Verstappen y Alonso son superiores a uno de los mayores ridículos de la historia
La contracrónica del Gran Premio de Bahréin en Malasia
Loco, inesperado y difícilmente superable Gran Premio de Bahréin en Malasia. Lo que era el regreso de un clásico, Sepang, tornó a una batalla preciosa, con tintes surrealistas y que se llevó el mejor piloto que se ha subido a un Fórmula 1 en la última década, Max Verstappen. El holandés es superior a las peculiaridades de la polémica nueva era de la clase reina, siempre enseña su pilotaje y firmó uno de los mejores triunfos de la temporada. Es el número 1. Pero su increíble rendimiento no puede ocultar lo que fue un despropósito de proporciones bíblicas. El de no correr cuando llueve y los coches volviéndose locos en su vuelta de formación. En la era del software, la IA y una F1 que no es la que veíamos en la televisión cuando éramos pequeños. Pero hay pilotos que son superiores a todo ello. Verstappen es el que más. La Fórmula 1 es un deporte complejísimo, con la tecnología punta como gran respuesta a todo. Pero el inicio del Gran Premio en Sepang dejó un momento ridículo, indigno para los estándares clásicos del Gran Circo. Un apagón en los coches, con problemas en su software y en las herramientas de control externas, afectó a buena parte de la parrilla y dejó el estreno deslucido. Y vuelve a incidir en un reglamento que a nadie gusta ni a nadie convence. Obviamente, no hay condiciones buenas y pueden existir problemas inesperados en situaciones nuevas. Pero si la Fórmula 1 ya no puede correr bajo la lluvia o se roza el surrealismo cuando caen gotas, hay un problema gigante sin solución. Por el bien del deporte, algo deberían hacer de cara al futuro. En materia deportiva, la Fórmula 1 necesitaba ver a Verstappen recuperar su mejor versión. El reglamento no le gusta y jamás le gustará, pero el holandés cambia su forma de ser cada vez que se baja la visera. Tiene la mirada del tigre, las manos aparecen y en Malasia firmó la primera de la temporada. No ganará el Mundial, pero es un triunfo de mérito infinito. Y el título es una historia diferente. La de Antonelli, que ahora vuelve a ver un margen brutal. Son 84 puntos de renta tras el KO de Russell y sigue sumando podios carrera a carrera. No tiene los años que dice su documento de identidad, parece un veterano de la F1 por su forma de correr e interpretar las situaciones de carrera con el liderato en la mano. Una de las mejores imágenes de la carrera vino en esas 11 primeras vueltas de lío por la mezcla de coches con neumáticos de seco y mojado. Lo protagonizaron Kimi Antonelli y Max Verstappen, en un mano a mano de piloto. Con los monoplazas entrando cruzados y deslizando, tomando trazadas diferentes en la amplitud de la pista asiática y permitiendo recuperar esos valores de las carreras que este año habían desaparecido. De esa batalla salió beneficiado Antonelli al resistir, pero en la guerra finak apareció, de nuevo, Verstappen. Con el movimiento de dibujos animados en la relanzada tras el accidente de Bottas, al tomar un exterior en la 1, optar por la trazada larga y ser capaz de finiquitar el adelantamiento. Una absoluta genialidad, eso sí que es la F1. Los que pelearon por el triunfo fueron protagonistas en Malasia y Fernando Alonso también se lleva su cuota de protagonista. Fue octavo con el Aston Martin, un resultado fuera de lo normal. Porque empezó a contrapié con las ruedas de seco en condiciones mixtas, tuvo que venir desde atrás y el final de carrera reivindica lo que él explica como motivo de la renovación: es más rápido que el resto. Cazó a Ocon y Lindblad; y salió indemne de la locura final en la que interpretó cada situación como debía. En los boxes, tras el fallo de Norris bajo coche de seguridad y en una batalla en pista en la que no permitió que un McLaren le pasase. Ver para creer. Aston Martin le tiene que dar cuanto antes un coche a su altura.
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