Implantarse la llave del coche en la mano: cuánto cuesta y qué inconvenientes tiene
Ya hay conductores que se implantan un pequeño chip NFC en la mano permite para abrir su coche sin necesidad de llevar llave, tarjeta ni teléfono. Pero no todo son ventajas
La llave del coche, tal y como la hemos entendido siempre, lleva años desapareciendo del bolsillo. Primero dejó de llevar por fuera el espadín metálico. Después dejó de ser imprescindible pulsar un botón, porque con acercarse al coche bastaba. Más tarde nos empezamos a acostumbrar (algunos usuarios; otros todavía no) a que el teléfono abriera y permitiera la puesta en marcha del coche. Para algunos propietarios que siempre buscan más tecnología, sin embargo, todo eso sigue siendo demasiado convencional, y aunque parezca mentira han decidido llevar la llave del coche dentro del cuerpo. Una de las primeras personas que dio que hablar en este sentido fue Amie D.D., una ingeniera de software estadounidense y aficionada al biohacking, cuando en 2019 decidió convertir su brazo en una llave para su Tesla Model 3. Para conseguirlo, utilizó la electrónica de una tarjeta de su coche, la encapsuló en un material apto para permanecer bajo la piel y se la implantó con ayuda de profesionales de la modificación corporal. Y su experimento funcionó, porque la tecnología RFID/NFC reconocía la tarjeta frente al coche. Tres años después, Brandon Dalaly, dueño de otro Tesla, fue el primero en implantarse un dispositivo NFC diseñado como plataforma de identificación digital. Lo había fabricado VivoKey Apex, el dispositivo le costó en Estados Unidos unos 300 euros al cambio con la operación incluida, y con ello tenía una llave adicional para su coche sin depender del teléfono. La clave está en el tamaño y en la forma de funcionamiento de estos dispositivos. El Apex que se instaló Dalaly es diminuto y carece de una batería que el usuario tenga que recargar. Cuando se aproxima a un lector NFC, el campo generado por este proporciona la energía necesaria para que el chip pueda comunicarse. Es un principio parecido al de una tarjeta contactless, con la única diferencia de que aquí la tarjeta está bajo la piel. Aunque el VivoKey que se instaló Dalaly era para abrir un Tesla, el fabricante americano de coches ni fabrica estos implantes ni los ofrece como accesorio. Lo que sí hace Tesla es ofrecer una llave inteligente con tecnología NFC. Y como el implante también emplea esa tecnología, no hay problema para abrir el coche ni para hacerlo arrancar. Ahora bien, muchos se preguntan si tiene sentido implantarse una llave para abrir un Tesla cuando esta marca ya ofrece una tarjeta que cabe en cualquier bolsillo. Para un usuario corriente, resulta difícil justificar la entrada en un quirófano para sustituir un elemento tan sencillo. Para un aficionado al biohacking, sin embargo, la cuestión se basa en eliminar la dependencia de objetos externos y experimentar con una nueva forma de relacionarse con la tecnología. También aparecen inconvenientes que una tarjeta o un teléfono jamás plantean. Un implante electrónico permanece dentro del organismo y obliga a tener en cuenta cuestiones médicas. La resonancia magnética es una de ellas. Si para hacérnosla nos piden que nos quitemos reloj, pulseras, cadenas y pendientes, ¿qué pasa con los componentes electrónicos que llevamos bajo la piel? Al parecer, los potentes imanes que emplean la resonancia pueden producir desgarros internos y hemorragias, por no hablar de que el metal se puede sobrecalentar, quedando inservible y provocándonos quemaduras. Y queda otra cuestión bastante más mundana por resolver: ¿qué ocurre cuando vendemos el coche? Porque el usuario puede desvincular el implante de su coche, pero tal vez su próximo coche no reconozca todavía esa tecnología y entonces ahí se queda el dispositivo bajo la piel hasta que el dueño decida retirarlo. Estas dificultades explican por qué más parece de momento una extravagancia que una posible evolución real de las llaves de coche. Tesla proporciona el escenario perfecto porque sus vehículos ya han reducido la dependencia de la llave tradicional y cuentan con sistemas de acceso digital muy desarrollados. Pero los que quieren algo más vanguardista tienen pasos también muy prácticos sin pasar por quirófano, como unos anillos que también ofrece VivoKey (cuestan al cambio 214 euros) y que te puedes poner y quitar del dedo cuando quieres.
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