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La victoria que Enric Mas lleva una vida persiguiendo: "Me lo paso pipa"

El mallorquín llegará este domingo a Granada vestido de rojo después de ocho participaciones, cinco podios y años soportando la etiqueta de aspirante: a los 31 años está a punto de conquistar la carrera que marcó su vida

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Enric Mas ya no tiene que demostrar nada. Quizá ahí esté una de las claves de todo lo que ha ocurrido durante estas tres semanas. Durante años vivió instalado en una exigencia casi imposible. Cada segundo puesto parecía poco, cada día sin atacar se convertía en debate y cada comparación con los grandes campeones de su generación aumentaba una presión que nunca desaparecía. Este domingo, en Granada, todo eso quedará atrás. El mallorquín está a 112 kilómetros de convertirse en ganador de LaVuelta. La psicóloga deportiva Lorena Cos encuentra precisamente ahí una explicación a la transformación del corredor. “Hay un momento en la carrera de muchos deportistas en el que dejan de preguntarse ‘¿qué tengo que demostrar?’ y empiezan a preguntarse ‘¿qué puedo hacer con todo lo que tengo?’. Y creo que el momento que está viviendo Enric Mas puede leerse también desde ahí”. No será una victoria cualquiera. Para Mas supone cerrar un círculo que comenzó en su debut, cuando irrumpió en la carrera española terminando segundo y anunciándose como el hombre llamado a tomar el relevo del ciclismo español en las grandes vueltas. Desde entonces acumuló podios, críticas, derrotas, expectativas y también una perseverancia extraordinaria. Ocho participaciones, cinco podios y una fidelidad absoluta a una carrera que siempre le ofreció su mejor versión. Ahora le devuelve todo de golpe. Mas llegará a la jornada final con 2:15 sobre Primoz Roglic, cuatro veces ganador de la prueba, y con una ventaja gigantesca sobre Felix Gall. El esloveno lo intentó hasta el último día de montaña, pero el líder respondió una vez más. En el Collado del Alguacil, cuando Roglic atacó y después Gall aceleró, Mas volvió a demostrar que era el corredor más fuerte de los aspirantes. Gall consiguió marcharse, pero sólo el mallorquín pudo mantenerle el pulso mientras el resto cedía. Fue la fotografía definitiva de una carrera que Mas ha gobernado con las piernas y, sobre todo, con una enorme serenidad. Esa serenidad también tiene una lectura psicológica. “Cuando un deportista siente que tiene que demostrar constantemente su valor, cada resultado adquiere demasiado peso. Ganar confirma, perder cuestiona y cualquier error parece decir algo sobre quiénes somos”, explica Cos. “En cambio, cuando dejamos de competir para demostrar y empezamos a hacerlo para expresarnos, aparece una forma diferente de libertad”. Algo de eso parece haber ocurrido con Mas. La historia de su triunfo empezó mucho antes. Incluso con Tadej Pogacar todavía en carrera, Mas había lanzado señales. El adelantamiento al esloveno en el sterrato de El Bartolo fue una de ellas. Después llegó la caída y abandono del gran favorito y el maillot rojo cambió de dueño. Mas decidió entonces no vestírselo en el podio como gesto de respeto. Al día siguiente respondió de la mejor manera posible: ganando en Aitana. Desde allí empezó otra carrera. Movistar construyó una fortaleza alrededor de su líder. Raúl García Pierna, Iván Romeo, Pablo Castrillo y el resto del bloque protegieron un rojo que cada jornada parecía más sólido. Mas respondió en La Pandera, en Peñas Blancas y cuando aparecieron los ataques lejanos. Pero quizá el momento que terminó de transformar al aspirante en campeón llegó en la contrarreloj de Jerez. Era el día marcado en rojo por sus rivales. La especialidad en la que Roglic debía recuperar buena parte de su desventaja. Durante años, además, la crono había sido uno de los terrenos que más dudas generaban alrededor del corredor de Artà. Mas sólo perdió 33 segundos. Salió de allí prácticamente con LaVuelta en las manos. El ciclista que tantas veces había sido señalado por sus debilidades acababa de convertir una de ellas en otra demostración de madurez. Y ahí vuelve a encajar el análisis de Lorena Cos. “Quizá la madurez deportiva tenga también que ver con eso: no con tener menos presión, menos dudas o menos miedo, sino con necesitar cada vez menos que el resultado nos diga quiénes somos. Y cuando un deportista consigue llegar ahí puede ocurrir algo muy interesante: empieza a competir más desde lo que sabe hacer y menos desde lo que cree que tiene que demostrar”. Eso es precisamente lo que ha transmitido Mas durante esta LaVuelta. Menos pendiente del ruido exterior y mucho más seguro de sus propias posibilidades. Sin necesidad de inventarse ataques para satisfacer expectativas ajenas. Sin correr contra su propia historia. Sin convertir cada jornada en un referéndum sobre su condición de líder. Y todavía quedaba la montaña. En el último gran examen no hubo derrumbe, miedo ni jornada negra. Al contrario. Sus rivales terminaron asumiendo una superioridad que ya había quedado patente durante la tercera semana. La etapa reina confirmó que Mas tenía más piernas y también más cabeza, controlando los movimientos cuando llegó a quedarse sin compañeros y contestando personalmente a los ataques. Granada será el escenario de su consagración. Doce años después de Alberto Contador, un español volverá a ganar LaVuelta. Y, por primera vez, lo hará un mallorquín. Mas había sido segundo en varias ocasiones y tercero en otra edición. Había estado tantas veces cerca que parecía condenado a convivir eternamente con la pregunta de cuándo llegaría su gran victoria. Ya tiene respuesta. Será el 13 de septiembre de 2026. “Quizá una parte de lo que estamos viendo ahora en Enric Mas tenga que ver precisamente con eso”, resume Lorena Cos, “con un deportista que parece necesitar menos demostrar quién es y sentirse más libre para ser el corredor que ya sabía que podía ser”. A sus 31 años, después de soportar durante casi una década el peso de ser la principal referencia española para las carreras de tres semanas, Enric Mas está a punto de dejar de ser el eterno aspirante. Granada no coronará sólo al ganador de LaVuelta. Coronará a un corredor que, cuando dejó de competir para demostrar quién era, terminó encontrando la mejor versión de sí mismo.

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Saturday, October 10, 2026

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