El gran desafío de Eva Moral: dos Mundiales en 15 días
La medallista paralímpica afronta, a partir de este viernes, el Campeonato del mundo de ciclismo y después el de triatlón. Aspira a clasificarse en ambos deportes para los Juegos de Los Ángeles 2028
Su lema es Never give up (Nunca te rindas). Lo lleva tatuado en la muñeca derecha. En la izquierda luce una silla de atletismo, “la carroza de la muerte” como la propia Eva Moral la bautizó la primera vez que se subió a una tras el accidente. El 29 de este mes hará 13 años que, durante una carrera cicloturista por la sierra de Madrid, se cayó por un barranco de siete metros y se produjo una lesión medular. Entonces trabajaba como abogada en una entidad financiera y el deporte era su gran hobby. “Era mi vía de escape. Hacía triatlón y competía a nivel nacional. Tras el accidente tuve claro que necesitaba el deporte en mi vida y una de las cosas que me más me preocupaban al principio era que se hubiese acabado porque me daba la vida”, confiesa. Lo hace tras entrenar con la silla de atletismo en el Patinódromo de Parla, donde nos ha citado a las 10:00 horas. Antes, a las 8:00, ya estaba nadando en la piscina. También entrena con su handbike el ciclismo y el físico en el gimnasio. En total le dedica entre 7 y 8 horas al día. Moral está un poco acatarrada pero es de las que no perdona un entrenamiento. De hecho, entrena los siete días de la semana. “Bueno, hay uno que se supone que es más flojo pero todavía no me he enterado mucho de cuál es. Preguntádselo a Ángel”, dice riendo. Se refiere a Ángel Salamanca, su entrenador, marido y handler (asistente que ayuda al deportista durante la competición, sobre todo en las transiciones y en la salida del agua). Juntos han formado, además de una bonita familia con su hija Carmen, un tándem ganador. Al principio eran José y Rosario, sus padres, quienes la acompañaban por el mundo a las competiciones. “Los comienzos son muy duros y muy caros porque tienes que viajar por todo el mundo cuando no tienes resultado, ni ranking ni ayudas. Yo aposté todo lo que tenía, todo, para luchar por el sueño de estar en unos Juegos Paralímpicos. Ya cuando estaba en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo me hablaron de que el triatlón iba a ser paralímpico en Rio 2016 (aunque su categoría no fue incluida). Todo el dinero que tenía me lo gasté en viajar por el mundo compitiendo con mis padres”, explica. No sólo era caro viajar, también lo era –y sigue siéndolo– el material con el que compite. “La dificultad que tiene el deporte paralímpico, y en concreto el triatlón para las personas que vamos en silla de ruedas, es precisamente el coste del material, que además es muy específico. Tú no vas a una tienda y pides una silla de atletismo o una handbike (bicicleta impulsada con las manos en lugar de las piernas). Son a medida y las ruedas también son caras. Y desde que se está profesionalizando el deporte paralímpico hay más avances tecnológicos y no te puedes quedar atrás. Hay años luz de la primera handbike que yo tuve a la de ahora. Al final lo que menos cuesta es nadar porque te compras un bañador y listo”, explica. Una handbike con ruedas buenas puede estar en torno a 20.000 € y la silla de atletismo entre 15.000 y 16.000. En 2014, cuando comenzó a competir, poco podía imaginar que se convertiría en una de las triatletas más exitosas de nuestro país como corrobora un palmarés en el que hay un bronce paralímpico (Tokio 2020), siete oros europeos y varias medallas mundiales. El oro europeo de 2021 y el bronce mundial de ese mismo año en Abu Dabi los ganó estando embarazada. “La conciliación de la maternidad con el deporte de élite son los abuelos. Ya está”, asegura con rotundidad. “Me quedé embarazada nada más llegar de Tokio y a los dos meses y medio de dar a luz ya estaba compitiendo porque si no, no me daba el ranking. Tuve que volver a hacer todas las competiciones del calendario con un bebé lactante que tuvo que viajar por todo el mundo conmigo sin ningún tipo de ayuda. Pagaba los viajes a mis padres para que me acompañasen y ellos cuidaran de Carmen mientras yo entrenaba y competía”, explica sobre la realidad de compaginar deporte de élite y maternidad. “Físicamente es complicado recuperarse y volver a tu estado de forma, pero es más difícil psicológicamente”, añade. A ella le pasó factura en el ciclo hacia los Juegos de París. “No sé ni cómo llegué de cabeza. Es difícil, pero Carmen es lo mejor que me ha pasado en la vida, es mi mejor medalla y mi mayor motivación”, reconoce. Por eso, cada día entrena de 08:00 a 17:00, pero a partir de esa hora se centra en su hija o, como dice ella, en “maternar”. Al echar la vista atrás, la medallista paralímpica hace un balance muy positivo. Reconoce que cuando ingresó en el Hospital 12 de octubre tras el accidente o cuando estaba reconstruyendo su vida en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo no podía ni imaginar todo lo que iba a vivir. “No voy a romantizar la discapacidad, ni mucho menos. Lo que me pasó fue una cosa horrible en nuestras vidas, no sólo para mí sino para todos los que me rodeaban. Fue un palo muy gordo. Y sobreponerse de eso te hace mucho más fuerte. Pero muchas veces digo todo que lo mejor que tengo en mi vida ha ocurrido en estos 13 años: conocer a mi marido, tener a mi hija, ganar un bronce paralímpico que me supo a oro, ir a dos Juegos... No puedo pedir más. De verdad que son cosas que ni podía soñar entonces”, confiesa con una amplia sonrisa. El primer reportaje que le hicimos en MARCA fue en enero de 2014. Se llevó la bronca de uno de los médicos del Hospital de Parapléjicos porque estuvo más tiempo de la cuenta en la handbike. “Cuando la probé por primera vez tuve una sensación muy buena, de libertad, de sentir otra vez el viento en la cara y tuve claro que quería hacer eso. Me hablaron del triatlón paralímpico, que ni siquiera conocía que existía, y fue una motivación”, explica. El ciclismo, al ser uno de los tres segmentos del triatlón, ha estado presente en su día a día estos 13 años. Durante este tiempo ha acudido a varios campeonatos de España como mero entrenamiento porque le venía bien para el triatlón. Desde el año pasado, Moral compagina campeonatos de ambos deportes. En 2025 ya acudió a varias Copas del Mundo y al Mundial de carretera, sin dejar a un lado el triatlón. “Para Los Ángeles 2028, el Team Relay (relevo por equipos) va a ser mixto. La seleccionadora (Begoña Luis) está haciendo un buen trabajo para que haya más mujeres dentro de la selección en un deporte que mayoritariamente ha sido masculino. Está apostando fuerte por nosotras”, dice. En el Mundial de carretera de Huntsville (Alabama, Estados Unidos), del 4 al 7 de septiembre, participará en todas las pruebas. “Mi objetivo es seguir aprendiendo. Obviamente no tenemos ninguna pretensión más allá de hacerlo bien y que nos salgan los tiempos que tenemos planteados”, reconoce. Poco más de 15 días después –el día 25– disputará su segundo Mundial, esta vez en triatlón. Todo un desafío que vayan tan seguidos. “Prefiero no pensarlo”, dice entre risas. “Al final el que tiene que hacer más cábalas es Ángel, que tiene que hacer la planificación para intentar que llegue en la mejor posición posible en ambos deportes. Estos años estoy haciendo bastante más bici y hemos visto que los resultados siguen saliendo. Es una apuesta”, dice. De cara al Mundial de Pontevedra es mucho más ambiciosa. “Estar lo más arriba posible. Y ahí nos jugamos la beca del año que viene. Pero el objetivo principal es intentar clasificarme para Los Ángeles en ambos deportes. Sería la primera vez que una mujer española en silla de ruedas consigue este hito”, asegura. “Creo que el triatlón es al principio de los Juegos y el ciclismo al final. Así que me quedaría en Los Ángeles una temporada”, dice entre risas.
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