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Monday, September 21, 2026

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¿Por qué un Ferrari comprado en 2015 por 300.000 euros puede venderse hoy por 1,5 millones?

Con solo 1.134 kilómetros desde su entrega en 2015, este 458 Speciale Aperta, del que solo hay 499 unidades, sale a subasta y los expertos esperan un precio de escándalo.

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Un coleccionista particular ha decidido desprenderse del Ferrari 458 Speciale Aperta que compró en 2015. Hasta ahí, todo entra dentro de lo normal. Lo curioso es que desde entonces solo le ha hecho 1.134 kilómetros, y eso, en el mundo del coleccionismo, contribuye a que el precio que se estima que alcance cuando sea subastado este próximo 23 de septiembre será de entre 1.000.000 y 1.500.000 de euros. En este híper precio influye el hecho de que no se trata 'solo' de un Ferrari 458 descapotable. El 458 Spider, la variante abierta del modelo estándar, entregaba 570 CV, mientras que la Speciale Aperta parte de la mecánica de la versión más agresiva del 458, la Speciale, con 605 CV a 9.000 rpm, aerodinámica activa con aletas que cambian de posición, un sistema de control de deslizamiento pionero para su época y suspensión y dirección afinadas para exprimir el trazado de Fiorano o aquel que tenga más cerca su afortunado propietario. Además, el hecho de que sea descapotable añade apenas 50 kg al conjunto respecto al cupé, un logro de ingeniería espectacular. Pero si está tan cotizado no es más tanto por el incremento de potencia, sino sobre todo porque Ferrari fabricó solo 499 unidades de este Speciale Aperta, presentado en el Salón de París de 2014. Es decir, se trata de la variante más escasa de toda la familia 458, más incluso que el propio Speciale cupé, del que se estiman varios miles de unidades pese a tratarse también de una serie especial. Y hay un matiz que dispara todavía más su atractivo entre coleccionistas, se trata del último Ferrari de motor central trasero con un V8 de aspiración natural, y también del último de ese tipo diseñado por Pininfarina antes de que la firma italiana pusiera fin a su colaboración de décadas con Maranello en los modelos de motor central. Para seguir entiendo el porqué de su precio, esta unidad añade una configuración que se aparta de lo habitual en el modelo. La mayoría de los Speciale Aperta se vistieron por dentro con Alcantara, el material preferido por Ferrari para sus versiones más orientadas a pista, pero este ejemplar luce un habitáculo completo en piel Bordeaux, cinturones y volante incluidos, combinado con una carrocería en Alluminio Opaco y una franja en Grigio Silverstone y Rosso Fiorano. La lista de opciones suma elementos de fibra de carbono en el spoiler delantero, las aletas aerodinámicas, las tomas de aire del paragolpes, los umbrales de puerta, el tapón del depósito y los embellecedores de las llantas, además de extras como el cuentarrevoluciones en amarillo, los asientos de competición de talla grande y la suspensión delantera elevable. Parece que su propietario ha cuidado el coche con el mismo esmero que puso en configurarlo. En febrero de este año, Scuderia Monte-Carlo, el servicio oficial de Ferrari en Mónaco, le hizo una revisión completa cuando marcaba 1.119 kilómetros, y desde entonces ha recorrido menos de 20 kilómetros, entendemos que los que van del concesionario a su mansión. Cuando el propietario adquirió el coche, en 2015, un Speciale Aperta de fábrica rondaba los 300.000 euros con un equipamiento similar al de este ejemplar. Si la venta se cierra dentro del rango previsto, la revalorización se moverá entre el 233% y el 400%. Es decir, entre triplicar y quintuplicar su precio original en poco más de una década, una progresión de valor que muy pocos activos, sean coches o no, pueden igualar. Y este subidón se ha confirmado en otras ventas. Un ejemplar prácticamente gemelo, con apenas 99 kilómetros, se vendió en abril de este año en Mónaco por 1.175.000 euros, y la venta más alta jamás registrada para un Speciale Aperta ronda ya los 3 millones de dólares. Incluso la variante cupé, menos exclusiva por tratarse de un techo fijo, ha visto cómo su valor de referencia en el mercado estadounidense subía un 57% solo en el último año, hasta situarse cerca del millón de dólares en los ejemplares mejor conservados. Esta revalorización tiene una explicación en la propia política de ventas de Ferrari, que dosifica sus modelos más deseados en distintos escalones de exclusividad. En la base está la Gama, los superdeportivos de producción normal, como el Roma, el 296 o el Purosangue, que concentran el 92% de las entregas de la marca. Justo encima se sitúan las Series Especiales, con el 7% de las entregas. Se trata de evoluciones más radicales y con tiradas limitadas de los modelos de gama, entre las que se encuentra precisamente este Speciale Aperta, además de coches como el 488 Pista o el 812 Competizione. Y en la cúspide de sus modelos, con apenas el 1% de las entregas totales, están los Icona y los superdeportivos Insignia, reservados por invitación privada a los coleccionistas más importantes del planeta. Los Icona son homenajes de estética retro a la historia de la marca, como el Monza SP1 y SP2 o el Daytona SP3, mientras que los superdeportivos Insignia, el escalón más alto de todos, incluyen a auténticos hitos tecnológicos en su momento, como el LaFerrari o el más reciente F80. Para comprar un Icona o un Insignia el dinero es condición necesaria, pero ni de lejos suficiente. Acceder a esa lista depende de un historial que Ferrari vigila con lupa: cuántos coches ha comprado, si los ha conservado o vendido enseguida, cómo los han cuidado y hasta si asiste con ellos a eventos organizados por la propia marca en Maranello. Se calcula que entrar en el grupo de los cien mejores clientes del mundo exige un desembolso acumulado de entre 10 y 15 millones de euros en Ferraris. Casi nada.

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