang tras el diluvio
La vuelta de formación del Gran Premio de Bahréin en Sepang deparó el último momento conflictivo... del año de los conflictos en la Fórmula 1. Un error de software en buena parte de los monoplazas de la parrilla paró la salida, obligó a sacar la bandera roja en medio de un esperpento y profundiza en las dudas con el reglamento 2026 del Gran Circo. "¡Pero mira esto!", bromeaba Max Verstappen. "No lo vi antes en mi vida, Hamilton se quedó parado y se estresaron", apuntaba un Fernando Alonso que se sintió perjudicado. El caos regresó. Por enésima vez en la temporada. La nueva F1 vive en el círculo vicioso de líos inexplicables, con monoplazas que han transformado la realidad del deporte: los pilotos ya no sienten el control y los equipos siguen rompiéndose la cabeza. Lógicamente, las estrellas no están conformes y piden cambios que ya están en la mesa, con el regreso de los V8 en 2030, sin haberse competido ni un año entero. Con eso se dice todo. "Hacemos lo mejor posible para el deporte y su reglamento, la FIA y la F1 también. Pero lo que decidieron hace cuatro o cinco años estaba equivocado. Debemos aprender para no cometer los mismos errores de nuevo", analizó Carlos Sainz, piloto de Williams y líder del sindicato de pilotos. El reglamento tiene su foco de problemas en las unidades de potencia, planteadas originalmente desde un reparto 50/50 entre la potencia de combustión y la eléctrica. Se acompañaron de los modos de adelantamiento jugando con el uso de la batería, pero nunca fue del gusto de los pilotos. Denunciaban la artificialidad de los movimientos y las sensaciones raras para conseguir que sus monoplazas entrasen en la ventana óptima de funcionamiento. Para más inri, era peligroso al coincidir coches con cargas de energía diferente. En Miami ya llegaron los primeros cambios tras el accidente de Bearman con Colapinto en Suzuka y se esperan más en las próximas temporadas. Además, las diferencias entre las unidades de potencia, claves para la salud deportiva de la competición, no se han terminado de atajar. El ADUO, sistema ideado para no permitir que ningún motorista se descolgase, arroja dudas al sólo medir la potencia de combustión y deja, por ejemplo, a RBPT-Ford sin poder mejorar pese a que el conjunto de Mercedes es mucho mejor. Y hay casos, como Honda en el Aston Martin, que todavía necesitan más. Los motores y las particularidades tecnológicas, representadas por el software de los monoplazas, han generado que también cambie la forma de pilotar y cómo se trabaja en cada circuito. Décadas atrás, el riesgo existía en mantener el pie en la tabla en curvas icónicas como Eau Rouge o Copse, lanzarse en la 130R o resistir a la presión en Ímola; y ahora ese instinto ha desaparecido. "Para conducir estos coches hay que ir más lento, va contra el instinto y lo que aprendimos desde pequeños", analizó Alonso. Siempre se ha mostrado crítico con la forma de frenar, adelantar y fluir en las pistas más bonitas. Porque en la F1 2026 se debe jugar con la energía, entender en qué zonas es más óptimo recargar y da la casualidad que en muchos circuitos afecta a las zonas más espectaculares utilizadas como puntos para ganar energía que después será desplegada en las rectas, como pasó en Silverstone, Suzuka y Spa. "Son circuitos asesinados", concluyó el bicampeón español. Su opinión la comparten muchas otras estrellas. Los coches, al mismo tiempo, se mantienen bajo un concepto diferente al clásico. Si ya eran de pura tecnología punta, se da un paso más combinando la inteligencia artificial y los códigos que los hacen funcionar en pista. Hay pilotos, como George Russell, que llevan sufriendo toda la temporada para adaptarse a ese ordenador a bordo en su Mercedes. Y el colmo llegó con el apagón de Malasia. Todo ello enseñó la fragilidad de los monoplazas y tampoco invita al optimismo para competir en condiciones adversas. No se rodó apenas bajo la lluvia y los pilotos ofrecen sus dudas respecto a trabajar con la nueva F1 cuando llueva. "No sé nada... y no parece bueno", sentenciaba Bearman. Todavía restan siete carreras para el fin del curso, pero la F1 cerrará en 2026 un curso difícil. Que en términos de audiencia no supone un problema y la categoría sigue al alza, pero pone sobre la mesa un debate con pilotos, equipos y aficionados más fieles sobre qué debe pasar con la categoría reina. Para 2030 y los V8 queda bastante... o quizá no tanto.
Gathered from external sources. Rights to this text belong to whoever originally published it.