El futuro ya está aquí: Benja Noval, la joya del millón y la generación ‘post Pogacar’
El campeón mundial júnior de contrarreloj encabeza una extraordinaria hornada en la que brillan Seixas, Del Toro, Finn, Widar, Nordhagen, Torres y Héctor Álvarez: jóvenes preparados para ganar desde el primer día y acelerar todavía más el relevo generacional
Benjamín Noval miró el cronómetro y esperó durante seis segundos que debieron de parecerle eternos. El asturiano ya había completado los 20,3 kilómetros de la contrarreloj júnior del Mundial de Montreal en 25 minutos y 17 segundos, pero todavía quedaba un rival por llegar. Cuando el belga Vic De Smet cruzó la meta por detrás, Noval levantó los brazos. A sus 17 años acababa de conquistar el maillot arcoíris y de presentar su candidatura para formar parte de una generación que amenaza con transformar el ciclismo mundial. El triunfo tenía también algo de revancha. Un año antes, en Kigali, una caída había frustrado sus opciones mundialistas. La imagen continuaba presente cuando llegó a Canadá. “Aunque siga ahí, yo intento borrar la imagen”, había confesado a MARCA este lunes. No necesitaba olvidar aquella caída, sino impedir que condicionara su siguiente oportunidad. En Montreal regresó al escenario mundialista, se colocó frente al cronómetro y ganó. Tras conquistar el oro todavía trataba de comprender lo sucedido. “Para la crono no tenía tan claro que tuviera estas posibilidades. Aún no me lo creo, estoy asimilándolo. Llevo trabajando en ello todo el año”, reconoció. En la primera parte del recorrido prefirió contenerse ante la sucesión de curvas, pero después soltó toda la potencia acumulada: “Salí demasiado conservador porque no quería tener caídas. En el terreno favorable fui a tope hasta meta”. El oro no fue una aparición repentina. Noval llevaba tiempo derribando etapas antes de lo previsto. En los Campeonatos de España había ganado la contrarreloj y después había destrozado la prueba en línea con un ataque a 30 kilómetros de meta y más de cuatro minutos de ventaja. En Montreal confirmó que su dominio nacional podía trasladarse al mayor escaparate internacional. Hijo del exciclista profesional Benjamín Noval, compañero de Lance Armstrong y Alberto Contador, el nuevo campeón mundial ha crecido conociendo las luces y las sombras del oficio. Formado en el MMR Academy, estudia Bachillerato y en 2027 saltará directamente al profesionalismo con el Netcompany INEOS. No habrá una larga escala intermedia. “No sabemos cuál es su techo”, dice Alex Alvarez, del Surne Bilbao (su actual equipo), a este medio. El ciclismo actual ya no espera a que los talentos completen todos los cursos. Noval pertenece a una generación que ha borrado la palabra paciencia de los planes de desarrollo. Los grandes equipos identifican a los mejores cuando todavía compiten como júnior, los incorporan a sus estructuras y diseñan alrededor de ellos programas que incluyen entrenamiento, nutrición, aerodinámica, análisis de datos y cuidado psicológico. Antes, un joven necesitaba años para aprender el oficio. Ahora llega al pelotón habiendo ensayado casi todo. El ejemplo más brutal es Paul Seixas. El francés tiene 19 años, pero ya no compite como una promesa. Lo hace como una realidad. Terminó cuarto en el Tour de Francia y en Montreal fue bronce en la contrarreloj élite, únicamente superado por Remco Evenepoel y Filippo Ganna. En su primera participación mundialista con los mayores acabó a sólo 16 segundos de la plata. Ya en el Europeo del año pasado ofreció un gran show. Seixas representa, al igual que Isaac del Toro (segundo en el Tour de este año y en el Giro del año pasado) el escalón al que aspiran los demás. Es escalador, contrarrelojista y suficientemente explosivo para ganar en escenarios diferentes. Francia lleva décadas buscando al corredor capaz de volver a conquistar el Tour y ha encontrado a uno que, antes de cumplir los 20, ya se ha mezclado con los mejores del mundo. Su precocidad no se mide únicamente por lo que promete, sino por lo que ya ha conseguido. Lorenzo Finn avanza por una carretera paralela. El italiano fue campeón mundial júnior en 2024 y, sólo un año después, conquistó también el arcoíris sub-23 en Kigali. Nadie necesitó explicarle que debía tomarse un tiempo para adaptarse. En 2026 añadió el Giro Next Gen y el Tour del Porvenir, un doblete que históricamente ha funcionado como pasaporte hacia las grandes vueltas. Finn, nacido en diciembre de 2006, tiene potencia, resistencia y una extraña serenidad para interpretar carreras durísimas. Red Bull-BORA-hansgrohe lo incorporará a su equipo WorldTour en 2027. Allí coincidirá con una estructura construida para disputar las grandes vueltas y con corredores a los que hasta hace poco sólo veía por televisión. Su desafío no será demostrar que tiene motor, sino descubrir hasta dónde puede llevarlo sin quemar etapas demasiado deprisa. A su lado aparece Jarno Widar, el pequeño escalador belga que se mueve en las grandes pendientes con una facilidad poco común. Ganador del Giro Next Gen en 2024 y campeón de Europa sub-23 en 2025, ya ha debutado en una gran vuelta. La última edición de LaVuelta reunió al belga con Pablo Torres y Jørgen Nordhagen, tres corredores de apenas 20 y 21 años compitiendo en un territorio que antes estaba reservado a ciclistas mucho más formados. da española. Nordhagen es otro producto de esta nueva fábrica. El noruego llegó desde el esquí de fondo, fue captado por la estructura del Visma y se convirtió en un proyecto de corredor para vueltas por etapas. Su caso resume la amplitud de la búsqueda. Los equipos ya no rastrean únicamente las escuelas tradicionales. Buscan motores excepcionales en otras disciplinas, estudian sus datos y tratan de convertirlos en ciclistas completos. Algunos le llaman el ‘nuevo Vingegaard’, aunque él prefiere no meterse esa presión. España también se ha ganado un lugar destacado en esta revolución. Noval es la última joya, pero no está solo. Pablo Torres, nacido en 2005, ya corre en el UAE junto a algunos de los mejores ciclistas del planeta. Su participación en LaVuelta terminó antes de tiempo por unas molestias físicas, aunque los ocho días que completó forman parte de una experiencia que hace no demasiado tiempo habría parecido impensable para un corredor de 20 años. También en esa primera línea aparece Héctor Álvarez. El alicantino acaba de conquistar el bronce mundial sub-23 de contrarreloj en Montreal después de liderar los primeros puntos intermedios y quedarse a sólo 11 segundos del oro. Sin embargo, su primera reacción reveló que no había viajado a Canadá para conformarse con subir al podio. “Veníamos con la intención de ganar, pero hemos acabado con una medalla de bronce. Creo que hay que estar muy orgulloso”, explicó a MARCA. Álvarez sabía que llegaba al Mundial en un momento privilegiado. “Sabía que estaba muy, muy bien y que, si todo nos acompañaba, podía estar luchando por el oro. Y así ha sido”. El viento y una distribución imperfecta del esfuerzo terminaron alejándolo del arcoíris. “En la última parte, para los últimos corredores, el viento pegó un poco más y toda la vuelta hacia la salida era con aire de cara. Igual guardé un poco de menos. Tenía que haber reservado algo más sabiendo que había aumentado el aire”, analizó. Su exigencia resulta casi tan significativa como la propia medalla. Álvarez tiene 19 años, pero interpreta sus actuaciones con la precisión de un veterano. En 2027 ascenderá al WorldTour con Lidl-Trek, donde todavía deberá descubrir qué clase de corredor puede llegar a ser. Su versatilidad quizá sea precisamente su mayor virtud: rueda bien, es rápido, resiste la montaña y entiende la carrera. Noval, Torres y Álvarez permiten imaginar un futuro diferente para el ciclismo español. No son tres escaladores cortados por el mismo patrón, sino corredores complementarios. Torres se proyecta hacia las clasificaciones generales; Álvarez puede convertirse en un todoterreno; Noval reúne condiciones de contrarrelojista, rodador y corredor para pruebas de un día. Detrás asoman más nombres, desde Javier Cubillas (que en el 27 también estará con los mayores del Movistar) hasta una cantera que vuelve a pisar los podios internacionales. Todos ellos forman parte de un cambio mayor. Seixas, Finn, Widar, Nordhagen, Torres, Álvarez o Noval no están esperando a que Pogacar, Evenepoel, Vingegaard o Ayuso envejezcan. Quieren correr contra ellos. Algunos ya lo hacen. La nueva generación no interpreta la juventud como un periodo de aprendizaje invisible, sino como una oportunidad para ganar. Esa precocidad también presenta riesgos. El ciclismo convierte cada vez más pronto a adolescentes en inversiones millonarias, compara sus datos, multiplica las expectativas y examina cualquier tropiezo como si fuera una señal de fracaso. Llegar antes no garantiza permanecer más tiempo. La gestión de las cargas, la presión y las derrotas será tan importante como el talento. Noval ya conoce las dos caras de esa velocidad. En Kigali, una caída frustró sus opciones. “Aunque siga ahí, yo intento borrar la imagen”, decía antes de volver a intentarlo. Un año después regresó y ganó. Álvarez acudió a Montreal “con la intención de ganar” y se marchó con un bronce que, lejos de saciarlo, confirmó que puede aspirar a mucho más. Ese inconformismo compartido quizá sea el rasgo que mejor define a la nueva generación española. Ambos buscan ahora el doblete. En Montreal, sin embargo, todavía no era necesario pensar tan lejos. Benjamín Noval cruzó la meta, esperó seis segundos y se vistió de arcoíris. España celebró un campeón y el ciclismo tomó nota de otro nombre. Tiene 17 años, un contrato profesional esperándolo y toda la impaciencia del mundo por delante. La generación del futuro ya ha comenzado a correr. La generación ‘post Pogacar’ ya asoma.
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