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Héctor Álvarez rompe el molde: el gigante español campeón de Europa que quiere reinar sobre los adoquines

El campeón de Europa sub-23 mide 1,90, viene de la pista y sueña con Flandes y Roubaix tras confirmar su salto internacional

· 845 words

Héctor Álvarez mide 1,90 metros y mira hacia un territorio poco habitual para un ciclista español. Le tiran los adoquines, las clásicas, Flandes y Roubaix. Ha crecido entre la carretera, la pista y el ciclocross, tres escuelas que han moldeado a un corredor difícil de encasillar y que, a los 19 años, ya puede añadir un título grande a su presentación. El alicantino de l’Alfàs del Pi se proclamó este viernes campeón de Europa sub-23 en Eslovenia después de una carrera muy suya: atacó, fue neutralizado, volvió a moverse y encontró en el descenso el terreno perfecto para marcharse en solitario hasta Šenčur. La UEC destacó su combinación de potencia y lectura táctica. Dos virtudes que empiezan a acompañarle cada vez que aparece una carrera de peso. El oro llega después de varios avisos. Álvarez fue segundo en el Europeo júnior de 2024, tercero en el Europeo sub-23 de 2025 y aterrizó en Eslovenia pocos días después de firmar en Montreal la plata mundialista en ruta y el bronce en contrarreloj. Llevaba tiempo llamando a la puerta y esta vez la abrió de golpe. Su irrupción tampoco nace de una semana inspirada. En 2024, todavía en categoría júnior, sumó 24 victorias y se convirtió en uno de los corredores más dominantes de su generación. Después llegó Lidl-Trek, con un plan pensado para acercarle al profesionalismo sin acelerar cada paso. Su perfil explica buena parte de la expectación. España ha encontrado durante décadas grandes escaladores y corredores de vueltas. Álvarez se imagina en otro escenario. “Soy un corredor de clásicas”, explicaba a MARCA meses atrás. Y cuando habla de futuro no se esconde. “Quiero ganar la Roubaix y el Tour de Flandes. Esos serían mis objetivos, mis sueños. No se ha visto nunca en nuestro país y, por qué no, algún día ser un ciclista que haya ganado los cinco Monumentos”, decía en noviembre de 2025. París-Roubaix no aparece ahí por casualidad. Es su carrera favorita y el tipo de prueba que mejor encaja con el ciclista que quiere construir. Hay argumentos para entender esa fijación. Tiene potencia, velocidad, capacidad para soportar esfuerzos cortos y duros y una técnica trabajada durante muchas horas en el velódromo. Su palmarés guarda también un Europeo sub-23 de ómnium en pista, otro registro de un corredor que se mueve bien en escenarios muy distintos. Dentro de Lidl-Trek tampoco han querido ponerle una etiqueta definitiva. Él mismo lo admitía después de comprobar que podía sostener esfuerzos de 15 o 20 minutos cuesta arriba y conservar velocidad para resolver llegadas rápidas: “No sé todavía qué tipo de corredor soy. Estamos en ese proceso”. Ese proceso se ha llevado con calma. En una época en la que muchos talentos saltan prácticamente desde juveniles al WorldTour, Álvarez y su entorno han elegido contener las prisas. La planificación de 2026 pasaba por mantener la licencia continental para disputar Mundial y Europeo sub-23 mientras iba acumulando oportunidades de mayor nivel. El propio ciclista resumía la filosofía con una frase muy suya: “Un ciclista como yo necesita ganar, necesita oler sangre”. De ahí la necesidad de seguir compitiendo en escenarios donde pudiera pelear por victorias mientras se acostumbraba al ritmo de los mejores. La fórmula le ha dado resultados. Primero llegó el doble podio mundialista de Montreal. Después, el Europeo de Eslovenia que llevaba tiempo persiguiendo. Y lo hizo acompañado por una pequeña historia interna de Lidl-Trek. Álvarez corrió con una fotografía de Mads Pedersen pegada al casco. El danés se la había colocado con una condición muy concreta: no podía quitarla hasta ganar. La imagen siguió allí durante toda la carrera y cruzó con él la meta de Šenčur. Su referente de niño, curiosamente, estaba lejos de los adoquines. Alberto Contador era su ídolo. Cuando MARCA le planteó comparaciones con Roglic, Vingegaard, Pogacar, Hinault o incluso Merckx, Álvarez siguió eligiendo al madrileño. Su gusto por el ciclismo ha ido tomando otra dirección con los años y hoy Roubaix ocupa un lugar central en sus sueños. También aparece Los Ángeles 2028. Quiere mantener el vínculo con la pista y preparar específicamente el ómnium y la madison con el objetivo de pelear por una plaza olímpica. Un campeón aún por descubrir Álvarez sigue defendiendo que todavía está descubriendo qué corredor puede llegar a ser. Hace apenas un año reconocía cierto temor por la velocidad con la que maduran los nuevos talentos y explicaba que su familia y Lidl-Trek le ayudaban a no caer en las urgencias. Ahora tiene una referencia distinta. Ya sabe lo que es ganar una gran carrera internacional después de varios podios y de un 2026 en el que ha demostrado que puede rendir en ruta, contrarreloj y pista. La manera de ganar también deja una imagen potente. Atacó lejos de meta, vio cómo le alcanzaban y volvió a jugarse la carrera cuando apareció el descenso. Se lanzó de nuevo, abrió hueco y entró solo en Šenčur. En el casco seguía pegada la fotografía de Mads Pedersen. La condición era no retirarla hasta ganar. En Eslovenia, Héctor Álvarez ya se ganó el derecho a despegarla.

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Saturday, October 3, 2026

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