El otro Madring
El Gran Premio de España de Fórmula 1 cerró el telón como un evento que va más allá de una carrera
Se cerró el telón. Lo que fue el histórico primer Gran Premio de España en Madring puso el broche a su inicio con la imagen de los equipos de trabajo especializados recogiendo todo el escenario de la última prueba que se une al calendario de la Fórmula 1. Una cita que recordó a las que configuran el paradigma moderno del Gran Circo, como México y Miami, que no falló como alguna novedad como Las Vegas sufrió y que cuenta con una gran aceptación. Habrá cambios en la pista y buscarán que la nota en el examen final suba todavía más. "Podríamos pensar que era otra parada más de la gira europea y es una carrera totalmente diferente. Desde que entrabas al paddock ya te dabas cuenta de su magnitud", dijo Laurent Mekies, CEO de Red Bull, a MARCA. En la pista se vio una propuesta rompedora, entre muros y fuera de ella las cotas se elevaron a lo nunca visto hasta entonces en España. Por el número de personalidades reunidas, las marcas y empresas, y el mensaje de ser una prueba referencia en el calendario de uno de los campeonatos más prestigiosos. Pero ni eso impidió varias historias que rodean a Madring y serán recordadas en la primera edición. Una clara fue la ausencia del Gobierno de España en la cita, con sólo representantes locales presentes. No impidió, eso sí, que surgiesen comentarios como el de Óscar Puente, Ministro de Transporte y Movilidad Sostenible, en contra del circuito. "Sin entrar en polémicas políticas...", empezaba su tuit. Al político de Valladolid no le terminó de gustar la carrera, aunque las audiencias dicen otra cosa. Más de 1,5 millones conectaron Telecinco (en abierto) en directo de media, con un 16,9% de cuota. Desde 2023, con Alonso y Sainz peleando por todo, no había un Gran Premio en suelo español con mejor acogida. También en el propio complejo existió respaldo, sin entradas generales disponibles y un acumulado de más de 300.000 espectadores. La experiencia era total en varios puntos. Los más reconocidos son los premium, con lugares como Club 91 o El Mirador en La Monumental, que se llenaron y congregaban a los espectadores tanto siguiendo la acción como colapsando las zonas de simulación. Y como con todo, hay ciertos pillos, como esos que quieren vender en páginas de reventa los regalos de la primera edición. Pero si algo define al Gran Premio de España, es su paddock. De tamaño gigantesco, con el mejor medio de transporte en los carritos o patinetes con los que los periodistas casi corrían. Pero diferente. Se llenaba de conocidas marcas frente a los motorhome y garajes técnicos; y dejó colas kilométricas en puestos icónicos que definen a Madrid como los de tortilla o de jamón ibérico. Y allí confluían todo tipo de VIP. A Vinicius le transportaban en carrito, mientras tanto se podía ver abrazados a Dani Carvajal y Sergio Ramos. O entraban en un mismo motorhome tanto Zidane como Courtois en apenas unos segundos. El éxtasis fue la parrilla, amplia de inicio y donde se convirtió en la mayor reunión de caras reconocibles de la temporada. El bullicio generado era total, pero se convirtió en silencio cuando sonó el himno nacional. Allí casi no llega Lando Norris, que logró la pole y tuvo que correr por el inmenso pit-lane para evitar una multa. El broche lo pusieron tres Eurofighter que recorrieron el cielo. Eso sí, no desplegaron ningún color y Defensa explicó que venía provocado por un fallo técnico. La victoria fue para Antonelli, que si bien dijo que "no me lo merezco" sí que unió a toda la tribuna principal para una foto de familia. Allí se coronó a un campeón, se puso un broche, pero no terminó con el show ya que la fiesta de Madring se trasladó a la conocida discoteca céntrica Fitz. Con caviar, estrellas Michelin y el recuerdo de una carrera que ya queda en la historia de la F1 y del deporte español.
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