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Thursday, September 3, 2026

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Cycling

Pereiro: "No reconozco a este Enric Mas que estoy viendo en LaVuelta"

“Físicamente es el mismo, pero la manera de actuar en carrera no tiene absolutamente nada que ver", dice el gallego a MARCA

· 858 words

Durante años, a Enric Mas se le pidió exactamente esto. Que atacara antes de que atacaran los demás. Que dejara de mirar hacia atrás después de arrancar. Que corriera alguna vez sin calcular cada pedalada como si el ciclismo pudiera resolverse únicamente con una hoja de Excel. Ahora que lo está haciendo, casi cuesta reconocerle. “Yo no reconozco a este corredor que estoy viendo en esta Vuelta a España. Físicamente es el mismo, pero la manera de actuar en carrera y de ejecutar no tiene absolutamente nada que ver”, dice óscar Pereiro. El cambio no está tanto en las piernas como en la cabeza. Mas ha empezado a tomar decisiones por sí mismo, a elegir el momento y a obligar a los demás a reaccionar. Ya no espera siempre a que la carrera suceda. Empieza a provocarla. Su maillot rojo tampoco puede explicarse simplemente por las circunstancias de carrera. Antes de que desapareciera de la ecuación el hombre que mandaba, Mas ya estaba demostrando que podía jugar en ese territorio. “No es que se haya aprovechado de que el mejor corredor se haya ido a su casa y se haya puesto rojo. Ha confirmado lo que estábamos viendo esa primera semana”. La metamorfosis empezó a hacerse visible en El Bartolo, una especie de frontera entre el Enric que había sido y el que pretende ser. Desde entonces corre con otra convicción. Ataca, insiste y, sobre todo, transmite la sensación de estar empezando a disfrutar con algo que durante demasiados años pareció pesarle: ser uno de los hombres sobre los que gira una gran vuelta. La consecuencia quizá más inesperada de esta transformación no aparece en la clasificación. Está en la carretera. Mas está consiguiendo algo que hasta hace poco parecía mucho más difícil que subir al podio: ganarse al público. “Está haciendo algo que parecía inviable, que es meterse en el bolsillo a la afición”. El corredor tantas veces señalado por su conservadurismo empieza a recibir el cariño reservado a quienes se atreven. Sonríe más. Se le nota cómodo dentro del rojo. Y la energía ha contaminado a todo Movistar. Chente García Acosta, José Joaquín Rojas, Eusebio Unzué, los auxiliares... El equipo vuelve a encontrarse en una posición que llevaba años persiguiendo. Ya no trabaja para salvar un resultado honorable, sino para defender la posibilidad real de ganar LaVuelta. Ahí empieza también la parte más complicada de la historia. Porque una cosa es alcanzar el liderato y otra aprender a vivir dentro de él. Mas tiene por delante días en los que no podrá esconderse. “Está ante la oportunidad de su vida de ganar una gran vuelta y eso evidentemente merma y mete presión”. Desde su entorno intentan que no mire demasiado lejos. Rojas, uno de los hombres que más cerca está del balear, insiste en reducir el horizonte a cada jornada. Día a día. Puerto a puerto. Problema a problema. Mas ya verbalizó esa filosofía después de El Bartolo: pensar demasiado en lo que puede conseguir es también la manera más rápida de empezar a sentir miedo de perderlo. Pero hay cosas imposibles de borrar de la cabeza. Cuando un ciclista se encuentra ante la posibilidad de cambiar su carrera para siempre, el mañana siempre termina entrando por alguna rendija. Y si Mas mira por el rabillo del ojo, hay un nombre que aparece antes que ningún otro: Primoz Roglic. “Verá a Roglic, no a Felix Gall”. El esloveno conoce demasiado bien este territorio. Sabe ganar LaVuelta, sabe administrar la presión y sabe convertir una carrera de tres semanas en una larga partida de desgaste. Además, después de llegar condicionado por una lesión, existe la incógnita de si puede crecer con el paso de los días. Queda también la contrarreloj. Por eso la carrera está lejos de estar sentenciada. Las piernas de Mas parecen estar ahí, pero tendrá que demostrar que puede soportar durante muchos días el ruido de quien está obligado a defender lo que todos quieren quitarle. Existe además otro punto débil, quizá menos visible pero igual de importante: el bloque. “Cada vez que abren gas, se queda solo Enric”. Movistar puede disponer de experiencia en el coche, con gente acostumbrada a gestionar líderes y grandes vueltas, pero sobre la bicicleta todavía debe demostrar que puede acompañar a Mas cuando la carrera se descontrola. Envalira ya dejó imágenes del balear aislado. En Aitana hubo momentos de supervivencia. Mientras todo se resuelva entre los favoritos en el último puerto, Mas podrá defenderse con sus piernas. El verdadero problema aparecerá si la carrera explota desde lejos. Porque esta LaVuelta invita a las emboscadas. No parece existir un equipo capaz de controlar cada fuga durante tres semanas y cualquier corredor situado a seis o siete minutos puede convertirse de repente en una amenaza táctica. “Un día se te filtra Carapaz en una fuga de salida y ahí es donde quiero ver si realmente tiene equipo”, apunta el gallego. Esa puede ser la frontera entre resistir y perder el control. Movistar tendrá que encontrar fuerzas que hasta ahora quizá no ha necesitado mostrar. Defender un maillot rojo también transforma a los gregarios: la responsabilidad suele regalar unos vatios extra.

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