Solheim Cup: tres días de juego y un recuerdo para toda la vida
Las golfistas españolas que jugaron la gran competición comparten sus experiencias antes de una edición que contempla el debut de Julia López junto a la eterna Carlota Ciganda
Hay torneos que se ganan. La Solheim Cup, además, se vive. Las siete españolas que han disputado el torneo bienal entre Europa y Estados Unidos, y que comienza este viernes en el Bernardus Golf de Países Bajos, guarda recuerdos que van más allá de un resultado: nervios imposibles, bromas en el vestuario, consejos de leyendas, padres al borde del infarto y compañeras que acabaron siendo amigas para siempre. Ahora, mientras Julia López se prepara para estrenarse, ellas recuerdan por qué esta competición no se parece a ninguna otra. No importa si eres Raquel Carriedo en Escocia en el año 2000, Paula Martí dos años después en Minnesota, Ana Belén Sánchez en Suecia, Azahara Muñoz en Irlanda, Tania Elósegui en Illinois, Carlota Ciganda y Beatriz Recari en Colorado o Julia López en Holanda este fin de semana. Todas llegaron al tee del 1 pensando exactamente lo mismo. "¿Qué hago yo aquí?". Lo reconoce Carriedo, la que abrió las puertas. Cuando se clasificó para la Solheim Cup de Loch Lomond, aún no había ganado un torneo profesional. Había logrado nueve segundos puestos, pero seguía sintiéndose pequeña al entrar en un vestuario lleno de estrellas. "Me sentía rara, inferior, y eso mentalmente me influía”. Hasta que apareció Laura Davies, una de las grandes leyendas del golf europeo, que supo perfectamente cómo se sentía la debutante española y ha ejercido de “madrina” de muchas de ellas. Aquella primera Solheim fue cualquier cosa menos cómoda: lluvia, frío, suspensiones de juego, madrugones para recuperar hoyos y una tensión constante. "Fue un recuerdo bonito, pero durísimo. Terminaba reventada. Lo recuerdo agotador. Aunque ganamos, tengo muchos mejores recuerdos de la siguiente en Minnesota, y eso que ahí perdimos”, donde vivió uno de esos momentos que no se olvidan. Jugaba junto a Karine Icher contra Christie Kerr y Rosie Jones, las estrellas de la competición. "Estábamos jugando increíble y, en mitad de la vuelta, Kerr se acercó y nos dijo: 'Ya podéis hacer malabarismos… que hoy no os vamos a ganar’”. Aunque el punto de inflexión fue aquella primera Solheim tras la cual llegaron las victorias, los patrocinios, el caddie profesional, “La Solheim del 2000 me cambió la vida”. Dos años después llegó Martí con la misma sensación. La capitana Dale Reid le comunicó una noticia difícil de creer. "Hay dos jugadoras que quieren jugar contigo: Annika Sörenstam y Laura Davies”. Las dos estaban colgadas en forma de póster en la habitación de Paula durante su etapa universitaria. Bingo. Sería Davies una vez más quien tomó el testigo y trabajó la estrategia con la catalana: empezaría Davies porque salían en el primer partido abriendo la Solheim Cup del 2002. Todo iba según lo previsto... hasta que llegaron al tee del 1. "Me dijo: «Oye... que estoy muy nerviosa. Sales tú primero». Paula todavía se ríe al recordarlo. "Yo esperaba acompañar a Laura... no pegar el primer golpe de la Solheim”. Aquella vuelta dejó otra escena inolvidable, en el hoyo 18 Laura pegó un drive de los suyos y Paula decidió arriesgar con una madera 3 espectacular. Laura Davies le dijo entre risas, "Me has quitado todo el protagonismo”. Y unos hoyos antes, cuando Paula, manojo de nervios, le pisó la línea del putt, ella respondió, "Ya ves... para lo que pesas”. Así era Laura, humor británico en estado puro. "Aquella Solheim fue un antes y un después. Crecí como jugadora, como persona y como atleta, y hasta encontré a mi representante”. Y así son muchas Solheim. La Solheim de 2003 fue histórica para Ana Belén Sánchez. Y para la propia Solheim Cup pues era la primera vez que salía de las Islas Británicas para disputarse en Suecia. Pero fue histórica para la malagueña no solo porque ganaron, sino porque era la primera vez que sus padres viajaban para verla competir. "Había que verles... No sé cómo pudo aguantar los nervios mi padre." Ella tampoco estaba mucho más tranquila. "Todo el rato pensaba: ¿qué hago yo aquí, con este pedazo de jugadoras?" hasta que estrellas como Annika Sorenstam le llamaban por su nombre y empezó a disfrutar. "Más presión que la Solheim es imposible tener. Después de aquello empecé a jugar con muchísima más confianza." Pasaron seis años hasta volver a ver una española en la Solheim, y sin victoria europea, todo hay que decirlo, y fue la donostiarra Tania Elósegui en Illinois en 2009. Antes incluso de pegar un golpe recibió un mensaje. Era de José María Olazábal. "Me dijo: 'Pase lo que pase, disfruta de cada momento y todo lo que puedas y no te dejes intimidar en el tee del 1”, algo difícil pero el consejo funcionó. "No hay nada que se parezca a la Solheim. Compartir equipo con las jugadoras que habían marcado una época, Laura Davies, Suzann Petersen o Catriona Matthew era impresionante." Aunque quizás de los momentos más gratificantes fue en el hoyo 16 de los individuales, cuando metió un putt crucial y se encontró a compatriotas como Alex Armas celebrando como la que más. Si alguien conoce el alma del vestuario europeo es Azahara Muñoz. Se estrenó en el año 2011 en Irlanda, “yo era muy jovencita, y nos emparejaron a la más joven con la más mayor, a Catriona y a mi. La primera siempre es la que más te marca, porque vives momentos, situaciones y sensaciones absolutamente nuevas y espectaculares”. La Solheim es emoción, es pasión y son risas, porque los mejores recuerdos no se quedan en los campos de golf, sino en los vestuarios, en las salas de prensa o en el autobús. “Volvíamos al hotel cantando. Había una canción a la que cambiábamos la letra y le poníamos los nombres de las americanas. Se convirtió en la canción de cada Solheim." Y las bromas seguían en las ruedas de prensa. "Elegíamos un cantante y teníamos que meter letra de sus canciones en las respuestas que les dábamos a los periodistas. A veces no venían ni a cuento, pero nos moríamos de risa”. Eso nunca aparece en televisión, pero explica mejor que cualquier estadística por qué el equipo europeo es tan difícil de derrotar. Luego llegaban los momentos históricos, como el medio punto decisivo en esa misma edición de Killeen Castle, "Fue muy especial”. O lograr silenciar al público americano en Colorado. "Jugamos tan bien que el público americano se quedó completamente callado”. O la remontada de Gleneagles, "Con el putt de Suzann Pettersen aquello fue un éxtasis”. Y entre todos esos recuerdos, uno muy personal. "Jugar con Carlota en parejas en Colorado y ganar en el 18 haciendo birdie fue una auténtica locura. He tenido la suerte de ganar tres Solheim y compartirlo con el equipo es algo demasiado especial." Porque el año 2013 fue sonado, era la primera vez que las europeas ganaban en suelo americano y de las 12 jugadoras que componen el equipo de la Solheim Cup, tres eran españolas: Azahara Muñoz, con una Solheim a sus espaldas, hacía de cicerone a Carlota Ciganda y Beatriz Recari, que se estrenaban con éxito aplastante en Colorado, confirmando el extraordinario momento que vivía aquella generación española. La navarra Beatriz Recari se había quedado a las puertas del equipo en dos ocasiones, pero Colorado fue la definitiva para dejar su huella. “Jugar la Solheim era mi meta y gracias a Dios pude vivirla; la recuerdo con muchísimo cariño, emoción, fue una semana irrepetible, es muy difícil explicar lo que se vive allí, es una presión muy interesante de vivir. Cada semana pierdes o ganas tú, pero esa semana representas a Europa, a todo un continente, que son palabras mayores. Sentimientos, sensaciones, el vestuario, todo es bonito. Eso sí, antes de ir al tee del 1 es mejor no tomar café, porque es un test de Parkinson bastante fuerte”. Y llegamos a Carlota Ciganda, que jugará esta semana, con 36 años, su octava Solheim consecutiva. A día de hoy no se entiende esta competición sin ella, y sigue hablando de ella como una niña que espera el día de Reyes. "Lo que más me gusta es el ambiente de equipo, estar ahí para ayudar, jugar para algo más grande que tú: Europa, la capitana y tus compañeras. Eso me encanta." Carlota tiene muchos recuerdos maravillosos de su competición favorita, esos partidos con Azahara que tanto nos han recordado a la pareja Seve-Chema en la Ryder Cup. Pero si tiene que recordar uno, tiene grabado para siempre aquel hierro al 17 frente a Nelly Korda en Finca Cortesín, "Son momentos que no se olvidan”.Probablemente porque toda España lo celebró con ella casi como cuando ganamos el mundial. Esta semana Julia López, 23 años, descubrirá todo esto por primera vez. Recibirá consejos, escuchará historias y seguirá escribiendo la suya. Raquel Carriedo, la pionera le recomienda tranquilidad, "Que disfrute, aunque suene a tópico. Va a salir curtida y lo va a notar”. Y Carlota solo piensa en ayudarla, "Quiero que todo el mundo vea lo buenísima jugadora que es”. Porque esa es otra tradición de la Solheim, las veteranas reciben a las nuevas igual que un día Davies recibió a Carriedo o Martí. Y dentro de unos años, cuando Julia recuerde su primera Solheim, probablemente tampoco hablará solo de golf. Hablará del primer tee, de los nervios, del vestuario, de las risas, de las canciones y de esas pequeñas historias que nunca aparecen en el leadeboard. Porque la Solheim se disputa durante tres días, pero deja recuerdos para toda la vida. Quizá por eso la Solheim nunca se explica del todo con los resultados. Se explica con un autobús lleno de jugadoras cantando, con una capitana que te abraza cuando más lo necesitas, con una leyenda como Laura Davies confesando que también tiene nervios antes del primer golpe o con una broma en una rueda de prensa que solo entiende el vestuario. Esos pequeños momentos son los que convierten una competición en algo mucho más grande. Y son los que hacen que, veinte años después, las veteranas españolas sigan hablando de la Solheim con la misma ilusión que la primera vez. Eso es lo que hace diferente a la Solheim Cup.
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