Elfyn Evans gana un Mundial para la historia tras una salida a tres curvas del final
Oliver Solberg iba a ser campeón… hasta que falló cuando restaban pocas curvas para la conclusión del Rally de Cerdeña que sí que llevó
El Mundial de Rallyes vivió en Cerdeña un episodio de leyenda. Un momento que acompañará a las coronas de los Sébastien Loeb y Ogier, o al drama de Carlos Sainz en aquel RAC de 1998 que jamás se olvidará. Porque hay un nuevo campeón del mundo, sí. Pero la resolución es de película. De dibujos animados o casi con lo que sueñan los que empiezan a ver un mundo como el de los rallyes. Elfyn Evans ha entrado a la historia, gloria al campeón que sufrió para contarlo. Es el nuevo rey. Elfyn Evans cerró lo que venía persiguiendo desde tiempo inmemorial, un título del mundo. Ese que se le había escapado en varias ocasiones ante Ogier y que remató en Cerdeña con la misma medicina que vivió en sus propias carnes, la del drama. Fue lo que golpeó al valeroso Oliver Solberg, que venía el más retrasado en el campeonato, pero ganó enteros con su velocidad. Hasta que falló de forma estrepitosa. Jamás se hubiese esperado tras el rally perfecto del prodigio sueco. De momento, en su casa sólo hay un campeón y es su padre Petter. El fallo vino dado después de un último tramo en el que se iba a coronar al piloto que cruzase primero la meta de esa especial (conocida como Power Stage). Evans pinchó en el penúltimo, no optaba a puntos extra de la última jornada y el campeonato quedaba reducido al último sprint. Allí todo explotó. La especial de Sassari-Argentiera se caracteriza por los surcos y la arena; y apuntaba a que coronaría por sorpresa al volcánico Solberg. No cometía fallos, venía volando y en los primeros cuatro kilómetros cumplió el plan. Pudo atacar, brillar y estaba a muy pocos metros de dar el sorpasso en la última línea de meta. Pero el rally y la vida siempre tienen una página más, y el prodigio de Toyota se encontró con el otro lado de la historia. A cuatro curvas del final, Solberg se pasó de optimista, el talud le descolocó y el coche se fue largo. Cayó a una zona de arbustos, no tenía tiempo de salir rápido y el campeonato cayó en Evans, que ya asumía con entereza el perder otra oportunidad al verse inferior en los tramos italianos. Pero el fallo de su compañero de marca alteró todo y el galés, por fin, podía celebrar. “Creía que no me iba a bastar, creía que se había terminado…”, repetía Evans. A los 37 años, con 19 victorias y 53 podios en su palmarés, cerraba el círculo. El del piloto agresivo y lanzado, que conduce pegado al volante y se había ganado una oportunidad por regularidad pura y dura. La que le faltó al legendario Ogier, la que Solberg quiso encontrar y una salida se lo impidió -aunque ganó el rally- y la que también vale para coronar a campeones. Elfyn Evans ya es historia. Gran Bretaña vuelve a lo más alto tras los tiempos de Collin McRae y Richard Burns. Toyota también se corona por aplastamiento. Y el Mundial entrará en su nueva era con el 1 en un portón que se merecía desde hacía mucho tiempo lucirlo. God save the King.
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