¿Y si España estuviera maldita para la F1?
73 largos años han tenido que pasar, para ver a Italia en lo más alto. Tuvieron grandes pilotos, pero sin suerte. Me aterra pensar que a nosotros nos pueda pasar lo mismo
Año 2079. Kevin Ramírez se convierte en el primer español campeón del mundo desde Fernando Alonso. Los coches ya no son como los conocemos. Planean sobre los circuitos impulsándose con turbinas y aire comprimido. El piloto va dentro, pero maneja el coche con la mirada. La IA del monoplaza y el cerebro del conductor están unidos por impulsos eléctricos, son un todo, el volante no existe. Sólo se utiliza una palanca manual para lanzar el monoplaza en las salidas. Superan los 600 km/h de velocidad, pero la seguridad no es problema porque la ciencia permite a las estrellas del Mundial la regeneración de sus tejidos. Junto a humanos compiten seres híbridos, con partes de sus cuerpos mecánicas. Buen material de una novela de ciencia-ficción, o de terror… Porque esta es la pesadilla que han vivido los aficionados italianos durante varias generaciones. La droga Ferrari había mitigado su sentimiento nacional hacia uno de los suyos. Y los títulos de Schumacher. Sin embargo, en clave de pilotos se pasaron mucho tiempo acordándose de la corona que Alboreto no pudo ganar frente a Prost en 1985. Lideró once carreras, pero se hundió en las cinco últimas, en cuatro de ellas terminó abandonando. También fue subcampeón en 1992 Ricardo Patrese, pero a años luz de Nigel Mansell. El país que ganó tres de los cuatro primeros campeonatos de Fórmula 1 parecía sufrir una maldición. Sólo veinte victorias en grandes premios entre 1954 y 2025. Y eso que siempre han tenido a un gigante como Ferrari, y a otras escuderías. Se quedaron en el intento Fisichella y Trulli, cuatro victorias entre ambos. O el más reciente Giovinazzi…. Después de él la parrilla se quedó huérfana de italianos, hasta que llegó Antonelli y arrasó con Mercedes. Ver al joven transalpino convertirse en el campeón más precoz de la historia me trajo recuerdos de aquel 2005 de Alonso. El asturiano también rompió todos los récords. A diferencia del piloto de Bolonia, no llevaba el coche más rápido, aunque sí el más sólido. Entonces pensábamos que su reino no tendría fin. Y más todavía después del segundo. Veíamos a Fernando sentado a la derecha de Prost o de Fangio, con cuatro o cinco mundiales. Y estuvo cerca de haberlos tenido. Con sólo ocho puntos más en las temporadas de 2007, 2010 y 2012. No pudo ser, en Ferrari aún se acuerdan de que él fue el último en luchar de verdad por un título vestido de rojo. La Fórmula 1 es uno de los deportes más injustos que existe, donde la supremacía mecánica, la mala fortuna, y hasta que alguien se salte las banderas amarillas y no le pillen, pueden cambiar tu destino. Seas o no el mejor piloto de la parrilla. Lo decía muy bien Carlos Sainz el domingo: “Kimi ha hecho un año muy bueno, perfecto. Ha sabido aprovechar muy bien la oportunidad que la vida le ha brindado de darle un coche campeón del mundo en su segundo año en Fórmula 1, muchos lo quisieran, y me alegro por él. Lo ha sabido aprovechar a la perfección”. El madrileño no ha disfrutado de un monoplaza así en once años, ni siquiera en sus temporadas con Ferrari. Algunos entienden estas palabras al ‘chico de oro’ como un desprecio. Nada que ver, en realidad es un “ya me gustaría a mí haber tenido ese coche”. El talento y capacidad de trabajo de Carlos no está en discusión, con cuatro victorias y 29 podios en Fórmula 1. Cuatro de ellos con el quinto coche de la parrilla, tanto en Williams como en McLaren. Cuando militas en Mercedes o Red Bull, tarde o temprano llega el momento en el que te vale con ganar a tu compañero de equipo para ser campeón del mundo. Y Sainz está convencido de que también habría podido batir a Russell. Ves a Hamilton hacer la pole con Ferrari y piensas inmediatamente en lo que podría hacer Alonso en un buen monoplaza. El 2026 es un año de rabia y hastío, de los nuestros en vía muerta. Esto es algo que no puede volver a repetirse. Primero habrá que volver a los podios, luego las victorias y después… Me niego a que haya una maldición española que nos deje sin un campeón hasta 2079. Que Kevin Ramírez se suba a su coche planeador pensando en la tradición de números uno españoles que le preceden… Y no sólo en aquel campeón ovetense que hizo paralizarse a un país entero cuando las carreras aún se veían en unos extraños artefactos llamados televisores.
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