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Saturday, September 5, 2026

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Cycling

Cada día Mas: Roglic cede ante Enric y el de Movistar pega otro mordisco a La Roja

Marco Brenner conquista una etapa memorable por delante de Buitrago, mientras el de Movistar y Felix Gall castigan a Primoz, que pierde 25 segundos con ambos

· 780 words

La Pandera no concede treguas ni regala silencios. Todo allí arriba suena más fuerte: la respiración, el cambio que entra tarde, el público pegado a las vallas y, sobre todo, ese pequeño crujido que anuncia que alguien ya no puede más. Este sábado fue Primoz Roglic quien escuchó el suyo. No fue una explosión ni una rendición escandalosa. Fue algo mucho más peligroso en una carrera de tres semanas: una grieta. Enric Mas y Felix Gall le arrancaron 25 segundos en la cima jienense y LaVuelta salió de la montaña un poco más inclinada hacia el mallorquín. La etapa tuvo dos carreras. La primera perteneció a los aventureros. La segunda, a quienes sueñan con llegar de rojo a Granada. El sol había convertido Jaén en una plancha desde la salida. Treinta y seis grados, olivos inmóviles y 154,5 kilómetros con 4.338 metros de desnivel. El terreno pedía sombra, pero el pelotón encontró guerra. Cuando por fin se hizo la escapada, aquello no fue una fuga sino casi otro pelotón: 44 corredores por delante, con nombres y equipos suficientes para jugar muchas partidas. Movistar metió a Pablo Castrillo y Raúl García Pierna en aquel ejército y después empezó a gobernar desde atrás. Carlos Canal puso orden en el pelotón mientras los escapados se daban permiso para soñar. El margen llegó a superar los siete minutos. Buitrago sumaba puntos para asegurar la montaña; Cristian Rodríguez perseguía el top 10; Vermaeke decidió marcharse solo y durante muchos kilómetros pareció dispuesto a discutirle el final a la lógica. La carretera, entre Los Villares y Locubín, iba seleccionando voluntades. La Pandera esperaba al fondo como esperan las montañas serias: sin necesidad de presentarse. 11,9 kilómetros al 7,2%, rampas del 17% y dos kilómetros centrales escritos para descubrir mentiras. Steinhauser llegó a la subida con ventaja, Guillaume Martin salió a buscarle y Mario Aparicio, valiente hasta el exceso, se abrió paso entre los supervivientes. Durante unos minutos el burgalés pedaleó solo, con la carretera por delante y una posibilidad enorme en la cabeza. Pero detrás se acercaban Brenner, Buitrago, Cristian Rodríguez y Sosa. La fuga empezaba a devorarse a sí misma. Buitrago fue quien dio primero la sensación de tener la victoria en la mano. Atacó a tres kilómetros de meta, justo cuando la otra carrera comenzaba a incendiarse. En el grupo de favoritos, Movistar había colocado a Iván Romeo a pasar la lija. Enric Mas probó. Roglic respondió. Gall seguía allí. Carapaz también. Cuatro hombres y una montaña que ya no admitía disimulo. Carapaz atacó. Gall endureció. Mas salió con una facilidad que seguramente fue más importante que cualquier gesto. Roglic, por primera vez, empezó a enseñar una costura. Aún trató de agarrarse, de no entrar en pánico, de gestionar ese momento en el que la rueda de delante empieza a convertirse en distancia. Pero entonces apareció Raúl García Pierna. Había estado en la fuga durante medio día y regresó desde delante como quien vuelve a casa con una última tarea pendiente. Se dejó caer, encontró a su líder y puso lo que le quedaba al servicio del maillot rojo. Fue una escena de ciclismo antiguo en una carrera modernísima: un gregario vacío tirando de un líder que olía sangre. García Pierna tensó y Roglic cedió. Esta vez de verdad, por primera vez en esta carrera. Delante, Brenner también tuvo que resistir su propio juicio. El alemán de Tudor alcanzó a Buitrago, sobrevivió al regreso de Cristian Rodríguez e Iván Sosa y, cuando el colombiano atacó dentro del último kilómetro, no se descompuso. Le alcanzó y le batió por apenas un segundo. Fue la primera victoria de Tudor en una Gran Vuelta. Cristian Rodríguez fue tercero, a 11 segundos. Pero la fotografía que cambió la general llegó unos instantes después. Mas y Gall cruzaron juntos, aliados por necesidad y por ritmo, mientras Roglic quedaba 25 segundos más abajo. El esloveno había empezado el día a 1:45 del rojo; salió de La Pandera a 2:10. Gall, que arrancaba a 2:06, también encontró premio en el castigo al cuatro veces ganador de LaVuelta. No es una sentencia. En septiembre, y menos en una gran vuelta, 25 segundos pueden desaparecer en una curva, una contrarreloj o una mala tarde. Pero sí fue una señal. Hasta ahora Roglic había vivido como la gran amenaza que podía esperar. En La Pandera descubrió que quizá ya no le baste. Enric Mas, en cambio, terminó el día con una certeza nueva. Ya no sólo conserva La Roja. También empieza a poner distancia cuando la carretera se empina. Y en una carrera que todavía guarda montañas, calor y trampas, eso se parece cada vez menos a resistir y cada vez más a mandar.

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