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38 pulsaciones, 460 vatios y ocho horas de sueño: salen a la luz los secretos del rey Pogacar

Pogacar duerme más durante el Tour que antes de empezarlo, tiene 38 pulsaciones en reposo y es capaz de ponerse a conversar en una subida de Lieja. ‘Anatomy of a G.O.A.T.’ retrata al esloveno a través de los detalles que desconciertan a quienes corren a su lado.

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Geraint Thomas iba cuesta arriba en Lieja cuando Tadej Pogacar se puso a hablarle. El galés calcula que pedaleaban por encima de los 400 vatios. A esa intensidad, el ganador del Tour de 2018 tenía bastante con concentrarse en la cuesta. Pogacar, en cambio, había encontrado un rato para charlar. A Thomas le quedó la impresión de que el esloveno llevaba una o dos marchas más. Todavía estaban al principio de la carrera. Hay otra forma de contar aquella diferencia. En Besançon, Fred Grappe ha reunido 73 ascensiones de Pogacar desde la Vuelta de 2019. En Anatomy of a G.O.A.T. se detiene en una de ellas, Plateau de Beille, en el Tour de 2024. Tomando como referencia un peso de 65 kilos, el responsable de innovación del Groupama-FDJ estima que el esloveno movió unos 460 vatios. Aplica su análisis al resto y obtiene 444 para Jonas Vingegaard, 422 para Remco Evenepoel y 380 para el décimo. Grappe necesita un rato para desmenuzar la subida. A Thomas le bastó con intentar contestarle en Lieja. La primera cifra que aporta WHOOP, socio del corredor y del UAE, se toma en reposo. La pulsera registra 38 pulsaciones por minuto en Pogacar, cuatro menos que la media de los seis compañeros incluidos en la comparación. El dato más curioso aparece al apagar la luz. Antes del Tour de 2026 dormía unas siete horas. Durante las tres semanas en las que conquistó su quinto amarillo, durmió unas ocho. También fue el más regular del grupo a la hora de acostarse y levantarse. La compañía le atribuye un 84% en su índice de regularidad del sueño, por encima de todos los compañeros analizados. Mientras en carrera cambiaban los puertos, los hoteles y las horas de llegada, Pogacar mantenía sus horarios mejor que nadie en aquella comparativa. Matteo Trentin, que compartió tres años de equipo con él, recuerda jornadas en las que los gregarios se iban relevando y Pogacar seguía pedaleando. Para explicar cómo acabaría él si hiciera lo mismo, recurre a un recogedor y una escoba. Tim Wellens ofrece otra medida del esfuerzo. A su juicio, es más fácil correr dentro de un pelotón que salir a entrenar a solas con Tadej. Íñigo San Millán, su antiguo entrenador, invita a fijarse en algo que la televisión apenas enseña cuando se abre un hueco. Pogacar va sentado y el tronco apenas se le mueve. Tras el relevo de San Millán por Javier Sola en el invierno de 2023, el gimnasio ganó peso en su preparación. La fuerza del tronco ayuda a entender esa quietud. Se ve en el sillín, en ese instante en que los de atrás empiezan a levantarse y él todavía sigue sentado. En La Planche des Belles Filles, en 2020, la sorpresa también se vivió en casa. Primoz Roglic llevaba el amarillo y quedaba una contrarreloj antes de París. En el primer punto de control, Pogacar ya le había recortado 13 segundos. Su familia miraba el cronómetro y pensaba que los tiempos debían de estar mal. Siguieron mirando. Al final de la tarde, el amarillo había cambiado de dueño. Seis años después, el documental vuelve con él a Komenda. Es julio y hay gente a ambos lados de la carretera para verle correr un critérium. Pogacar habla de lo que supone volver al pueblo, ver a su familia y a sus amigos y encontrarse allí a tanta gente. Luego dice algo que cabría en el tiempo que tarda en pasar el pelotón. \"Esto no va a durar para siempre, así que intentemos disfrutar de este momento\".

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Friday, November 6, 2026

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